14 de octubre de 2019
14.10.2019

Ese vecino normal

14.10.2019 | 04:15
Ese vecino normal

Ya podemos salir en la tele. Estamos en condiciones de que nos entrevisten para el «Telediario». Preparados para ser famosos durante un instante. No hay que arreglarse para la ocasión porque tiene que ser un encuentro casual en el portal de casa. El periodista nos preguntará si conocíamos a Santiago Abascal y podremos decir que sí, que lo habíamos visto en «El Hormiguero» y era una persona amable y normal. No le notamos nada raro, cualquiera podría cruzárselo por las escaleras y nadie sospecharía nada. Qué bien que ya podemos mirar a la cámara con gesto de desconcierto explicando que era tan correcto, tan educado, tan normal.

Tranquiliza pensar que los malos son feos, sucios y siempre mienten, mientras que los buenos son guapos, limpios y cuando hablan resplandece la verdad. Pero eso solo pasa en esos cuentos infantiles que hay tanto para niños como para adultos. Para conocer a alguien hay que ir más allá de su aspecto, más de sus palabras cuando está intentando caernos bien, de sus gestos de cara a la galería. Quedarse ahí nos llevaría a extraños dilemas: ¿votar a Revilluca, tan majo con sus anchoas; o a Abascal, tan majo con su aceite?

Así que Pablo Motos no tenía por qué estar nervioso por el boicot con el que le amenazaban las redes por blanquear a Abascal. Forma parte de las libertades democráticas dejar que te conteste lo que le dé la gana el invitado que tú elijas porque te da la gana aunque no sea un entusiasta de las libertades democráticas. También promocionar tu programa mientras otros prefieren boicotearlo. En las anteriores elecciones, la madre de Abascal solo permitió ir a su hijo al programa de Bertín Osborne, menuda asesora. Ahora ya le deja ir al programa de Motos a «hacer el ridículo», qué mujer. No se trata de «blanquear» a nadie, sino de normalizar lo que hay. Gracias a esto podemos hoy recordar que ni siempre los buenos son guapos, ni los malos son feos. Pero, sobre todo, podemos salir en la tele diciendo que Abascal parecía una persona amable, educada y normal. Como ese vecino normal que nos cruzamos en el portal cuando vamos a casa un jueves por la noche a ver «El Hormiguero».

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