Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El reino de los besos

Manuel Vilas vuelve a escribir una novela después de sus escarceos con la poesía y ser finalista del Planeta en 2019. Su nueva obra bucea por un enigma que obsesiona a toda la humanidad: el enamoramiento clásico entre dos personas

Manuel Vilas

Acceder al reino de Los besos (Editorial Planeta, 2021), la nueva novela de Manuel Vilas, es comprobar la felicidad de un enamoramiento entre tanta desesperación, es ver la luz entre tanta desolación durante los primeros meses de pandemia, tiempo en que está ambientada y escrita la obra. Leerla es útil para reapropiarse de ese pasado esquivo y angustioso, para volver imaginariamente a esos meses de incesantes contagios e incredulidad y contraponer el rostro de nuestro día a día, ya vacunados y con la mascarilla a medio gas, con la lectura de la devastadora realidad que ofrecían los medios de comunicación: «La naturaleza se levantaba en armas contra los seres humanos. Nos mandaba un virus. Una especie de esperma de Satanás», narra Vilas en las primeras páginas.

Conforme avanzas en la obra descubres plenamente a lo que huele. Te das cuenta que acumula una agradable desigualdad de aromas mezclados. Palpables casi todos. Porque las 450 páginas tienen el sabor afrutado del vino blanco, el olor acre del campo, el tacto pegajoso del pelo despeinado y el sonido de La estación de los amores, de Franco Battiato. A veces, también del saxo de John Coltrane: «En el olor del cuerpo de Altisidora (Monserrat) la vida se manifiesta. Pero cómo es ese olor. Simplemente, existe», relata. Porque los olores siempre evocan presencias.

Esos acordes arropan constantemente la historia de amor entre Salvador, un profesor jubilado que abandona Madrid por prescripción médica, y Monserrat, la dependienta de la única tienda de Sotopeña. Su relato tiene esa falsa firmeza de la vida cuando existe el amor: «La vida sin pasiones solo es supervivencia. Y la pasión importante es enamorarse de otro ser humano, poner en sus manos tu vida», escribe. El amor que afirma Vilas, con la pulsación candente de las vivencias auténticas, es tan salvajemente puro que parece de juventud, ese que te absorbe como una esponja los cinco sentidos. «Soy consciente de que estoy besando heridas. Besar las heridas de otro ser humano nos aterroriza», expone. La palabra «belleza» es una de las más repetidas a lo largo del libro. En Ordesa (Alfaguara, 2018) era «muerte».

Porque en la novela, como en el amor, no es todo luminoso. Hay momentos de dureza, que despiertan de golpe un estruendo brutal. Monserrat no tiene contacto con su hijo Marc, afincado en Alemania, y su antiguo novio está ingresado en el Clínico de Barcelona en estado grave por una neumonía producida por el coronavirus.

Su escritura, con una sonoridad completamente diferente a la habitual, tiene la profundad que aporta la madurez y destaca por la intensidad extrema que expulsa en cada frase. Pero lograr la rotundidad de Ordesa y Alegría -finalista del Premio Planeta en 2019-, las obras biográficas que encumbraron al autor aragonés, es difícil. Porque ese zumbido que habita debajo de la piel a la hora de escribir, que se transforma en una vibración generalizada, se despega demasiado de la realidad para hacer un libro sobre al amor romántico, idealizado, irreal. Tanto es así que Salvador se enamora en siete minutos.

Vilas siempre se ha considerado un escritor muy cervantino y, por eso, su obsesión por El Quijote también está presente. A Monserrat le cambia el nombre por el de Altisidora, doncella enamorada del hidalgo manchego. Las historias «sobrenaturales» junto a su amigo de estudios y juventud, Rafael Puig, y la evocación de efemérides como la huida del Rey Emérito o el golpe de estado de 1981 también visten el libro.

«Los besos son esas luces intensas en el camino de la vida, esas luces cegadoras tras de las cuales está otro ser humano esperándote en un acto de eternidad consentido por la muerte», escribe Vilas, revestido en primera persona y transformado en la voz del propio protagonista para ofrecer esa receta de infusiones curativas para el cuerpo y el alma que suponen los besos. Las dos cartas del final hieren, colapsan. Solo él sabe las lágrimas desprendidas a la hora de teclearlas. Eso también es amor, un enigma que obsesiona a toda la humanidad.

Compartir el artículo

stats