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La fauna se urbaniza

La creciente población propicia que los jabalíes se hayan visto cerca del mar en El Perelló mientras ejemplares de cabra montés se asoman a núcleos urbanos y zonas pobladas

La fauna se urbaniza

La fauna se urbaniza

La fauna se urbaniza

Jabalíes en el paseo marítimo de El Perelló; ejemplares de cabra montés por las calles de Sumacàrcer e incluso en el patio de un colegio de Antella buscando restos de bocadillos; ardillas en zonas de montaña habitadas de Alzira o cotorras argentinas que anidan en las palmeras de una de las principales arterias de esta misma ciudad como es la avenida Luis Suñer. La creciente población de unas especies, en unos casos; su expansión aprovechando la tranquilidad que ofreció el confinamiento de la población decretado hace un año con la declaración de la pandemia, en otros; o la falta de civismo de aquellos que adquieren un animal exótico como mascota y lo acaban abandonando han dado lugar a una fauna salvaje cada vez más urbanita que depara imágenes insólitas, aunque cada vez más frecuentes. Cada caso, no obstante, es distinto.

La proliferación de jabalíes ha dado lugar en los últimos años a sucesivas quejas de agricultores que se encontraban con márgenes de sus campos destrozados, grandes socavones que llegaban a comprometer la estabilidad de algunos árboles o con las gomas del goteo rotas. Incluso en algunos cutivos esta fauna ha llegado a aprovechar las clementinas de las faldas de los árboles para alimentarse.

El avance ha sido imparable. De la montaña a las zonas de huerta, aprovechando campos abandonados y los cauces de ríos y barrancos que, repletos de cañas y maleza, resultan intransitables para las personas y se convierten en un refugio para los jabalíes. De los naranjos a los arrozales y ahora hasta la playa. Sin ningún depredador que frene su expansión, sólo la acción de los cazadores contribuye a controlar la población de una especie que, además, puede realizar largos desplazamientos cada noche en busca de comida. Su aparición en núcleos urbanos de La Ribera ha sido hasta ahora muy esporádica. Al menos, que haya trascendido. Aunque mucho más frecuente ha sido detectar su presencia, desde ejemplares sueltos a manadas enteras, en caminos rurales y zonas habitadas en suelo forestal.

La cabra montés es otra especie en clara expansión y de ello pueden dar buena cuenta los agricultores de Sumacàrcer que desde hace un tiempo sufren las consecuencias de su presencia al comerse los brotes más tiernos de los árboles, pero también los vecinos, cada vez más acostumbrados a ver rebaños en el entorno del casco urbano y, de forma más esporádica, algunos ejemplares que se han adentrado en las calles del municipio. Los incendios forestales registrados en 2016 contribuyeron a desplazar esta fauna que, no sólo se ha asentado en la sierra más próxima a Sumacàrcer, sino que poco a poco ha ido ganando terreno hasta cruzar incluso la autovía A-7.

Las cabras se han dejado ver en los últimos años en las calles de Turís, en el patio del colegio de Antella en busca de restos de bocadillos y, más recientemente, en las ruinas del Castellet de Castelló y en las inmediaciones de una zona habitada de Alzira como les Valletes de Bru, con decenas de chalés.

Catálogo de Vertebrados

También en esta zona se ha detectado la presencia de ardillas. El «Catàleg dels Vertebrats d’Alzira», un minucioso trabajo presentado por el ambientólogo Toni Rubio a las puertas de la declaración de la pandemia, ya alertaba de la presencia de ardillas en las montañas de Alzira. El autor auguraba que poco a poco se reproducirían y se irían dispersando por lo que, con el tiempo, podrían llegar a incluso a parques públicos de la ciudad. Si bien Rubio las tenía localizadas en la zona más elevada de estas montañas, poco a poco han bajado hasta dejarse ver en los últimos meses con descaro entre los chalés.

También el catálogo alertaba de la presencia de una especie exótica como la cotorra argentina en las calles de Alzira. Se trata de una especie invasora que ha anidado en algunas palmeras de la avenida Luis Suñer. Aunque menos agresiva que la de Kramer, su carácter territorial provoca el desplazamiento de otras aves y representa una competencia directa para especies autóctonas tanto por la alimentación como por los lugares de cría. También años atrás se ha detectado de forma esporádica cernícalos que anidaban en balcones de algunas fincas del centro urbano de Alzira.

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