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REGENERACIÓN DE UN BARRIO

Las huellas del "crack" industrial que Tavernes quiere borrar

El departamento de Urbanismo trabaja de forma directa con el actual propietario de las naves del Cambro para perfilar un proyecto que pretende regenerar y hacer más atractivo el barrio

Naves sin actividad de la antigua Federico Giner ubicadas en el acceso oeste del municipio que ocupan toda una manzada. | T.Á.C

Hubo un tiempo en que Tavernes de la Valldigna era un municipio que vivía de la agricultura y la industria. En la localidad había instaladas potentes empresas que empleaban a centenares de vecinos y vecinas y fabricaban para toda España, especialmente en el sector del mueble. La crisis del 2007, junto la proliferación de las importaciones de los materiales desde zonas donde la producción es mucho más barata fueron mermando ese músculo.

Las huellas del «crack» industrial que Tavernes quiere borrar |

Muchas empresas cerraron, pero especialmente doloroso fue el cese de la actividad de Federico Giner. La que durante décadas había sido una de las fábricas de muebles punteras del país -no había casi ningún colegio en España que no estuviera equipado con sus reconocibles pupitres, sillas y percheros-, vivió una crisis que le llevó a bajar la persiana. La agonía fue lenta hasta que los últimos trabajadores, unos 90, fueron despedidos en el 2013.

Las huellas del «crack» industrial que Tavernes quiere borrar |

En el municipio quedó un vacío económico y laboral pero también un problema que aún hoy persiste, aunque está en vías de solución. Sus inmensas instalaciones quedaban vacías y a merced del paso del tiempo y la degradación, lo que suponía un impacto muy importante a un barrio, el del Cambro, que había crecido precisamente impulsado por la presencia de estas instalaciones. Cuando alguien llega desde Alzira, Benifairó o Simat, por ejemplo, lo primero que se encuentra a su izquierda son las grandes naves de hormigón.

Las huellas del «crack» industrial que Tavernes quiere borrar

En la zona, los edificios y las viviendas unifamiliares han convivido históricamente, generando una cultura de vecindad que incluía también a los trabajadores y las trabajadoras de las fábricas.

Las huellas del «crack» industrial que Tavernes quiere borrar

Es cierto, que si bien las naves están sin uso, no se ha producido en ellas ningún expolio grave ni tampoco se han convertido en foco de ocupación o insalubridad.

Quienes aún viven allí recuerdan cómo cada día, desde primera hora de la mañana, se escuchaba en sus calles todo el sonido de la maquinaria pleno rendimiento. Con el cierre, el silencio se apoderó de las calles, y a ello se siguió un goteo constante de negocios cerrados. De hecho, no hay ni un supermercado a menos de un kilómetro.

Las naves naves se extendían por las calles Sant Pere, Divina Aurora, Sant José y Papa Juan XXIII. Las más grandes están en la manzana que abarca la travesía, en el acceso oeste de la localidad y la calle Sant Pere, con cerca de 50.000 metros cuadrados.

Desde hace unos años, el consistorio trabaja en un plan para reurbanizar la zona. Se trata de un proyecto muy ambicioso a largo plazo, ya que implica una modificación del Plan General de Ordenación Urbana, cuyo objetivo es crear un entorno más amable y moderno que atraiga a nuevos vecinos y vecinas y que debe desarrollarse en consonancia con el actual propietario de las instalaciones.

El objetivo pasa por ofrecer espacios para dotaciones públicas y privadas, nuevos edificios residenciales y zonas comerciales. Una redefinición del barrio que acabe con la constante degradación que genera la presencia de las naves y rejuvenezca el vecindario. El proyecto ya está trabajado y en las próximas semanas habrá reuniones

El departamento de Urbanismo está trabajando de forma conjunta con el empresario valenciano que adquirió las naves mediante subasta para encontrar entre las diferentes partes el proyecto que se considere más adecuado.

Cuando se defina el contenido, el ayuntamiento estima que sería conveniente acometer un Plan de Reforma Interior (PRI), un mecanismo de la política urbanística que permite redefinir el conjunto del espacio, respetando o no la delimitación de las parcelas actuales, como explicaron en su día desde el propio consistorio.

