29 de junio de 2019
29.06.2019
Testimonio

Plaga de la mosca negra: "Sufrí alrededor de 80 picaduras en apenas media hora en Alcàntera"

Los collidors realizaron dos intentos para cosechar los paraguayos, pero la mosca negra les impidió cargar más de 30 cajas de fruta - "Esa cantidad de moscas era insoportable", sostiene el capataz

28.06.2019 | 23:07
Plaga de la mosca negra: "Sufrí alrededor de 80 picaduras en apenas media hora en Alcàntera"

Los grupos de collidors que recogen los frutos de los campos de la Ribera están acostumbrados a trabajar en condiciones difíciles. El sol y los insectos son los duros acompañantes de una tarea ardua. A pesar de estar curtidos ya en mil batallas, lo que se encontró una colla al ir a recolectar los paraguayos del campo de Antoni Pla en Alcàntera del Xúquer, no era soportable. «Llevo muchos años dedicándome a la agricultura, y nunca había visto eso. Era increíble», proclamó ayer Quique Alabort, el jefe de la colla, que trabaja desde hace varios años con Pla. «Intentamos seguir y acabar, pero con esa cantidad de moscas era imposible», subrayó sobre la experiencia.

Según recuerda Alabort, los labriegos llegaron a las siete de la mañana, según les pidió Antoni Pla, ya que es el horario habitual de recogida de los paraguayos. Descargaron las cajas y llenaron algunas de ellas, con la fruta de los primeros árboles. Pero no pudieron hacer más. «No llegamos a estar ni diez minutos», memoriza. Fueron a la farmacia a por antimosquitos, repelentes y otros productos y volvieron a las once de la mañana. Cargaron otras cajas hasta llenar un total de 29, y desistieron definitivamente, puesto que ninguna precaución daba resultado. «Se metían por dentro de la camisa», explica Alabort, «y por debajo de los pantalones». Tras sendos intentos de realizar la recogida, ocho de los collidores tuvieron que acudir al centro de salud por la gravedad de las picaduras y cinco de ellos salieron de la consulta médica con una baja laboral. Las lesiones variaban de uno a otro collidor: «A una mujer le picaron alrededor de los ojos. Uno se tuvo que ir al médico directamente desde el campo, tenía toda la cara llena de picaduras. Y otros con el abdomen, los tobillos y las piernas hinchadas...», relataba Quique Alabort. Las decenas de cajas amontonadas anteayer a la entrada del campo, algunas de ellas aún con fruta en su interior, atestiguaban cómo los collidors tuvieron que abandonar el trabajo y dejar el lugar a toda prisa, agobiados por la ingente cantidad de moscas negras que llenaba el aire.

Segundo intento abortado

Para el día 25, después de que Pla hubiese tratado el campo con productos químicos, volvieron a las doce del mediodía. La calidad del producto no era ya la mejor, pero se trataba de un último intento para no perder la cosecha. «Pudimos entrar y parecía no haber moscas, pero al adentrarnos comenzaron a salir. Salimos corriendo», recuerda sobre ello Alabort. «Los trabajadores, simplemente, no querían estar ahí» tras lo ocurrido en el primer intento. Incluso Antoni Pla les instó a no quedarse en el campo: «Me sabía mal que se tuviesen que pillar la baja», confesó. Se trata de un caso en que la naturaleza le ha ganado la partida al hombre.

Ayer por la mañana, un par de integrantes de la colla fueron a recoger las cajas que quedaban en la plantación. «Les dije que cogieran monos blancos, de los que se usan para pulverizar, para que se protegiesen de los moscas», explica al respecto Quique Alabort.Una vez retiradas las cajas, sin fruta dentro, acabaron los esfuerzos agrícolas de este año.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook