Las evidencias que relacionan a David S. O., alias El Tuvi, arrestado ahora por el asesinato de Wafaa Sebbah en noviembre de 2019, con el homicidio de Isabell Elena Raducanu, la mujer de 36 años estrangulada y salvajemente acuchillada en Xàtiva cuando estaba embarazada de seis meses, son más aún más incriminatorias para él de lo que parecía. Al menos, en apariencia.

A la presencia de un calzoncillo de su propiedad, con su ADN, hallado enrrollado en una pierna de la víctima cuando fue descubierto su cadáver, el 11 de junio de 2019 —cinco meses antes del crimen de Wafaa—, tal como adelantó ayer en exclusiva Levante-EMV, se le suma una segunda muestra de su perfil genético en un lugar aún más comprometido: las muñecas de Isabell, que fue encontrada desnuda sobre su cama, en la habitación de su piso de Xàtiva que solo utilizaba para mantener relaciones pagadas con los prostituidores que acudían a la casa.

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En su declaración ante la jueza de Instrucción 4 de Xàtiva el pasado 5 de junio, en que la compareció como testigo y no como investigado, David S. O. admitió que la prenda era suya y dio una explicación peregrina sobre la presencia del calzoncillo en el escenario del crimen. El Tuvi, consumidor de prostitución, dijo que «era cliente habitual de Isabell» y que, en un encuentro con ella tiempo atrás, le hizo irse precipitadamente de la casa diciéndole que «si le pillaba su pareja en la vivienda, lo mataría».

El argumento no resulta demasiado clarificador, ya que Juan Vicente A. N., acusado del asesinato de Isabell y en libertad provisional por esta causa, no solo era conocedor de la actividad de su pareja, sino que la toleraba y suponía una importante aportación económica a la economía familiar. De hecho, él mismo le dijo al grupo de Homicidios de la Policía Nacional desde el primer momento que su mujer «se prostituía» y que tenían una habitación en la casa reservada para esa actividad».

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En cuanto a por qué había ADN suyo en las muñecas, no supo explicarlo y se limitó a decir que la última relación sexual con Isabell había sido entre dos y tres semanas antes de su asesinato. Admitió haber hablado dos días antes del crimen, el 9 de junio, con ella, pero dijo que no llegaron a verse «porque no pudo recibirlo».

El ADN obtenido en las muñecas solo pudo llegar con un contacto estrecho e intenso, y obviamente en tres semanas se habría degradado incluso en el imposible caso de que la víctima no se hubiera lavado en todo ese tiempo. Sin embargo, sí puede haber otra explicación: la transferencia del perfil genético del calzoncillo a la cara interna de las muñecas por frotamiento, lo que hablaría de un escenario preparado para confundir a la Policía.

Perfiles genéticos mezclados

De hecho, coincide que tanto las muestras de la prenda como las de la piel son perfiles genéticos mezclados de Isabell y de David S. O.

De momento, el estudio de posicionamientos de tres móviles utilizados por El Tuvi no permiten situarlo en Xàtiva el día del asesinato. Eso sí, se quedó sin coartada porque mintió a la jueza diciendo que ese día estaba trabajando en Càrcer, algo que resultó ser falso. Al ser repreguntado, acabó diciendo que el 11 de junio de 2019 estaba trabajando en la finca familiar conocida como Casa Vidalet, la misma donde se encuentra el pozo vertical de riego al que arrojaría cinco meses después el cuerpo sin vida de Wafaa.

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Una de las incógnitas que más incriminan hasta ahora a Juan Vicente A. N. es que el teléfono de Isabell, un iPhone, que nunca ha aparecido, posicionó después de su asesinato a 15 kilómetros de distancia. Mientras su cadáver yacía sobre la cama en Xàtiva —el crimen fue cometido entre las 13.30 y las 14.00 horas—, su iPhone se conectaba, a las 14.08 horas, a la antena de telefonía que da cobertura a la Pobla Llarga, precisamente donde se encuentra el almacén en el que trabajaba Juan Vicente.

La Policía siempre ha sostenido que el investigado había planificado el crimen, y por ello había sido capaz de salir a escondidas del trabajo, llegar a su casa —su móvil posiciona en la antena de Xàtiva más próxima a su domicilio a las 13.42—, matar a Isabell y regresar a la Pobla para simular que estaba en su puesto de trabajo, del que salió tras fichar a las 15.34 horas.

Sin embargo, la explicación de David S. O. sobre dónde estaba aquel día introduce otro elemento que no le beneficia: dijo a la jueza que estaba en la finca familiar, que está en Carcaixent, pero tan cerca del casco urbano de la Pobla Llarga que recibe cobertura de la misma antena de telefonía móvil que el punto donde está el almacén en el que trabajaba Juan Vicente. En pocas palabras, cualquiera de ellos podría haber tenido en su poder el teléfono de Isabell Raducanu en ese momento.

El ADN sigue acusando

Pero la irrupción en este escenario de El Tuvi no elimina las sospechas contra Juan Vicente, a quien la jueza de Xàtiva envió a prisión tras su detención por el cúmulo de indicios y evidencias. Entre ellas, de nuevo, el ADN. Su perfil genético fue encontrado en dos puntos altamente incriminatorios para él: en el interior de la vagina de Isabell y en un preservativo hallado en la papelera de esa habitación. En principio, dado que era pareja, sería algo normal, pero sus explicaciones lo pusieron en el punto de mira.

Antes de saberse que ese ADN seminal en el cuerpo de la víctima, que era reciente, era suyo, declaró que no había mantenido relaciones sexuales con Isabell ese día. Y matizó que la última vez había sido el domingo anterior. Entre medias, además, Isabell estuvo con varios prostituidores, por lo que la muestra de su compañero debería haberse degradado.

En cuanto al preservativo, había afirmado que la última vez que había tenido relaciones completas con Isabell en ese cuarto, el dedicado a recibir a prostituidores, había sido seis meses antes, en diciembre, lo que hace difícil explicar la presencia del condón en junio en esa papelera.

Dada la actual situación de la investigación, lo que no ofrece dudas es que ambos tendrán que dar explicaciones ante los indicios que parecen señalarlos como responsables del asesinato de Isabell.