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Chicago 1893, València en Norteamérica (II)

Sorprendió a la delegación española que las mujeres tuvieran un palacio independiente, dirigido por una mujer, constatando la diferencia entre la mujer americana y la española

Diploma de Rafael Monleón
 Madrid.  verum valentia |

Diploma de Rafael Monleón Madrid. verum valentia |

En la primera parte, vimos como Enrique Dupuy de Lôme Paulín, comisionado jefe para la Exposición Universal Colombina de Chicago de 1893, tomaba la decisión de que la réplica de la Lonja de València fuera el edificio oficial Español en esa Exposición; así como los problemas que encontró a su llegada a Chicago por haber llegado tarde y mal la decisión de asistir a ella.

En esta segunda parte vamos a tratar las dificultades que encontró en cada palacio de exposiciones y cómo fueron solucionados, en algunos casos con mas acierto que en otros, pero al fin y al cabo, resueltos por Dupuy. También citaremos algunos de los mas destacados empresarios y artistas valencianos que formaron parte de la Exposición.

La participación empresarial se situó en los edificios mas espectaculares. Estos verdaderos palacios de exposiciones fueron construidos por el arquitecto Daniel Burnham, que dio un estilo neoclásico a todos ellos, con detalles arquitectónicos románicos y renacentistas totalmente decorados en blanco. Los palacios mas importantes estaban localizados en lo que se denominó «La Ciudad Blanca», alrededor del Gran Estanque y la Glorieta de Honor.

Cuando Dupuy llega a Chicago, el reparto de espacios otorgado a cada delegación ya estaba realizado, quedando para los nuestros los peores, los mas escondidos, los menos iluminados. Como el Gobierno Español no había enviado un director artístico, Dupuy tuvo que proyectar y dirigir toda la decoración de esos espacios en los palacios en los que hubiera representación Española.

Palacio de las Manufacturas

Fue el mas grande de toda la Exposición, ocupaba cien mil metros cuadrados de superficie, formando nave única sin patio central, con una armadura de cuchillos colosales en el techo y cuatro puertas monumentales. La Delegación Española fue enviada bajo de la Galería de Artes Liberales, un lugar repleto de columnas y oscuro. Dupuy optó por una decoración que ocultara esa serie de pilares, reproduciendo el interior de la Mezquita de Córdoba solventando con mucho ingenio los obstáculos; tan solo hubo un problema, por falta de buenos artistas, el colorido tan característico de la mezquita distó mucho del original.

Destacó la participación de Bernardo Giner y Aliño, de la plaza de Calatrava, con sus vinos medicinales, cápsulas de terpineol, guayacol, fosfatina y su antiséptico pulmonar. En el grupo que albergaba desde ladrillos a cerámicas, destacó de manera sobresaliente la empresa de Ros y Urgell llamada La Ceramo del Camino de Burjassot, que presentó una serie de vasos y platos con reflejos metálicos, imitación de las mayólicas hispano-árabes.

Dentro de este Palacio de Manufacturas se alojó a las Artes Liberales; el denominado Departamento L. Su director cedió a la Comisión Española un espacio tan reducido que solo se pudo exponer una décima parte de lo enviado. Destacaron sobre los demás Gómez e Hijo, de la Plaza de San Esteban, con su piano gran forma de cuerdas oblicuas, y Enrique Dupuy de Lôme Vidiella, con sus planos, mapas y trabajos para jardines de infancia.

Palacio de la Agricultura

En este Palacio Dupuy optó por reproducir el claustro del Convento de San Francisco de Valladolid, en cuya hospedería murió Cristóbal Colón. Aunque como en todos los pabellones, el lugar era pésimo, la particular y espectacular luminosidad que daban los arcos del claustro hicieron lucir el diseño del pabellón español y los productos allí expuestos. Dos fabricantes valencianos destacaron por la calidad de sus productos: José Barberá de la Calle, Gobernador Viejo, y Gerardo Estellés, de la calle caballeros. Ambos presentaron sus aceites de oliva.

Palacio de la Horticultura

En esta ocasión Dupuy no acertó con la decoración para la delegación española, ni con la idea ni con la ejecución. Se construyeron unos arcos mal sostenidos y de peor gusto, decorados con botellas de distintos colores. Gracias al Jardín Tropical que se encontraba delante, la atención pública se centró en él y no en los arcos. En este palacio, nuestra presencia fue mas que notable y brilló por la calidad de los productos presentados. Destacaron: Luis Ibáñez de Lara, de la calle San Vicente, con su famoso y galardonado vino «El diamante de Escoto», medalla de Bronce en la Exposición Universal de Barcelona 1888; Vicente Oliag, de la plaza de Tetuán, con su vino seco añejo; Enrique Trénor, de la calle Congregación, con su vino tinto; José Vidal y Vidal, de la plaza de Tetuán, con su tinto de pasto; Rafael Izquierdo, de la calle Santo Tomás, con su vino moscatel de 1890; y Vicente López Ramos, con sus mistelas, tintos y rancios.

