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Max Richter recompone las 4 estaciones de Vivaldi

Diez años después, y por segunda vez

Vivaldi

Hace diez años, el pianista y compositor Max Richter publicó una audaz e innovadora grabación consistente en una recomposición de Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi, osadía que los más puristas tildaron de provocación por atentar contra la esencia de la música barroca. No obstante, el porcentaje de descalificaciones no fue óbice para que la mayoría de críticos especializados se decantaran por un dictamen favorable por mucho que el proyecto de Richter hiciera algo más que interpretar a Vivaldi de un modo diferente (como era el caso de Jacques Loussier con sus elogiadas transcripciones jazzísticas de J.S. Bach), ya que el pianista alemán hizo una deconstrucción de la partitura vivaldiana en un intento de ahondar en las raíces inspirativas de Il prete rosso, un músico que también fue un innovador al marcar la transición del concierto grosso barroco vigente en su época al concierto moderno para instrumento solista que actualmente conocemos.

Al presentar su obra hace un decenio, Richter declaró que su intención era «combinar el ADN de Vivaldi con el mío propio, con múltiples influencias», un maridaje que tras escuchar varias veces su revisión de Las cuatro estaciones, me permitió apreciar cómo sin renunciar a la esencia de la obra original y a pesar de que la reconstrucción se hizo desde una perspectiva minimalista, una distinta lectura de Vivaldi que conservan la tonalidad en todo momento (pues el minimalismo no es atonal), consigue ahormar una estructura sólida, armónica y rica en melodías aun a pesar de los cambios lentos de la composición a expensas de frases repetitivas difíciles de asimilar por los oídos no acostumbrados.

«Recomposed by Max Richter: Vivaldi - The Four Seasons» fue el título que se le dio a este polémico álbum cuando se publicó en 2012 por la Deutsche Grammophon. La grabación se hizo en una sesión de estudio en la que intervinieron Daniel Hope como violín solo, la Konzerthaus Kammerorchester Berlin dirigida por André de Rider, y el mismo Max Richter al teclado.

La obra dura casi ochenta minutos y está subdividida en veintidós fragmentos (tantos como pistas tiene el disco), el primero de los cuales («Tema cero») es una introducción a modo de prólogo que ofrece al oyente un anticipo de la obra.

En la segunda pista comienzan a sonar Las cuatro estaciones (Primavera, Verano, Otoño e Invierno) siguiendo la secuencia de la partitura original. Es interesante reseñar que Ritcher emplea 44 minutos para interpretar esta obra , lo que viene a ser lo mismo que los 47 minutos que dura la versión de Herbert von Karajan y Anne Sophie Mutter. Sin lugar a dudas esta es la parte más ortodoxa del álbum, la más fácil de escuchar y también de perdonar por quienes se muestran reacios a las innovaciones.

Tras esta relativa prodigalidad ortodoxia, Richter se adentra en un minimalismo electrónico a través de le unos Paisajes sonoros electrónicos a los que siguen cuatro «Remixes» dedicados a cada una de las estaciones del año hasta que, con el último remix -El Invierno- concluye la grabación.

Soy consciente de que la segunda parte del disco puede resultar ardua para los más reticentes a las nuevas músicas, algo similar a lo que sucedió cuando en 1974 se publicó en España el LP «Ciclos», un precedente de lo que cuatro décadas después haría Max Richter en el disco que ahora analizamos. «Ciclos» fue una revolucionaria lectura de Las cuatro estaciones llevada a cabo por Teddy Bautista (líder del grupo Los Canarios) y que transcurridos cuatro decenios se ha convertido en un referente, una obra maestra del rock progresivo español, un clásico de la música contemporánea, y uno de los mejores álbumes grabados en nuestro país que también en su día fue tan elogiada como condenada por los academicistas poco proclives a innovaciones.

A título personal, aplaudo el atrevimiento minimalista y posmoderno de Max Richter por su valentía, por el respeto que muestra hacia la obra original, y porque no desvirtúa en absoluto la música de Vivaldi, al menos no más allá de lo que fue capaz de soportar la apertura de miras inherente a mi amplia curiosidad. En la recomposición de Richter descubrí nuevas tonalidades y también unos matices insólitos a partir de la deconstrucción de la obra original,percepciones que me recordaron lo que sentí siendo joven escuchaba el virtuosismo de Teddy Bautista con los teclados Moog P2, Minimoog, ARP y AKS que empleó en la grabación «Ciclos». 

La segunda deconstrucción de Vivaldi por Max Richter (2022)

El motivo de haber dedicado un artículo a una grabación de tiene ya diez años, es que Max Richter acaba de hacer una revisión (una nueva recomposición) de la misma obra, a cuyo título solo ha tenido que añadirle la palabra «new»: «The New Four Seasons: Vivaldi Recomposed».

De nuevo ha sido la prestigiosa discográfica Deutsche Grammophon la encargada de hacer posible un proyecto para el que Max Richter ha recurrido para la sección de cuerdas a instrumentos de época con cuerdas de tripa, así como también a teclados arcaicos como los sintetizadores Moog de los años 70 que, según él, son «el equivalente de los Stradivarius» de la música electrónica.

Los músicos elegidos por Richter en esta segunda recomposición de las estaciones de Vivaldi son Elena Urioste, violinista recientemente elegida como Artista de Nueva Generación de la BBC, y la Chineke! Orquesta, primera orquesta profesional en Europa de música clásica en la que sólo intervienen músicos pertenecientes a minorías étnicas. Por supuesto, es Richter el encargado de los teclados.

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