04 de abril de 2018
04.04.2018

Contra los privilegios políticos

04.04.2018 | 04:15
Contra los privilegios políticos

Si bien podíamos pensar que el poder suele revestirse de toda clase de lujos y privilegios –si no, ¿qué gracia tiene llegar o alcanzar el poder político?– lo cierto es que hoy vivimos en una curiosa pulsión según la cual una importante parte de la ciudadanía, sobre todo la juventud –y más en España a partir del 15M– sin duda exige a sus representantes políticos que se desposean o desnuden de sus múltiples oropeles y mamandurrias. 

Precisamente la juventud con más estudios y tal vez la que ha gozado de una vida más comoda de todas las conocidas hasta el presente, ha venido a poner orden en esta cuestión esencial y a exigir que la figura del cargo público vuelva a tener el sentido originario, al menos en una democracia digna de tal nombre: cargo, que no privilegio público. Por eso sorprende que partidos políticos que presumen de haberse creado o de haber recogido las enseñanzas de aquellas multitudinarias tomas de plazas en la primavera de 2011 estén ahora alineados en la equidistancia o en la defensa de los más rancios y deleznables privilegios o bulas que en este momento exhiben sin rebozo los políticos independentistas catalanes. 

Políticos que ahora por primera vez, cuando son perseguidos por saltarse a la torera todas las leyes habidas y por haber –las autonómicas, las estatales y las europeas– se preocupan de la independencia o de su falta en la justicia. Que pretenden decidir por manifestaciones o votaciones parlamentarias quién tiene que salir de prisión. O que veneran a su president o expresident con mayor histeria e irracionalidad que cualquier monárquico a su rey. Pues de esto, precisa y sencillamente, se trata: de postular que los cargos públicos catalanes de partidos independentistas –con su caudillo Puigdemont a la cabeza– pueden vulnerar todas las leyes y reglamentos que ordenan y limitan ex profeso su poder. Que en dicha empresa, además, pueden usar a su antojo el dinero público –es decir, el de todos, independentistas o no– y que para frenar esto los jueces y tribunales no pueden actuar, o que han de actuar según indiquen los propios infractores o sus seguidores. Ni todos los votos del mundo, como fácilmente se comprenderá, pueden justificar esto. Al menos en una democracia digna de tal nombre. Por eso, desde esta tribuna apelamos a cualquiera que se sienta demócrata –y por supuesto progresista– para que claramente se posicione contra esta casta política que se dice republicana e independentista y que sin embargo defiende en Cataluña, y sin ambages, los más reaccionarios y rancios privilegios y la derogación de cualquier separación o control de los poderes públicos. 

Hoy lo demócrata y progresista en España es defender la igualdad de todos ante la ley y los tribunales de justicia, que con todas sus imperfecciones, sin duda, como está ocurriendo también en la persecución de la corrupción politica y de los desmanes de los bancos para con sus clientes, son el único poder del Estado clásico que efectivamente está sacando las castañas del fuego a los españoles. Por eso basta de defender los desmanes y privilegios que para si pretenden políticos que se consideran, sin embargo, rebeldes, republicanos o progresistas, y que lo único que en realidad pretenden es fundar una medieval dictadura en donde la ley sea lo que en cada momento dicte su capricho, el dinero público o de todos el que ha de sufragar esa injusticia y su líder, una mezcla de papa y caudillo, a la par providencial e infalible. Líbrenos Dios. Nada más alejado, desde luego, de la letra y el espíritu del 15M.

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