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Dibujos con efectos secundarios

Dibujos

En 1975, el médico francés Serge Tisseron rompió todos los moldes presentando su tesis doctoral en formato de historieta, estudiando las posibles aplicaciones del noveno arte en el ámbito psiquiátrico. Su posterior artículo «¿Puede el cómic ser pedagógico?» abrió el camino a un gran interés por el uso del cómic en la práctica médica y por la representación que la Medicina tenía en la cultura popular (curiosamente, dando lugar a una gran cantidad de estudios de su aplicación en Odontología). Tisseron llevaba a la Academia una realidad que era común: muchos laboratorios farmacéuticos, ya desde los años 50, usaban el cómic como forma publicitaria o como medio de explicar los efectos de los medicamentos a los pacientes. Mientras, en paralelo, los autores y autoras encontraban en el lenguaje del cómic una herramienta de catarsis personal que les permitía hablar de sus dolencias, rompiendo cualquier esquema de lo autobiográfico para establecer una relación con el lector que también padece la enfermedad. Las viñetas se revelan como un diálogo íntimo con una clara función terapéutica que los especialistas pronto reconocieron. Una línea iniciada en 1972, cuando Justin Green habla de su trastorno obsesivo compulsivo en ‘Binky Brown meets de Holy Virgin Mary’ (publicado en España por La Cúpula), seguido después por multitud de autores y autoras que llevarán al papel diferentes patologías, desde la epilepsia en el ‘Epiléptico’ de David B (publicado en España por Salamandra Graphic) al Alzehimer en la bien conocida ‘Arrugas’ de Paco Roca (editada por Astiberri). En 2007, el médico británico Ian Williams bautizó este género con el inspirado nombre de «medicina gráfica», ampliando su alcance más allá del noveno arte para incorporar todo comunicación visual entre el sanitario y el paciente e impulsando un movimiento que hoy recibe un importante foco de interés.

Poco más de una década después, la medicina gráfica cuenta con una lista de obras inmensa y en constante crecimiento, como se puede ver en la página ‘medicinagrafica.wordpress.com’ que dirige la médica Mónica Lalanda, una de las grandes impulsoras de este movimiento en nuestro país. Con la pandemia, el cómic se ha revelado como una forma de comunicación de extraordinaria eficacia, tanto para la relación con el enfermo como para la prevención y divulgación, pero también para dar a conocer el esfuerzo de los sanitarios y sanitarias. Un excelente ejemplo de esta nueva función del cómic es ‘Efectos secundarios. 19 historias de la COVID’, un proyecto de la Fundación Cultura en Vena que lleva a los hospitales y ambulatorios una exposición basada en una serie de historietas e ilustraciones que reflexionan sobre la pandemia y sus efectos, con un plantel creativo de absoluto lujo formado por Alfonso Zapico, Amaia Arrazola, Ana Galvañ, Ana Oncina, Antonia Santolaya, Carla Berrocal, Cristina Bueno, Cristina Durán y Miguel Ángel Giner Bou, Javier Olivares, Josune Urrutia, Laura Pérez Vernetti, María Herreros, Martín López Lam, Meritxell Bosch, Núria Tamarit, Paco Roca, Raúl, Sole Otero y Susanna Martín. Historias y dibujos que nacen del testimonio de la realidad o del dolor por la pérdida cercana y que reflexionan abiertamente de unas consecuencias sobre las personas que todavía están por llegar, pero también sobre un futuro del que apenas sabemos nada.

Dibujos

La editorial vasca Astiberri ha tomado el guante de esta propuesta y coedita junto a la Fundación un cuidado libro que recoge todas estas historietas, ampliando el recorrido de estos relatos y dejando constancia de esta extraña realidad que nos toca vivir y que cambiará nuestra sociedad. Serán nuestros actos los que decidan si para bien o para mal.

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