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Críticas

E s casi un deporte nacional que practican las gentes en general y a diario. Se vive criticando a los demás, recurriendo en pocas ocasiones a la autocrítica por no dañar el propio ego. Blanco de los dardos de la crítica suelen ser los políticos de cualquier color, pero como se les paga bien, deben resignarse y digerirla o simplemente, ignorarla, que es lo que hacen en València algunos ediles falleros y de tráfico urbano e incluso el máximo mandatario municipal, que padecen crítica crónica.

Y precisamente avalado por las críticas, llegó al teatro Olympia ese presunto musical, La llamada, que cosecha llenos diarios de un público atraído por sus seis años de trayectoria al parecer, exitosa. La realidad demuestra que no se trata de un musical al uso de los que se acostumbra a disfrutar, sino de una simple comedia musical, con solo cinco protagonistas, más cuatro músicos, mucho texto y escasas canciones. Se echa en falta un cuerpo de baile y más brillante escenografía, pero a cambio cuenta con una cortina de humo emergente a boca de escenario, que aparece alguna vez para disimular.

Puede que la gente joven y su afán de progreso y modernidad extrema encuentre que éste montaje marca un hito rompedor, y ello es lo que celebra, además de que, en el caso del Olympia, haya chicas conocidas y celebradas como Nerea Rodríguez, que de OT pasó a encabezar el cartel, o Lucía Gil, conocida por TV, si bien hay fijada una rotación de artistas en esos roles. Los autores de tan talentosa obra, la pareja Javier Ambrossi y Javier Calvo, «Los Javis», profesores en OT, encontraron hace seis años esa flauta que sonó por casualidad y con ella se están forrando, gracias a la crítica propicia de los modernos progresistas.

Críticas agudas para TVE por la baja calidad e interés de su programación, bajando la audiencia a niveles de La Sexta o Cuatro. José Mota y Santiago Segura mostraron sus niveles más bajos y solo «Lazos de sangre», por la popularidad de los personajes tratados y a pesar de Boris Izaguirre, levantó la cabeza rayando la madrugada. Lo peor es que tras «El Paisano» Pablo Chiapella de antes del verano, se amenaza ahora con «La paisana» Eva Hache, otra graciosa sin gracia, metida a presión en el ente público, y que facilitará la labor de zapear en dirección opuesta, pese a sus amigos de la crítica.

Si hay algún cantante que haya recibido mayores críticas es el valenciano Francisco, tal vez porque canta alto y claro. Fue anfitrión en el programa «Ven a cenar conmigo. Gourmet Edition», de Telecinco, y reunión a los otros cuatro comensales del programa, Rosa López, Laura Matamoros hija de Kiko; el rarito Aless Gibaja y Raquel Mosquera con labios a lo Carmen de Mairena. Francisco se mostró un tanto parco, pero exhibió su valencianía y llegó a tararear el «Valencia» de Padilla. Uno de los platos servidos lo tituló «Cañas y barro», aunque hubo de explicar a sus «inteligentes» invitados quien fue Vicente Blasco Ibáñez.

Francisco actuó en Vilamarxant el viernes, demostrando su excelente forma y magnífica voz, digan lo que digan las críticas. Y en La Canyada con fiestas del Cristo, Pepe Gutiérrez se montó una velada festiva con el humorista Yalas, el incombustible Emilio Solo y el musical «Radiofrecuencia» con cuatro excelentes cantantes anónimos y un nutrido y aplicado cuerpo de baile que dio alegría al cuerpo entre luces de colores y excelente crítica.

Sento Blay, conocido fotógrafo de artistas y productor teatral, reunió en una cena-fiesta en su chalé de Torre de Portacoeli a gentes del mundo del espectáculo de antes y ahora. Allí estaba las ex «vedette» Carmen Valenzy y Mari Cruz Navarro, la coplera Carmen Guillén, la cantante y profesora de canto Ana María Abril y la diseñadora de joyas Rosa Sempere, entre jóvenes sopranos y tenores que mostraron sus dotes al compás del piano de José Madrid, ellas y ellos dignos de la mejor crítica.

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