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Crean compost enriquecido con bacterias para mejorar los cultivos

Una investigación de Girsa y varias universidades proyecta utilizar materia orgánica de la planta de Guadassuar como abono en la agricultura ecológica y para mejorar todo suelo cultivable

Un tractor recoge el compost de la planta de basuras de Guadassuar, en una imagen reciente. | PERALES IBORRA

La campaña del «Fem al camp» impulsada por el Consorcio de Residuos Ribera-Valldigna ha propiciado la distribución gratuita de cientos de toneladas de compost entre agricultores para que comprueben las ventajas de aportar esta materia orgánica a sus parcelas. Un proyecto coordinado por la empresa mixta Girsa, dependiente de la Diputación de València, en el que participan las Universidad de València, la Politècnica y la Universidad de León, así como la estación experimental agraria de Carcaixent, pretende transformar ese mismo compost a través de un proceso de peletización -conversión en pellets- en pequeñas píldoras que se enriquecerán con bacterias previamente seleccionadas para mejorar los procesos deseados y posibilitar que se pueda utilizar tanto en la agricultura convencional como en la ecológica.

Medición de temperatura. | LEVANTE-EMV

La conversión del compost en pellets se realiza mediante un sistema de compactación que ofrece un producto homogéneo que facilita el transporte y el almacenamiento de la materia orgánica frente a los problemas que en la actualidad representa tener que desplazar grandes volúmenes. La selección de bacterias que se inocularán en el pellet contribuye a acentuar las propiedades y conseguir los objetivos.

Se trata todavía de una propuesta que busca financiación a través de la convocatoria realizada por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) del Ministerio de Ciencia e Innovación, que promueve la colaboración público-privada. Este caso también participa un socio industrial que se encargaría de la peletización del compost.

La progresiva implantación de la recogida selectiva de la materia orgánica, todavía incipiente aunque a corto plazo obligatoria, garantiza disponer de un compost de calidad, que actualmente tiene difícil salida. De hecho, además del Consorcio Ribera-Valldigna que lo ofrece de forma gratuita a los agricultores, también el de València-Interior se ha sumado a la iniciativa de Girsa, según explica el responsable del área de Medio Ambiente de la empresa, Pedro López, quien detalla cómo la propuesta para utilizar el compost que se genera puede ayudar a cubrir las necesidades tanto de una agricultura ecológica al alza, que solo permite los fertilizantes orgánicos, como de la convencional.

Retención de agua

«La agricultura en general se ha separado mucho de la ganadería por lo que los campos tienen un contenido muy bajo en materia orgánica que antes aportaba el estiércol del ganado con el que convivía», expone López, al tiempo que resume: «Se trata de una alternativa al estiércol de siempre, pero mejorándolo y adaptándolo a las necesidades de la agricultura», señala.

La inoculación de bacterias permite que de una misma materia prima se obtengan dos productos, uno para la agricultura ecológica con propiedades fertilizantes y otro para la convencional que ayudará a mejorar la textura del suelo.

«La materia orgánica es muy adecuada tanto para la agricultura convencional como para la ecológica, pero las necesidades son diferentes ya que mientras la ecológica necesita un aporte de elementos fertilizantes en cantidad y de una forma química que sea asimilable por las plantas, la convencional no necesita un fertilizante que ya recibe con los abonos que se utilizan, pero sí tiene que mejorar la estructura del suelo, la capacidad de airear y retener agua y la capacidad de intercambio catiónico, un parámetro que mide la capacidad de retener los fertilizantes que tiene el suelo», explica López.

«Cuando a un suelo de agricultura convencional le echas materia orgánica mejoras la capacidad de retener, el humus y la arcilla hacen una especie de amalgama que retiene los fertilizantes minerales, lo que supone un ahorro en aporte de esos fertilizantes, y además no hay lixiviados ni pérdidas de nitratos ni de nitritos», expone el responsable del área de Medio Ambiente de Girsa.

La propuesta contempla, tanto para suelos de agricultura convencional como ecológica, la peletización que posibilitaría una aplicación «localizada y mecanizable» del producto resultante, «a la vez que aumentaría la riqueza relativa del compost». «Desarrollamos bacterias locales que son capaces de acentuar las propiedades que pretendemos conseguir, en un caso la mineralización para que mejora la estructura y en el otro como fertilizante», explica el técnico, mientras detalla que la Universidad de León participa con el selección y desarrollo de las bacterias, mientras que el Grupo de Investigación en suelos, residuos y medioambiente (SUREyMA) de la Universitat de València y, en particular, los doctores Rafafel Boluda y Luis Roca, se encargan de los procesos de compostaje hasta la fase de peletización. Girsa, por su parte, asume la coordinación del proyecto, la divulgación y la futura introducción en el mercado del proyecto, mientras que la Universitat Politècnica de València, a través del equipo integrado por Sara Ibáñez, Héctor Moreno, Amparo Soriano y Cristina Llull, realizará los ensayos de campo para analizar cómo actuan los prototipos de pellet. La consultora Zabala Innovation trabaja con los promotores para lograr la financiación que permita desarrollar esta iniciativa.

Un aporte que ahorra fertilizantes y también reduce la contaminación

La estación experimental agraria de Carcaixent realizará los primeros ensayos de campo

Pascual Fandos. Alzira

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