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Los bares de la plaza de la Virgen recurren el recorte de terrazas y no acatarán la orden

Los hosteleros presentan un contencioso apelando a la singularidad de sus locales y el ayuntamiento recuerda que estas medidas ya se han adoptado en otros barrios de la ciudad

Marcado de terrazas ayer a
 primera hora de la mañana.
  miguel a.montesinos

Marcado de terrazas ayer a primera hora de la mañana. miguel a.montesinos

Los hosteleros de la plaza de la Virgen cumplieron con las órdenes de repintar el espacio de sus terrazas, pero no necesariamente las van a acatar de momento. A primerísima hora, técnicos municipales se personaron para que se confirmara el pintado de la nueva zona en la que tienen que disponer sus sillas y mesas. Lo hicieron, pero a la vez firmaban un acta de disconformidad y acudirán al contencioso administrativo para evitar esta medida. Y mientras, aseguran, seguirán poniendo las mismas terrazas que había hasta ahora «hasta que se resuelva. Y si llega una multa, también la recurriremos». Hoy se confirmará cuántos secundan la medida. Ésta forma parte de la aplicación de la ordenanza de Dominio Público de 2014, que establece una limitación de mesas en la calle en función a variables, siendo la principal la relación entre los metros existentes en el interior del establecimiento y el número de mesas autorizadas: 1’75 metros cuadrados de superficie de terraza por cada persona aforada en el interior. Los bares y cafeterías de la plaza de la Virgen se caracterizan por tener muy poco interior. Están concebidos para la venta en la calle. Fuentes municipales recordaron que estas medidas ya se han aplicado en otros barrios, incluyendo zonas sensibles como Russafa o Algirós e instaron a no entrar en enfrentamiento, habida cuenta que, con motivo del Covid, se están articulando ayudas, como la de bajar mesas a la calzada, para echar una mano.

Los hoteleros exteriorizaron el desagrado por la situación que, según aseguraban, «nos lleva a la desaparición. Vivimos de las terrazas» aseguraban casi al unísono, aunque Remedios Pellicer, gerente de la cafetería Micalet, hacía, de alguna forma, de portavoz. Ahora, la opción que plantean es recurrir apelando a algunos de los artículos y a ese intangible de «la singularidad de esta zona».

Las terrazas estarán exclusivamente al lado de la puerta de cada establecimiento. Con circunstancias curiosas como que los dueños que están en el interior de la zona ZAS (están separados por una línea de baldosas) tenían que pintar sí o sí, so pena de perder de forma inmediata la licencia de actividad. Los otros (Micalet, Café&Tapas, La Virgen...) sí que podían haberse negado a pintar y aguardar el resultado del recursos. Finalmente, lo que han decidido es pintar, pero, teóricamente, seguir poniendo las mesas como hasta ahora. Ayer no hubo actividad hostelera. Unos, porque no abren más que en fin de semana; otros, en señal de protesta.

A todo esto hay que añadir la situación de la pandemia, que había cercenado a la mitad el número de mesas para mantener las distancias de seguridad. «Ahora teníamos dos mutilaciones. Primero, la de la ordenanza y, sobre esa nueva cifra, la del Covid. ¿Cual es la consecuencia? Que nos quedamos con el 90 por ciento menos de mesas». Remedios Pellicer ponía su ecuación propia: «en mi caso, paso de 18 mesas a 4, que por las norma anti covid se convierte en dos. ¿Cómo se sobrevive así?».

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