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Los clásicos, nunca fallan

Los clásicos, nunca fallan

Los clásicos, nunca fallan

Bajo el título «Pasiones Mitológicas», el próximo 2 de marzo el Museo del Prado abre su nueva exposición dedicada a la influencia de Tiziano en los grandes maestros del siglo XVII. El hilo conductor de la muestra son los lienzos de las Poesías que el pintor veneciano envió a Felipe II entre 1553 y 1562. Se tratan de seis obras que tienen al Amor como protagonista: Danae; Venus y Adonis; Perseo y Andrómeda; Diana y Acteón; Diana y Calixto; y el Rapto de Europa. Tiziano usa las narraciones que hace Ovidio en las Metamorfosis para explicar cómo el Amor consigue su objetivo y las consecuencias que, en algunos casos, tienen los engaños a los que recurre.

La fascinación que desde el primer momento hubo por estas composiciones se demuestra por su colocación en dependencias privadas de los monarcas, y por las copias que algunos cortesanos cercanos a Felipe II pidieron a sus pintores. Felipe IV incluso las iba a regalar a Carlos I de Inglaterra en 1623, cuando éste llega a Madrid de incógnito con el duque de Buckingham con intención de cerrar el enlace con la hermana del rey, Maria de Austria. Afortunadamente, este matrimonio no llegó a buen puerto, y las pinturas se quedaron dentro de las colecciones reales, donde años después, en 1628, Peter Paul Rubens pudo copiarlas. El flamenco va a tener un permiso especial del rey para hacer estas copias, oportunidad única para un joven Velázquez, llegado a la corte años antes, y ver cómo el maestro flamenco preparaba y trabajaba sus lienzos. Afortunadamente para el patrimonio español, aunque Rubens se llevó consigo estas copias, el Rapto de Europa pudo ser adquirirlo por Felipe IV tras el fallecimiento del pintor. Velázquez, de hecho, empleó esa copia y no la de Tiziano, que también tenía en el Alcázar, como fondo para la historia de Aracne que nos narra con magistral juego visual en Las Hilanderas.

La exposición que llega ahora a las salas del museo madrileño, prevista para el año pasado, fue organizada entre las sedes que se reparten actualmente las Poesías de Tiziano: National Gallery de Londres, National Gallery of Scotland de Edimburgo, el Isabella Steward Gardner de Boston, y el Museo del Prado. En Londres la exhibición se centró en el conjunto de Tiziano, al ser la primera vez que se reunían las pinturas tras su dispersión a partir del siglo XVIII. En cambio, Madrid ha tenido la habilidad de incluir por un lado toda la influencia que estas obras tuvieron en artistas posteriores de la talla de Rubens y Velázquez y, por otro, mostrar cómo Ovidio fue fuente de inspiración para otros artistas como Veronés, Ribera, Poussin o Van Dyck.

En unos momentos como los que estamos viviendo a nivel mundial, donde los museos tienen que reinventarse para dar salida a una programación que atraiga al público, aún receloso en algunos casos a meterse en espacios cerrados, la llamada de los grandes nombres de la Historia del Arte nunca falla. En eso, el Museo del Prado tiene una gran fortuna, pues en su «fondo de armario» tiene a las figuras más representativas de los siglos XVI y XVII en Europa, pero también muchas joyas deseosas de ser rescatadas de esa exclusión a los almacenes a la que se les condenó por no encajar dentro de las «Blockbuster exhibitions» a las que nos tenían acostumbrados todos los museos del mundo, donde el número de visitantes estaba por encima del discurso planteado.

Instruir deleitando fue una de las máximas de Horacio que don Juan Manuel, dentro de nuestras letras, supo exponer magistralmente en su Conde de Lucanor, y que Tiziano plasma en sus Poesías para Felipe II. Los grandes museos, al igual que el Cine, tienen la fortuna de poder hacer esto con todos los recursos que tienen en sus fondos. A veces, una pandemia es una oportunidad. Recurrir a la mitología clásica para enseñar verdades universales siempre va a tener tirón. Llegar a las nuevas generaciones más allá del tiempo es cuestión de ingenio, y si no que se lo pregunten a Pascu y Rodri y sus nuevas Poesías del siglo XXI.

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