17 de junio de 2019
17.06.2019

Una calle en el corazón

17.06.2019 | 04:15
Una calle en el corazón

Las mujeres afroamericanas matemáticas de la NASA ya tienen una calle en Washington llamada «Figuras ocultas», el mismo nombre que la estupenda película de Theodore Melfi basada en el libro de Margot Lee Shetterly. La justicia poética suele llegar tarde, pero llega. Los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson permitieron que John Glenn se convirtiera en el primer astronauta estadounidense en orbitar el planeta Tierra, y eso en un país que en el que los negros no podían hacer pis en los mismos baños que los blancos. La matemática no tiene color, ni horario, ni fecha en el calendario. Pero los derechos civiles, sí. Por eso debemos celebrar que hoy, en Washington, una calle recuerde el nombre de aquellas mujeres matemáticas que tenían que orinar lejos de su lugar de trabajo porque su piel no era del color adecuado. Peo hay más figuras ocultas.

Si no han visto el documental «A 20 pasos de la fama» (La 2), no sé qué hacen leyendo este artículo en vez de correr en su busca como un rockero convencido de que Elvis Presley ha resucitado y da un concierto en Memphis. «A 20 pasos de la fama» nos descubre la historia (y el presente) de las mujeres negras que han acompañado con sus voces imposiblemente perfectas a los grandes de la música popular, desde Ray Charles y Steve Wonder a Sting, David Bowie, Mick Jagger o Joe Cocker pasando por, tachán, Bruce Springsteen. Esas coristas eran también «figuras ocultas» aunque su presencia y sus voces lo llenaran todo, incluido el breve espacio en el que no está el cantante principal. Darlene Love, señoras y señores. Los monjes cistercienses decían que el canto deber ser dulce sin ser ligero, que agrade el oído a fin de conmover el corazón, y que no vacíe el texto de su sentido sino que, por el contrario, lo enriquezca.

San Bernardo de Claraval habría alucinado con Darlene Love, y su corazón se habría conmovido como lo hicieron los corazones de los músicos que la contrataron y de los espectadores que la escucharon. Darlene explica en «A 20 pasos de la fama» cómo fue su vida de corista, y creo que el mejor elogio que podemos hacer es que, como diría Demócrito, sus palabras son la sombra de su acción y de sus canciones. Esta extraordinaria mujer es una de esas «figuras ocultas» que merecen una calle no en Washington, sino en nuestros corazones. Los cálculos de Katherine Johnson y el ritmo de Darlene Love ya no están ocultos.

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