Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Un pinchazo cada 90 segundos en Gandia

La ciudadanía aprueba el dispositivo: "es muy rápido y nos atienden fenomenal"

A la izquierda, una enfermera habla con una mujer que va a vacunarse. A la derecha, dos sanitarias preparan las jeringas con las dosis del antídoto. | DANI MONLLOR

A la izquierda, una enfermera habla con una mujer que va a vacunarse. A la derecha, dos sanitarias preparan las jeringas con las dosis del antídoto. | DANI MONLLOR

Pasan 45 minutos del mediodía y hay un ambiente extrañamente tranquilo en el Museu Faller de Gandia, o, lo que es lo mismo, el vacunódromo que la Conselleria de Sanitat ha implantado para inmunizar a los vecinos y las vecinas de la comarca de la Safor. A esa hora no hay cola y, de hecho, hay mesas que no pinchan al ritmo que lo hacen habitualmente e incluso se permiten el lujo de esperar entre vacuna y vacuna. Va por momentos. A los pocos minutos, empieza de nuevo el movimiento y se forma una pequeña cola. Se esperaba que ayer martes pasaran por allí 2.221 personas a recibir su dosis, en este caso de Pfizer, porque estaban citado los mayores de 70 años, mientras que el día anterior, se inoculó la de AstraZeneca a los de 61 y 62. Se vacunaron 1.925.

asdasdasdasdasdkjsaldas lkajd lkajda lkadas lkasd alskdas | NOMBRE FEQWIEOTÓGRAFO

Desde las 9 de la mañana hasta las 21 horas, de forma ininterrumpida, durante esos dos días, una treintena de personas trabaja en el Museu para que el proceso fluya y se genere la sensación que, por ejemplo, tenía Joaquín, vecino de 70 años de Gandia, «Ha sido todo perfecto, casi ni me he enterado» o Concha, también de la capital de la Safor y la misma edad «está todo muy bien organizado, ha sido fenomenal y, además, el trato del personal sanitario es muy bueno».

Cada 90 segundos, una vacuna

Se cita a entre ocho y nueve personas a la misma hora con tres minutos de diferencia del siguiente grupo. Todo un circuito perfectamente organizado y engrasado, que permite que se pueda inyectar una dosis cada 90 segundos, como explicaba a Levante-EMV una de las enfermeras.

Cada 90 segundos, una vacuna

A las puertas del edificio, un voluntario de Protección Civil se encarga de gestionar la cola del exterior, cuando se produce algún pico. Antes de entrar, quienes acuden aun pasan dos filtros más. El primero, una informadora del ayuntamiento que, en la entrada a la valla del recinto ofrece gel hidroalcohólico para desinfectarse las manos, obligatorio para todo el que entra. Ya a la puerta del Museu Faller, unos metros más adelante, otra indica al paciente a qué mesa debe dirigirse para la primera criba y recuerda que hay que tener el SIP en la mano para que todo transcurra de forma más fluida.

Cada 90 segundos, una vacuna

Ya en el interior del edificio, en el hall, dos mesas con cuatro profesionales de la sanidad atienden a quienes acuden a recibir el pinchazo. Son documentalistas y auxiliaries administrativas, que preguntan la hora de la cita y el apellido para chequear el listado y marcar la asistencia. De ahí ya pueden pasar al auditorio, zona donde se llevan a cabo los pinchazos. Antes, quienes tengan dudas médicas pueden acercarse a una segunda mesa donde serán atendidos por una doctora. Esta semana ha estado trabajando allí Gema Miñana, quien explicaba que «el lunes esto fue un aluvión porque se inoculaba AstraZeneca. Hoy, como es Pfizer, viene alguno pero está mucho más tranquilo». Las noticias de los efectos secundarios provocados por AstraZeneca ha generado incertidumbre entre aquellos y aquellas que la reciben.

Una curiosidad, en una mesa plegable, a modo de estand, el Museu Faller ha colocado un montón de «llibrets» y ejemplares del Foc i Flama que, quien guste, puede coger de forma gratuita.

Ya en el interior, un trabajador del propio Museu Faller, que no es sanitario pero ha sido reclutado para la causa (toda ayuda es poca), se encarga de indicar qué mesa está libre para pincharse. Hay cinco puestos, uno más que los que se instalaron cuando se inoculó al personal docente.

Una vez allí, la enfermera vuelve a consultar el nombre, la hora de la cita y el SIP y realiza tres preguntas: si se tiene alguna alergia, si se han sufrido reacciones adversas con alguna vacuna o medicamento y si están en tratamiento con algún anticoagulante (Sintrom). Una vez respondido este pequeño test, se procede al pinchazo. Como la doctora del hall, una de las coordinadoras del dispositivo, Cecilia Juan, explica que algunas personas tienen dudas por. Las profesionales explican los posibles efectos secundarios que ofrece cada vacuna, los cuales ya se pueden consultar en el enlace que reciben en el mismo mensaje que les informa de la cita en el móvil. «Pero siempre recomendamos que se vacunen, por supuesto», indica. Al finalizar, se entrega un carnet de vacunados.

En una sexta mesa se preparan las dosis por parte de varias enfermeras. De cada vial de Pfizer se extraen entre cinco y seis vacunas. Cada jeringa lleva 0,3 mililitros de medicamento y 1,8 de suero fisiológico, mientras que de las de AstraZeneca salen entre diez y once y ya van preparadas con 0,5 mililitros del antídoto. Una vez preparadas, las dosis se guardan en las pequeñas neveras que hay junto a las mesas de vacunación para que se mantengan a la temperatura adecuada.

Los viales sobrantes se envían a los centros de salud y se suman a los que estos ya disponen para vacunar de miércoles a viernes.

Compartir el artículo

stats