22 de octubre de 2019
22.10.2019

Cuando la cirrosis no es solo cuestión de alcohol

Los expertos asocian también la enfermedad a casos de acumulación de grasa en el hígado

22.10.2019 | 17:16
La cirrosis es la duodécima causa de muerte en el mundo.

Si pensamos en cirrosis, generalmente lo asociamos a una enfermedad grave del hígado que tiene lugar en las personas alcohólicas. Pero estamos equivocados si lo reducimos a eso porque, aunque ciertamente el mayor número de casos se diagnostican en estas circunstancias, la cirrosis hepática puede tener lugar también en personas que nunca o muy pocas veces han bebido alcohol.

La cirrosis hepática es la fase final de la enfermedad hepática crónica con fibrosis (endurecimiento del hígado), que ocasiona el mal funcionamiento del mismo y sus complicaciones, por la dificultad de pasar la sangre a través del mismo, según explica la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI).

Las causas principales de la enfermedad son el abuso crónico de alcohol, las hepatitis víricas tipo B o C, y también, aunque menos frecuentes, hay otras causas como enfermedades autoinmunes o hereditarias, así como ciertos medicamentos o tóxicos. "Últimamente se está relacionando con la acumulación de grasa en el hígado asociado sobre todo a la obesidad, la diabetes tipo 2, el aumento de grasas en sangre y la vida sedentaria", añade la sociedad científica.

El doctor Óscar Núñez Martínez, doctor en Medicina y Cirugía, y médico especialista en Aparato Digestivo del Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid, recuerda que las principales causas en nuestro medio son la ingesta patológica de alcohol y la hepatitis C crónica, si bien en esta última con los nuevos tratamientos antivirales ya se está notando una disminución en su relevancia.

"A su vez, se está otorgando cada vez más importancia a la enfermedad hepática por depósito graso asociada a la diabetes mellitus y a la obesidad, secundarias a nuestros hábitos alimentarios y al sedentarismo", precisa este experto en aparato digestivo.

Es más, sostiene que toda causa de enfermedad hepática crónica (alcohol, hepatitis C o B crónicas, o enfermedades autoinmunes por ejemplo) puede causar un daño progresivo en el hígado y terminar en una cirrosis hepática. "Por ello, podemos considerar a la cirrosis hepática, como el estadio final de cualquier enfermedad hepática crónica sea cual sea su origen o causa", precisa el doctor Núñez.

Sobre su relación con el alcohol, el especialista en aparato digestivo del Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid incide por tanto en que es un error el asociarla de forma exclusiva a pacientes con alcoholismo, y a un largo periodo de tiempo de ingesta de alcohol patológica.

"Muchos pacientes en el momento del diagnóstico están confundidos porque no han bebido alcohol, y no entienden que existen otras causas, o piensan que ellos no han bebido tanto como para tener esta enfermedad. Si bien en nuestro medio el alcohol es la principal causa de cirrosis hepática, solamente en torno al 20% de la población con un consumo patológico de alcohol la desarrollará", señala el doctor Óscar Núñez.

Por otro lado, avisa de que "los dinteles de consumo de alcohol que pueden provocarla muchas veces están dentro de lo que consideramos un consumo social y no patológico", sin ser conscientes del riesgo al que nos sometemos, por esta y otras muchas enfermedades asociadas a este hábito.

Tratamiento


En cuanto a su tratamiento, este especialista reconoce "que no existe", ya que en el momento actual, el tratamiento propiamente de la cirrosis hepática consiste fundamentalmente en tratar la causa, dado que, si se hace desaparecer o se controla ésta, parte de los cambios de la lesión hepática pueden ser reversibles.

"Ahora bien, una cirrosis hepática, salvo en estadios muy iniciales, es una lesión considerada no reversible. En todo caso, en una 'cirrosis compensada' el pronóstico a largo plazo es marcadamente mejor que si persiste la causa de la enfermedad, y en pacientes con cirrosis descompensada incluso se puede conseguir compensar la enfermedad", puntualiza Núñez.

Así, el pronóstico dependerá de lo avanzada que se encuentre la enfermedad y de si se han desarrollado complicaciones. En este sentido, el experto del Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid ve importante el diferenciar la 'cirrosis compensada', generalmente asintomática, de la 'función hepática preservada y sin complicaciones'.

En el caso de la descompensada, este especialista señala que presenta una baja expectativa de supervivencia en el corto plazo. En concreto, tiene lugar cuando el paciente presenta las complicaciones típicas asociadas a la hipertensión portal (sangrado digestivo por varices esofágicas, ascitis, encefalopatía hepática) o ictericia, u otras alteraciones asociadas a la insuficiencia hepatocelular.

Cómo prevenirla


En este contexto, este especialista recuerda que a nivel mundial la cirrosis es la duodécima causa de muerte, y la principal causa de desarrollo de hepatocarcinoma, o cáncer en el hígado, a su vez quinta causa de cáncer, y segunda en mortalidad por cáncer.

Con todo ello, el doctor en Medicina y Cirugía, y médico especialista en Aparato Digestivo del Hospital Nuestra Señora del Rosario de Madrid precisa algunas claves:

- Es necesario mantener una dieta saludable y equilibrada.

- Seguir un estilo de vida activo desde un punto de vista físico y evitar el sedentarismo

- La abstinencia de la ingesta de bebidas alcohólicas, fundamental.

- El cese del consumo de tabaco o cualquier otro tipo de droga. "Va a ser todo ello básico en el pronóstico de estos pacientes".

- Si existe una hipertensión portal significativa con desarrollo de varices esófago-gástricas se indicará un tratamiento farmacológico preventivo de hemorragia por su rotura.

- Una vez que la enfermedad está descompensada, muy avanzada, deberemos tratar de forma dirigida las complicaciones de la enfermedad, y determinar si el paciente es candidato a un trasplante hepático como medida de tratamiento.

"El realizar un trasplante hepático es una terapia que es considerada curativa, en muchos casos, pero no está exenta de importantes riesgos, y realmente será beneficiosa cuando la supervivencia esperable por la enfermedad sea inferior a la que un trasplante hepático puede ofrecer valorado de forma individualizada en cada paciente", concluye Núñez.

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