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Conocer a Fuster de un solo vistazo

El mítico domicilio del ensayista suecano se prepara para ser inaugurado este mismo año como un espacio museístico que homenajea al escritor

Comprender el trabajo y la dimensión intelectual de Joan Fuster (Sueca, 1922-1992) es el objetivo del museo ya terminado en la planta baja del emblemático número 10 de la calle de Sant Josep de la capital de la Ribera Baixa. Es la primera área del Espai Joan Fuster completamente acabada y que se prevé se abrirá al público este mismo año. Veinticinco años después de la muerte del ensayista, no pasará uno más sin que tenga un museo en la casa donde vivió. Esta exposición permanente, el centro documental, la casa vecina que perteneció a Pascual Fos, y el patio posterior donde se une a la que fuera vivienda del escritor, conforman el Espai Joan Fuster.

El museo no es muy grande porque el propio edificio marca los límites. Está estructurado en tres áreas. «Se ha pretendido que quien lo visite pueda, con un vistazo, hacerse una idea de la cantidad de trabajo que realizó Fuster como autor de libros y en el campo periodístico», afirma el director del centro cultural, Francesc Pérez Moragón.

Uno de estos bloques está dedicado a explicar la vida del autor, a través de documentos y fotografías. Otro está formado por una selección de cartas que nos acercan al personaje gracias a la correspondencia que mantuvo con infinidad de personas. Y un tercero que habla de su manera de trabajar, incluye fichas, manuscritos y documentación que utilizaba en su actividad de escritor.

El museo está ambientado, a su vez, con una parte importante de su colección de arte, seleccionada atendiendo a criterios estéticos y al estado de conservación de las piezas. «Se ha procurado reproducir en parte la situación de las obras, tal y como estaban, cuando vivía Fuster», cuenta Pérez Moragón. La exposición se refuerza con una pantalla en la que se proyectan una serie de fotografías de diversos momentos de la vida del intelectual.

Además, en una gran estantería se han colocado los libros que escribió, en sus diversas ediciones, tanto como autor único, como en aquellas obras colectivas en las que participó, volúmenes en los que asesoró, revistas que dirigió y trabajos, libros o artículos, escritos sobre Joan Fuster. También se ha previsto un panel que cumple una doble función decorativa e informativa, donde se reproducen las cabeceras de la mayor parte de las revistas y periódicos en los que colaboró.

Aunque hace tiempo que el contenido del museo está acabado, la inauguración deberá esperar a que se resuelvan detalles estructurales, ya proyectados, y de personal. En opinión del director es necesaria la instalación de un ascensor, ya que cuando se realizó la reforma de la casa, hace años, se tenía muy en cuenta la protección contra incendios, pero aún no estaba legalmente tan prevista como ahora la accesibilidad del edificio.

También falta completar el inmueble con la instalación de taquillas, para que los visitantes puedan depositar sus objetos personales, adecuar una tienda donde se venderán productos relacionados con el autor, que ya están confeccionados o habilitar un pequeño almacén.

La actuación de mayor envergadura, y que según Pérez Moragón «sería conveniente que estuviese realizada cuando se inaugure el museo», consiste en cerrar el claustro posterior que une las dos casas con una cubierta que se pueda retirar en los meses de buen tiempo. Además de conciertos y otras actividades que se han venido realizando hasta la fecha, el patio también serviría como extensión del espacio expositivo para poder realizar los talleres didácticos en las visitas de escolares, así como exposiciones temporales, complementando la dotación de instalaciones municipales en ese sentido.

Otro de los factores clave que se deben resolver es el personal que hace falta para gestionar este espacio, como la conserjería, visitas guiadas y responsables de los talleres didácticos.

Denso fondo documental

El Espai Fuster también consta de una parte importantísima como es el centro documental, en el cual todavía se está trabajando. Está todavía en período de catalogación dada su amplitud y densidad. En la biblioteca del autor se han contabilizado hasta el momento 26.000 libros y folletos, además de 12.000 revistas y diarios en la hemeroteca. Archivos definitivos repletos de documentos existen 290, más otras 15 cajas de su padre, Juan Fuster Seguí, profesor de dibujo, imaginero y dirigente del importante movimiento carlista local.

La colección de arte está compuesta por 300 piezas; 2.100 fotografías del archivo fotográfico, que ya está catalogado y colgado en la página web; un centenar de discos de vinilo; y una decena de cintas de vídeo en la sección de audiovisuales. Además se está digitalizando y catalogando la correspondencia, propiedad de la Biblioteca de Catalunya, pero está físicamente en Sueca por acuerdo. «Este trabajo está ya muy avanzado y quedan pocos meses para que finalice totalmente», observa Pérez Moragón.

El trabajo en el fondo archivístico es más lento y laborioso por ser de un volumen enorme y variado. «El contenido es de una riqueza incalculable, contiene fichas de trabajo, manuscritos de Fuster, de otros autores, recortes de prensa, anotaciones, notas bibliográficas, etcétera», desvela el director.

Este centro documental, ubicado en la primera planta de la casa número 10 de la calle Sant Josep, está abierto a investigadores desde hace unos años aunque de manera muy restringida. «El principal motivo es la seguridad, mientras los documentos no estén totalmente clasificados, aparte de las cuestiones relacionadas con los derechos de privacidad de las personas», justifica.

Pérez Moragón prevé será necesario ampliar el espacio tomándolo de la casa anexa, inmueble modernista construido en 1909 de la mano del arquitecto Bonaventura Ferrando y que en su día adquirió el Ayuntamiento de Sueca. Así, en la vivienda de Fuster, propiedad de la Generalitat Valenciana, estará la sala de consulta del archivo y al lado la de la biblioteca. El acceso se haría por la casa de Pascual Fos. La razón, según el director, es facilitar la labor de los investigadores que pueden coincidir con las horas de visita del museo, y que una actividad no interfiera en la otra.

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