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"Con el tren es una aventura diaria, no sabes qué te vas a encontrar"

A las supresiones y retrasos se suman los convoyes a reventar en plena pandemia

Uno de los trenes, a reventar de pasajeros. | LEVANTE-EMV

Silvia Roman, vecina de Tavernes de la Valldigna ha tenido que avisar en su empresa para que sus constantes retrasos no le provoquen serios problemas en su relación laboral. Trabaja en València y cada día se desplaza desde la capital vallera. Lo hace en tren, lo que, desde hace ya un tiempo se ha convertido en una auténtica lotería. Como ella misma aseguraba ayer a Levante-EMV: «cada día es una aventura diferentes, no sabes con qué te vas a encontrar».

Porque la línea C1, que es la que cubre el trayecto entre Gandia y València y la que pasa por Tavernes y también Xeraco no se queda detrás con los innumerables problemas que sufre el servicio. Supresiones de trenes, retrasos, cambios inesperados de vía y aglomeraciones casi insoportables en unos tiempos en los que la sociedad ha comprendido que fuera del círculo más próximo, lo mejor es mantener la distancia.

En los primeros días de esta semana, Renfe ha anunciado la supresión o retraso de hasta 15 trenes, con especial incidencia el lunes, cuando hubo seis cancelaciones en un mismo día para disgusto de los usuarios y usuarias.

Silvia Román toma el convoy que sale a las 6.53 desde Tavernes. Pero hay días que la compañía lo cancela y eso le provoca un retraso en el trabajo. «Menos mal que allí ya lo saben», explica. Se queja de la cantidad de personas que viajan apelotonadas en los vagones. «No se puede ni respirar, especialmente en las primeras horas, cuando está lleno de gente que va a estudiar o trabajar», indica. No entiende cómo «en el tren anterior, que es el primero del día y no lo coge tanta gente ponen dos unidades de tren y en el de las 6.53 solo ponen una». La consecuencia es que es imposible mantener la distancia de seguridad.

Ella misma puso una queja por escrito ante Renfe. Le han contestado esta misma semana, un año después. Le explican que desde el fin del estado de alarma los trenes pueden ir al cien por cien de capacidad, y «una ocupación de dos viajeros de pie por cada metro cuadrado».

Este año, el peor

La vecina de Tavernes explica que, aunque los problemas vienen de hace tiempo, «este año se están notando más».

En esa misma cuestión incide Vero Pérez, natural de Gandia. Vive en Sollana y se desplaza todos los días hasta València en tren para, desde allí dirigirse hacia la provincia de Castelló, donde trabaja. Sus problemas los sufre especialmente al volver, que sí viaja todo el trayecto en tren. «Hay días que salgo de trabajar a las 15 horas y llego a mi casa a las 18.30. Tres horas y media, que se reducirían en 30 minutos si no fuera por los retrasos. El curso pasado se vio obligada a cambiar su forma de viajar hasta Almassora porque «Renfe cambió los horarios de los trenes y ya no me cuadraba».

La profesora de Gandia explica que los trenes que llegan desde Castelló hasta València lo hacen en hora pero no así los Cercanías hacia el sur. «De repente te avisan de que se cancela o sale más tarde». En ocasiones, no se cancela el de la línea València-Gandia pero sí los de otras que realizan parte del recorrido por la misma vía. «Eso hace que los del otro tren se sumen a los que ya estamos en el que va a Gandia y estamos los pasajeros de dos o tres trenes en uno». Pero aún hay más: «en ocasiones hemos estado esperando diez, veinte minutos y pasado el tiempo nos informan que hay que cambiar de vía». Como el testimonio de la vecina de Tavernes, Pérez indica que «los problemas están siendo mucho más bestias este año».

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