11 de abril de 2011
11.04.2011
Elecciones autonómicas y municipales

La dirección nacional del PP muestra su respaldo a Ripoll después de desafiar a Camps

Génova cierra filas con su presidente provincial y desoye la bronca mediática

11.04.2011 | 02:37

El presidente del PP de Alicante, José Joaquín Ripoll, se jactó el sábado de su influencia en Génova y no iba de farol. La puesta en escena que organizó con cien alcaldes y alcaldables para quejarse de la exclusión en la candidatura a les Corts que desde Valencia se había protagonizado hacia este bando le ha salido impune. La dirección nacional de los populares aseguraba ayer que el número dos por Alicante y presidente del partido cuenta «con todo el respaldo» del comité electoral nacional.
Nada que reprochar desde Madrid a la actitud de victoria e indignación que desde Alicante se exhibía, en claro desafío y ataque a la dirección regional a quien, incluso, se le llegó a advertir de que no se acercaran algunos cargos como el propio presidente de la Generalitat, Francisco Camps, o la alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, a diversos municipios alicantinos en actos de campaña «porque no les aportan nada».
Y no pararon ahí. Además, se remitió un extenso comunicado desde la oficina de comunicación del partido provincial para dejar plasmada «la indignación de los alcaldes que se habían concentrado en la sede provincial para mostrar su descontento con la dirección regional y por la falta de respeto de la misma con los órganos de dirección provinciales».
El presidente alicantino se mostró igual de poderoso como cabreado, ya que tras una dura pugna con Valencia, había conseguido imponerse en Madrid y ser nombrado el dos en la lista municipal, hecho que le garantiza aferrarse a su feudo de la Diputación aunque los suyos hubieran acabado ninguneados en la lista autonómica.

La pelota en Valencia
Ripoll se ha salido con la suya. Y a pesar de este ataque público hacia su propio partido —y con el riesgo de perjudicar la imagen a sólo 42 días de las elecciones—, Génova prefiere no mirar. Desde Madrid, tiran la pelota a Valencia y apuntan a que «si la dirección regional encuentra alguna falta disciplinaria que recogen los estatutos lo que debe hacer es informar a Madrid. Esto va en cadena, Génova no puede entrometerse», anunciaba una portavoz autorizada del partido. Declaraciones , por ejemplo, que distan mucho de las acciones que la dirección nacional adoptó con «urgencia» al sancionar al exsecretario del PPCV, Ricardo Costa. La teoría del PP nacional es que, según estatutos, «le corresponde a Valencia como organismo superior orgánico valorar las acciones que desde Alicante se han protagonizado», apuntan.

Competencia nacional
Pero a renglón seguido, y con los estatutos en la mano, Ripoll tiene la condición de miembro de la junta directiva nacional del partido, porque es presidente provincial y, por tanto, al igual como ocurrió con Ricardo Costa —que era también miembro nato al ser el secretario regional— la competencia de valorar su conducta la debería tener Madrid, según indican fuentes del partido. Entre tanto, según los estatutos que regulan a este partido, entre las infracciones catalogadas como muy graves y graves, Ripoll podría haber incurrido en cinco, señalan las mismas fuentes. Sobre todo, porque la bronca política que ha protagonizado la dirección provincial del PP en Alicante incumple, según afirman diversos militantes del propio partido, «con la obligación estatutaria de abstenerse de hacer manifestaciones o declaraciones que puedan perjudicar la imagen o disciplina interna del partido», el mismo argumento que le aplicaron al exsecretario de los populares valencianos al sancionarlo. De las cinco faltas que podrían aplicársele a las manifestaciones vertidas por la provincial de Alicante, «la manifestación o declaración hecha con publicidad que incite al incumplimiento o descalificación de las decisiones válidas y democráticamente adoptadas por los Órganos de Gobierno y representación del Partido, o de los Grupos Institucionales del mismo» se castiga con la inhabilitación o la pérdida de militancia.

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