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El renacer de Sant Miquel dels Reis

Una vista área del antiguo monasterio con la característica portada del convento y donde se observan los dos claustros. | LEVANTE-EMV

Una vista área del antiguo monasterio con la característica portada del convento y donde se observan los dos claustros. | LEVANTE-EMV

La València populista se parece cada vez más a la popular. Aunque en esta segunda tengo claro que nadie de los colaboradores más próximos de Rita Barberá se hubiera atrevido a patrocinar una actividad municipal a su pareja. Eran más estilosos. Curioso es comprobar como la oposición es más liberal, en el amplio sentido del término, que sus contrincantes de entonces y ahora gobernantes. Imagínense la que se habría montado, sin embargo, están en otra cosa en vez de la obligatoria fiscalización del poder, como corresponde. Aunque la liberalidad consiste en aceptar que existen más opiniones que las propias, y aceptarlas. Y ahora lo digo por todo el hemiciclo porque no todos los demócratas son liberales, como estamos viendo por muchos lares.

Aprovechar más.

El otro jueves estuve en Sant Miquel dels Reis. Voy mucho desde hace años, pero esa tenue luz de matinal lluviosa evocaba lo mal que nos llevamos con nuestro patrimonio. Es verdad que comprobé como las máquinas empezaban a derribar ese muro de la vergüenza que tanto daña su entorno, pero aún hay mucho por hacer. El azar ha querido, porque la planificación urbanística brilla por ausencia eterna, que el antiguo monasterio tenga a sus espaldas la poca huerta urbana que queda. Su perfil se ve desde una ronda donde pasan miles de visitantes, y que tiene una parada de tranvía, el transporte del futuro, a cien metros. Este monumento que las ha visto de todos los colores en casi cinco siglos de historia, acoge la Biblioteca Valenciana, la Acadèmia Valenciana de la Llengua y la dirección general de Cultura y Patrimonio del Consell. Además se programan actos con cierta frecuencia, tanto en el claustro como en la antigua iglesia. Pero con todo, intuyo que aún no se considera un elemento ciudadano como ya lo son La Nau o el Centre del Carme. Le pasa lo mismo que al museo de Belles Arts, no sé si por su monumentalidad o por ese sentido tan autóctono de espaldar el conocimiento.

Les Arts del s.XVI.

Cuando Carles Magraner, el líder de la Capella dels Ministrers, me explicó que el duque de Calabria había tenido la Orquesta Sinfónica de Viena del momento en Sant Miquel me vine arriba. Ferran d’Aragó, duque de Calabria y virrey de València en la primera mitad del siglo XVI, concibió un ambicioso programa cultural y religioso para el edificio que mandó construir, con la intención de albergar un monasterio, una escuela de arte y teología en torno a su espectacular biblioteca. El Palau de les Arts de la época, para entendernos. Desconozco si las estanterías de nuestros dirigentes están repletas de literatura, aunque no es difícil imaginarlo. Lo mejor de todo es que el acceso a los libros y a la cultura en general está generalizado y que afortunadamente cada cuatro años se puede cambiar de gobernantes, que tampoco ya deben ser de alta alcurnia, ni mucho menos parecerlo.

Confraternidad.

A poco más de un kilometro, cinco minutos a pie, de Sant Miquel está el estadio del Levante UD, que ha quedado muy coqueto con su nueva cubierta y que los seguidores granotas están esperando que pasen las restricciones del bicho para disfrutarlo, con independencia de la marcha del equipo. También la ventura ha querido que pasado y presente -los estadios de fútbol son las catedrales del siglo XXI- queden urbanísticamente hermanados. Como la levantinista es una afición muy ilustrada, obligada por la falta de títulos, seguro que encuentran algún proyecto en común, aunque antes deben seguir reclamando su merecida Copa de la República, que a su ver servirá para no olvidar como el franquismo convirtió un centro de histórico esplendor cultural en una cárcel represiva para demócratas.

José Iturbi.

No pienso perderme la muestra ‘Iturbi, mès enllà de Hollywood’ con material inédito. La vida del pianista está llena de claroscuros, como todas, purgó su colaboración con las autoridades de la dictadura con su actuación solidaria dando conciertos por España para recoger fondos para los damnificados de la riada del 57. Pero no olvidemos que los que se atrevieron a reclamar menos caridad y más dinero del fondo estatal para paliar la catástrofe fueron depurados, como Martí Domínguez Barberá.

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