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Miedo a las alturas

Leo con interés, que el miedo a las alturas se conoce como acrofobia y es un temor intenso e irracional que sienten algunas personas. Personajes tan conocidos como Don Alfredo Di Stefano, Chiquito de la Calzada y el futbolista holandés Dennis Bergkamp han sido acrofóbicos de manual. Sobre todo por su miedo a viajar en avión.

Uno de mis amigos en el parque natural del Montgó, en Denia, quedó paralizado en la misma ermita del Pare Pere, situada al comienzo de la subida. En otra ocasión, atravesamos la espectacular vía verde de Villalonga y antes de llegar a L’Orxa, donde hay un pequeño acantilado de unos veinte metros, ya se quería tirar. Sufrió un ataque de pánico impresionante.

En el visitado Empire State Building de Nueva York, los turistas suelen fotografiarse en el último piso. Y a mi amigo se la hicieron en la planta baja, donde había un photocall para que los asustadizos a las alturas como él pudieran presumir ante sus familiares de haber estado arriba del todo.

Este pequeño relato tiene sentido. La acrofobia es un miedo que desarrolla unas respuestas emocionales, incluso de terror, cuando una o varias personas se encuentran a cierta altura.

Un sinsentido es tener miedo a las alturas estando en la «bajura» por falta de elevación. Y eso es lo que les viene ocurriendo a centenares de personas en la playa de Gandia desde hace ya unos meses. Por suerte, no es otra maldita pandemia pero si se desbarran los acontecimientos, el destrozo puede ser grande. Hay una empresa que acaba de construir un hotel en los terrenos de los sexagenarios apartamentos «Los Álamos» con todos los parabienes del Ayuntamiento que, incluso, les permitió hacer doce alturas cuando por ley eran diez. A cambio, la ciudadanía ¡siempre con la ciudadanía!, se beneficiaría de aparcamientos y zonas verdes. Si eso no es una demostración de afecto y amor entre las partes, ¡que venga Dios y lo vea! En este caso, por generoso, el temor a las alturas de los vecinos ha sido insignificante.

La guerra mediática por «el miedo a las alturas desde las bajuras», ha empezado en la Colonia Ducal, por un proyecto de hotel, y en la zona ya conocida como Martinavarro. Los propietarios de los apartamentos de la Colonia y los de alrededor del famoso chalet, incluido el hotel Tres Anclas, están que se suben por las paredes. Nunca mejor dicho…

En el caso de la Ducal, el PSPV-PSOE con la alcaldesa Diana Morant a la cabeza, serían partidarios de cambiar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para que en esa zona se construyera un hotel, al considerar que ese tipo de inversiones dan más prestigio a «nuestra morada».

Sus socios pero no amigos, nunca lo serán, Compromís y Més Gandia Unida, con el vicealcalde Josep Alandete al frente, no están por la labor. No quieren un hotel allí y, además, se comprometieron públicamente a respetar el criterio de los condueños, palabra poco conocida pero muy usada en las reuniones de vecinos de la playa. A don Josep le faltó añadir: Pero también, lo que diga la Ley.

Por ahora no está claro, aunque podría ser que esa obra quepa en el PGOU. Para una modificación urbanística sería imprescindible un acuerdo del pleno y de la Comisión Territorial de Urbanismo de la Generalitat. Los condueños no quieren ese hotel de alto standing por aquello de la diferencia de clases. Si mis datos no me fallan, esos apartamentos fueron de Protección Oficial (VPO). Hoy ya descalificados. Ni era el lugar, primera línea de la playa, ni tampoco, salvo en rarísimas excepciones, para personas con menores recursos. Por ser obra vacacional pero «franquista», me cuesta creer la defensa a ultranza de los nacionalistas gandienses en este complicado asunto, a no ser que algunos vivan allí.

Los vecinos alegan cosas tan raras como que: son zona histórica de la playa, no les llegaría el aire del mar, afectaría al cambio climático, perderían la identidad de la urbanización, pero, sobre todo, que las plantas del hotel les taparían sus privilegiadas vistas. Técnicamente eso se conoce como «efecto pantalla» y «vulneración del derecho de vista». De ahí… el miedo a las alturas.

Lo de Martinavarro, en el extremo norte de la playa, está mucho más despejado. El Plan General de Ordenación Urbana de Gandia permite esa obra y el promotor obtendrá las licencias del Ayuntamiento y Generalitat. Otra cosa es la libertad que tengan los condueños de los edificios colindantes, sobre todo los de detrás, de reivindicar lo que estimen oportuno: aire marino, ecosistema y biodiversidad o su derecho a ver el mar. De ahí… el miedo a las alturas.

Puedo casi asegurar que estos dos más que posibles conflictos se pueden solucionar si no intervienen los políticos del Ayuntamiento. Asuntos tan evidentes como los del Club Náutico y el caso «licencia» de los apartamentos «Choc d’Or» («Mi Descanso»), así lo demuestran. Las pancartas, que las carga el diablo, las mentiras, paños calientes y tendencias políticas de unos y otros no tienen cabida en esto. La legislación vigente sí.

Y mientras, los abogados de unos y de otros, sin miedo a las alturas ni a las bajuras, frotándose las manos…

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