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El Cabanyal tiene mejores historias que Brooklyn

Gines S. Cutillas firma en «El diablo tras el jardín» el testamento de una València que nunca olvidará lo maltratada que fue como sociedad y sobre todo como paisaje.

Ginés S.Cutillas 
(València, 1973).  f.bustamante

Ginés S.Cutillas (València, 1973). f.bustamante

El efecto simpatía no existente en literatura. Sin embargo al fenómeno ‘Noruega’ hay que unir irremediablemente ‘El diablo tras el jardín’, la novela de Ginés S. Cutillas de Pre-Textos que ya va por la segunda edición en tan solo dos meses y que rescata la memoria de una generación ambientada en El Cabanyal. València como escenario narrativo empieza a hacerse hueco en la literatura de la periferia. Cutillas vive en Barcelona desde el 1999 y no había oído hablar de ‘Noruega’ hasta que se lo mencioné cuando presentó el libro hace unos días. Sin embargo también ha escrito una novela rotunda.

El Cabanyal tiene mejores historias que Brooklyn

«Soy del Cabanyal y eso marca mucho porque cuando era pequeño estaba entre las vías, esa frontera física con el resto de València». El libro pasa en los poblados marítimos, pero habla de la memoria de la infancia, y esas lagartijas entre casas obreras están en la otra orilla del Mediterráneo e incluso en Aracataca, porque como dijo Gabriel García Márquez si el escritor ser aburre, el lector mucho más.

Cutillas es ingeniero informático, instalado en Barcelona, con un paréntesis de cuatro años en Granada, donde contactó con el mundo literario de Miguel Ángel Arcas, editor de Cuadernos del Vigía. Y se nota.

«Como dijo Pérez Andújar no me considero periférico, porque para eso hay que reconocer un centro, que yo no reconozco», aclara el autor de ‘El diablo tras el jardín’. Por si no ha quedado suficientemente claro remata que «vivía de espaldas al centro y al mar», como más de tres generaciones de vecinos del Cabanyal.

Es su primera novela donde habla de València, pero lo que cuenta es universal porque escribe de la memoria y la infancia. «Hablo del Cabanyal porque es mi infancia y es lo que conozco. Estaba en deuda con mi barrio».

Un retrato iniciático de ese transcendental viaje de la niñez a la adolescencia que tan buena literatura ha dado.

La acción transcurre en 1984 -«un homenaje a Orwell»- cuando en muchas familias todavía no se hablaba de determinadas cosas. Y València, como muy bien recuerda Lahuerta, fue la ciudad más castigada del franquismo.

Generación silenciada

«Retrato algo que ha sucedido en mi familia, y en la de todas con el padre rojo, cuando todavía era muy castigado ser de izquierdas en València».

El libro está escrito hace tres años. Cutillas lo llevó a Pre-Textos y Manuel Borrás, un editor preciso, le dijo que sí en ocho horas, cuando lo leyó en una noche de hospital. «Me apetecía escribir una historia de pura ficción, donde apareciera mi barrio, que hablará de la infancia, donde hubiera un laberinto, un fantasma, una bruja, la ciega, una familia obrera», explica. Pero Cutillas ha combinado esos componentes en un cóctel sabroso.

«Cuando empecé a escribir me di cuenta que la ciega, la biblioteca y el laberinto es Borges. Igual que el hermano que lee a la ciega. Al final te das cuenta que todo es metaliteratura y elegí esos ingredientes porque son mis lecturas».

Cutillas no es un escritor novel. ‘El diablo tras el jardín’ es su octavo libro, y de ellos destaca ‘Un koala en el armario’, un sorprendente conjunto de microrrelatos de corte fantástico donde ese escritor de pasado informático dejó el instante del asombro de los buenos textos. Un libro agotado que ahora volverá a reeditar Pre-Textos.

Ginés S. Cutillas es codirector de Quimera, la imprescindible revista de literatura, desde hace ocho años, y da clases de escritura. «Soy muy matemático para escribir, aunque en ‘El diablo’ empece a escribir, sin saber ese final de monstruos e islas». Ese boca oreja que supera cualquier presuntuoso marketing está haciendo que del libro se hable en los nuevos locales del Cabanyal. Además de la cercanía del paisaje, hay un festín literario, donde las etapas de cualquier humano son asumidas con textos universales. Ese reconocimiento por las letras, ese homenaje a una generación que se autoinventó cuando todo parecía nuevo, y esa indescriptible pasión por el barrio hace de ‘El diablo tras el jardín’ el manifiesto definitivo de ‘salvem el cabanyal’, un eslogan que superó a sus inventores y que caló en una ciudad que reclama el mar, y todas sus mareas, con orgullosa brisa.

Subsidiarios de una cultura popular impuesta, encontrarse con propuestas honestas de reivindicación colectiva descubren que las historias más globales necesitan de una épica local. Hace tiempo que El Cabanyal es nuestro particular Brooklyn, porque todo lo importante pasa a la orilla del mar. Sin darse cuenta, o sí, Cutillas ha legado el testamento de una ciudad que no quiere volver a ser nunca como fue.

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