Este proyecto, en realidad, empezó hace unos años. Como ha ido publicando este periódico, el consistorio, también con la idea de evitar la degradación del barrio, inició conversaciones con la Sareb para lograr la cesión de dos solares, en este caso ubicados entre las calles Divina Aurora, Sant Josep, Sant Pere y Papa Juan XXIII. En esos emplazamientos se ubicaban antaño sendas naves de Federico Giner. Estas fueron vendidas para construir viviendas junto a otras dos, en las que sí se levantaron edificios, en la misma calle. Pero con la crisis, los compradores no llegaron a tiempo de rematar la urbanización.

Durante años, los solares quedaron vacíos y abandonados, con los problemas de insalubridad que ello conllevaba. Tras mucho tiempo de gestiones, el ayuntamiento logró la cesión para habilitar un aparcamiento en uno de ellos y el Parc del Cambro, que se ha convertido en uno de los mejores de todo el municipio gracias a su novedoso concepto y, además, en el símbolo del inicio de la renovación de la barriada.

Otro frente abierto es la rotonda de acceso a la localidad por el oeste que tiene proyectado construir la Generalitat. Se situará entre la calle Portalet y la carretera. El proyecto contempla la expropiación de unos pocos centenares de metros cuadrados de una antigua nave de Federico Giner, que también forma parte del conjunto de propiedades que ha adquirido el empresario. El asunto se alarga también desde hace años aunque, como informan fuentes municipales, las conversaciones eran mucho más costosas cuando la propiedad estaba en manos del administrador concursal.

En los últimos años, algunas naves ubicadas al final de la calle San José, dedicadas a diferentes actividades, han sido alquiladas para instalar allí negocios como un gimnasio con pistas de pádel, entre otros.

Es cierto que el ayuntamiento, en los últimos años, ha realizado importantes inversiones para mejorar la zona del Cambro en lo que a accesibilidad y mejora urbana se refiere. La zona, además de centenares de viviendas, cuenta con dos colegios, una iglesia y un instituto y varios bares, aunque algunos menos que hace unos años. El parque del Cantalot y el Parc del Cambro son las referencias para el ocio pero carece de otros servicios como una zona deportiva o supermercados después de que cerrara un Maxi Dia hace unos años, ahora reconvertido en bazar. Las tiendas de proximidad han ido desapareciendo y las pocas que quedan se alejan de partes del barrio.

En la zona del Cambro predominan las viviendas bajas, apenas hay edificios y muchas son de construcción antigua.

El pasado industrial. 1 El aparcamiento y el parque que el ayuntamiento ha habilitado en dos solares de antiguas naves de la empresa 2 Zona donde se construirá la rotonda de acceso al municipio

3 El IES Valldigna, uno de los recursos que hay en la zona

1 La calle Sant Pere, con viviendas frente a las naves.

El alumnado del colegio Sant Miquel hizo su diagnóstico

Parte del proyecto de un trimestre consistió el detectar las deficiencias del barrio

Durante el curso pasado, el alumnado del colegio Sant Miquel, uno de los dos que hay en el Cambro de Tavernes, realizó un proyecto que sirvió para que, desde su visión, detectaran las carencias del barrio. El diagnóstico fue poco alentador y advertía de cuestiones como la falta de comercios de proximidad, como por ejemplo, un horno para comprar el pan después de que cerrarán, hace años, los últimos. También hablaban de carencia de zonas verdes y deportivas y se quejaban de que precisamente una nave sin actividad les tapaba la excelente vista a la Valldigna que tienen desde el patio. La accesibilidad o la presencia de gran cantidad de colillas y excrementos eran otras de las quejas de los pequeños y las pequeñas en su documento.

Los representantes municipales acudieron incluso al colegio a escuchar de primera mano las cuestiones que les planteaban los niños y las niñas, comprometiéndose a mejorar muchas de las cuestiones que planteaban.

Además de mostrar las deficiencias, los y las escolares también presentaban un listado con posibles soluciones como plasmar arte urbano en las paredes de las naves abandonadas o demolerlas para hacer zonas verdes, abrir el patio por las tardes como zona deportiva y aumentar la limpieza e incluso montar un mercadillo semanal para atraer vecinos a la zona, propuestas que la corporación municipal vio «asumibles», como publicaba este periódico.

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