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Los últimos días del asentamiento de la calle Beato Gaspar Bono

La Policía Local comunica a las 25 personas que viven allí que abandonen el lugar a primeros de junio por las obras en el entorno del colegio de Jesuitas

El asentamiento de Beato Gaspar Bono lleva más de un lustro en el entorno de Jesuitas. | FRANCISCO CALABUIG

Las obras de reurbanización del entorno del solar de Jesuitas y del Jardín Botánico obligarán a los sintechos que viven en la calle Beato Gaspar Bono a abandonar la que ha sido su «casa» desde hace años. La Policía Local ha notificado a estas personas sin hogar que tendrán que marcharse a primeros de junio, después de darles una prórroga de una semana, ya que teóricamente tenían que irse el 26 de mayo. «Estamos tratando se resolver las situaciones de estas personas, una gran parte no tienen papeles, no saben a dónde irse y no tienen un recurso donde poder ser alojados», indicó Jaime González, presidente de Amigos de la Calle a Levante-EMV. En la actualidad, en este asentamiento ubicado en el vial contiguo al Jardín de las Hespérides, hay unos 25 sintechos, de varias nacionalidades y con edades diversas: jóvenes, personas de mediana edad y también personas mayores de más de 65 años. El portavoz de Amigos de la Calle añade que no hay familias ni menores «pero sí un par de parejas». González lamenta que el traslado a la fuerza de este colectivo supone «una especie de invasión de la propiedad y la intimidad» de los afectados porque en muchos casos vivir en esta calle «es lo más parecido» que tienen a una casa, a un barrio y a unos vecinos, dado que llevan más de un lustro viviendo en este lugar. Ya conocen a los residentes de la zona y han consolidado unas mínimas pertenencias.

Detalle de una de las tiendas, ubicada en el callejón peatonal. | FRANCISCO CALABUIG

Lamentablemente, indica esta fuente, estas personas «la poca propiedad que tienen es lo que llevan a cuestas, por eso si les obligan a marcharse les van a tirar todas sus cosas», lamenta. En este sentido, «hay situaciones humanas que no están suficientemente visibilizadas porque el sinhogarismo afecta a perfiles muy amplios y con circunstancias muy variadas», subraya González, que reitera que muchos de los que viven en la calle «no quieren hacerlo, pero las circunstancias de la vida les ha llevado a ello». Aquí viven personas que trabajan en el campo o como aparcacoches, además de gente con algunos ingresos no contributivos.

«Nuestra asociación -subraya Jaime González- pretende darle una mayor visibilidad a este colectivo para tratar de movilizar recursos y ayudarles, dado que no existe un plan B para atenderlos». Ahora bien, como ha publicado este diario en otras ocasiones, los servicios sociales del Ayuntamiento de València y la Policía Local se interesan regularmente por su situación y les prestan toda la ayuda que requieran, como el reparto de mantas durante la operación frío.

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