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Va de bo

Himnos y banderas

Himnos y banderas

Himnos y banderas

Cuando en 1617 el Consell de la Vila de Petrer se reunía para comentar cosas provechosas y en la lengua valenciana redactaba el acta con los acuerdos sobre el trinquet, no había competiciones nacionales ni internacionales. Cuando anteriormente, en el siglo XIV el Consell de la Vila de Castelló dictaba un bando prohibiendo el juego de pelota, no había competiciones nacionales ni internacionales, pero se jugaba a pelota en todos y cada uno de los pueblos valencianos. Cuando en 1680 un valenciano, Juan Amigó y un aragonés, Vicente de Lagasa, se presentaron por tierras navarras para intentar ganar partidos de desafíos con apuestas, una manera de vivir como otra, nadie pensó en un enfrentamiento de sentimientos regionales o nacionales. Se jugaba tanto y en tantos lugares y a veces con tantas molestias que se sucedieron bandos con prohibiciones, como el de 1741 de la ciudad de Valencia. Se jugaba en toda España, en una España que lo era de manera muy distinta a como comenzó a serlo con las política centralizadoras y uniformadoras impuestas a lo largo del siglo XIX.

Muchas son las teorías que definen el concepto de nación pero al final se resumen en el deseo de sentirse parte de una comunidad que comparte costumbres, cultura y, fundamentalmente, lengua. Es un sentimiento de pertenencia natural. Y como todo sentimiento es difícil de definir. Lo que está claro es que el Joc de Pilota, o el Juego de Pelota pertenece a la cultura europea, como a la mesoamericana pertenecen sus juegos prehispánicos. Existen muchos siglos antes de que se conformaran las fronteras, muchas de las cuales son puramente artificiales. Las naciones no las separan accidentes geográficos, que ni hablan ni sienten; las naciones las forman los hombres y mujeres que sienten esa pertenencia heredada.

El deporte, en manos de los boletines oficiales y de las leyes escritas no contempla en el caso de la pilota valenciana un reconocimiento estatal. Su limitación geográfica a la «nación» valenciana le impide ser reconocida por la «nación» española. Como mucho se le ofrecen diplomas y medallas, una reintegración en la Federación Española de Pelota donde tiene que convivir con modalidades ajenas al sentimiento heredado de la «nación» valenciana y de donde salió porque quiso construir su propio camino viendo lo nada que allí pintaba ni influía. Se acogió a las leyes autonómicas que se supone son leyes del Estado. Y su crecimiento ha sido imparable a nivel valenciano e internacional.

Muy fácil sería resolver ese problema burocrático de reconocer a las selecciones de las «naciones sentimentales». Dejando más libertad.

Las olimpiadas exigen representaciones estatales pero hay muchas competiciones y muchos deportes que no son ni aspiran a ser olímpicos y en los que tendría cabida ese sentimiento de las «naciones» Eso no es despedazar a España, eso es reconocer su diversidad. Y nada une más que el respeto a las diferencias y el deseo libre de adhesión.

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