Palacio de la Mujer

En este Palacio, nos ubicaron en un lugar pésimo en la parte baja de la zona sur, pero la concepción y ejecución esmerada que consiguió Adela Vidiella y su marido Enrique Dupuy hicieron que la delegación española luciera a alto nivel. Realizaron una copia reducida del claustro de San Juan de los Reyes de Toledo, con un nivel en los detalles mas que destacable. A este palacio enviaron obras desde la regenta de España Mª Cristina, a las Infantas, pasando por las señoras de la aristocracia y clase media o las mujeres de clases populares. Tuvo un papel muy importante en este palacio Ana Mª Paulín de la Peña, baronesa de Cortes de Pallás y hermana de la Condesa de Ripalda, Josefa Paulín de la Peña. Envió de su propiedad obras realizadas por mujeres, como abanicos, encajes de oro, géneros de lana, asientos de sillas y redes de la Albufera. La Junta de Señoras de Valencia, representada por la baronesa de Cortes aportaron una gran cantidad de objetos realizados por ellas y por las alumnas de las escuelas que regentaban, tales como cestas y cestillos de paja, floreros, jarras, amitos religiosos, pañuelos bordados y alpargatas, entre otros. Fueron muy admiradas las ropas de cama enviadas por el Colegio de Sordomudos y Ciegos así como un retrato bordado del Rey Alfonso XII realizado por las alumnas de la Escuela Provincial de Caridad y una casulla hecha por las alumnas del Colegio del Loreto; todas ellas de València.

Dentro de los centenares de libros enviados a este Palacio por la Biblioteca Nacional de España, habían tres libros escritos por tres valencianas: «Nociones de España», impreso por R.Ortega en 1878 y escrito por María Orberá y Carrión; «Nociones de higiene privada general», impreso por Manuel Alufre en 1885 y escrito por Matilde de Ridocci; y «Vita Christi de la reverent Sor Isabel de Villena; abadesa de la Trinitat», impreso por Jorge Castilla en 1513 y escrito por Isabel de Villena.

También Ana Mª Paulín, baronesa de Cortes, envió tres de sus libros: «Amor Vendado», traducido del italiano por María de la Peña, seudónimo de la baronesa; «El matrimonio cristiano», traducido del francés por B. del Castillo, otro de los seudónimos empleados por la baronesa; y «Mes de Mayo consagrado a la Santísima Virgen María», escrito por ella en 1880.

Palacio del Transporte

En este edificio la participación española fue muy pequeña y dentro de ella destacó Rafael Monleón. Presentó sus 77 acuarelas sobre arquitectura naval y tres tomos escritos por él sobre arqueología naval.

Palacio de las bellas artes

En este Palacio es donde se concentraron los problemas, el espacio otorgado a la delegación española fue tan escaso que la mayoría de las obras que llevamos a la Exposición tuvieron que exponerse en otros Palacios, así como en el edificio oficial de la Lonja. Nuestra representación fue de primerísimo orden y sobre todos destacaron tres artistas con varias obras, alguna de ellas superlativas, tanto por su calidad como por su tamaño. Muñoz Degraín presentó su obra «Los amantes de Teruel» en un lienzo de 3,30x5,15 metros. José Garnelo acudió con cinco obras, «Primeros homenajes en el nuevo mundo a Colon» (4,20 x7,20), «Suicidio por amor», «Interior de San Marcos en Venezia», «Pudo ser Ministro» y «Un inglés».

Joaquín Sorolla estuvo presente en Chicago con cinco obras también: «A la grupa», «Floristas», «Las reliquias», «El sereno» y la mas representativa de todas ellas, «Otra Margarita» (1,30 x 2,00 ) que fue vendida al terminar la Exposición por 1.800 dólares.

Una segunda obra de Muñoz Degraín también estuvo colgada en la Exposición. «La Reina Isabel ofreciendo sus joyas a Colón» fue en la réplica que se construyó del Convento de la Rábida por la Junta Promotora de las Relaciones Políticas y Comerciales entre EEUU y Latinoamérica, cuyo responsable era William Eleroy Curtis. La Rábida se encontraba junto al Palacio de la Agricultura y el Casino, a orillas del Lago Michigan. Este edificio estaba custodiado por las reproducciones de las Tres Carabelas utilizadas por Colón, fondeadas junto al Convento. La Santa María fue construida por el Gobierno Español para conmemorar el 4º Centenario del Descubrimiento de América en las fiestas celebradas en Huelva en octubre de 1892. La Comisión Americana quedó tan impresionada que financió la construcción de La Pinta y La Niña. Las tres naves llegaron a Chicago el 7 de Julio de 1893.

Premios

Todos los comerciantes y artistas que hemos enumerado fueron premiados con una medalla artística de bronce y un diploma pergamino realizado a buril y estampado con tinta negra. Los premios fueron concedidos por un Jurado Internacional compuesto por un Comité Ejecutivo, que en el caso español fue nombrado por el Ministro de Fomento. El Presidente de esta comisión fue Enrique Dupuy a la vez que juez para el Departamento B, el de horticultura. También fue nombrado por el ministro Rafael Guastavino como Juez para el Departamento L, el de las Artes Liberales, literatura, ingeniería, música y arquitectura.

Junto a los participantes valencianos que asistieron a la primera cita comercial americana celebrada en Philadelphia en 1876, los que participaron en ésta de Chicago fueron los pioneros del comercio entre los Estados Unidos y València, verdaderos aventureros frente a un gigantesco mercado, pero a la vez totalmente desconocido; auténticos héroes desde a la perspectiva que nos dan los 145 años que nos separan.

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