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Pensamientos de José Pascual
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José Pascual Prats Besó

Nací en 1962. Soy Ingeniero Industrial superior por la Universidad Politécnica de Valencia. Disfruto enormemente de la compañía de la familia y los amigos, y soy un hombre de costumbres sencillas.

Sobre este blog de Comunitat

Espero que mis artículos aporten a los lectores algunas ideas y temas de conversación.


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  • 14
    Marzo
    2017

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    SOCIEDAD Valencia Comunitat

    Todos queremos ser el primero de la cola

    He observado que en nuestra agitada existencia actual, gobernada muchas veces por una prisa innecesaria y una gran cantidad de actividades o tareas a realizar en poco tiempo, queremos ser en muchas ocasiones el centro del mundo y que lo nuestro esté lo primero. Hay muchos ejemplos cotidianos que me han hecho llegar a este pensamiento.

    Uno de ellos es cuando estamos en un bar o un restaurante, y nos indignamos a veces porque las personas que atienden no dejan todo lo que están haciendo para atendernos a nosotros, y decimos: “Cuanto tardan en servirnos la cena”. No somos capaces de pensar que hay otras personas que también están esperando su cena, y que tal vez en la cocina o el servicio de mesa están trabajando “a punta de látigo” para atender todo lo que se les ha pedido a la vez. Ciertamente hay establecimientos de hostelería donde trabajan con un gran desorden o dejadez y son realmente lentos pudiendo evitarlo, pero en otros casos se ve una gran voluntad por hacerlo lo mejor posible en las personas que atienden; pienso que es bueno ser comprensivo con quien trabaja bien. En muchos de estos casos ¿Tenemos prisa realmente? ¿Es un suplicio real la espera? En una cena lúdica con buenos amigos ese tiempo de espera no es nada más que un agradable tiempo de conversación más amplio ¿Moriremos de hambre en el acto si no está todo servido en 10 minutos? A mi por el momento no se me ha presentado el caso.

    Otro sitio frecuente de espera impaciente es en la consulta médica. En este caso el tiempo afuera se percibe muy distinto al tiempo cuando nos ha llegado el turno y ya estamos en nuestra visita con el médico. Nos molesta mucho un retraso de 20 minutos sobre la hora prevista, pero cuando estamos dentro no nos gusta nada que nos atiendan deprisa y corriendo casi sin escucharnos. Para que nos puedan atender bien puede ser necesario tener algo de paciencia con la espera. En una urgencia médica unos minutos pueden ser clave para salvar al paciente, pero en muchas visitas médicas esa urgencia “de cronómetro” no existe y se puede esperar sin peligro.

    La espera del autobús también puede llegar a ser como si fuera una espera angustiosa para huir en ese autobús de una catástrofe natural o de un conflicto armado. Existen aplicaciones de las compañías de transporte urbano que nos permiten saber a qué hora pasará el autobús (yo no las utilizo), y si el autobús se retrasa un minuto sobre lo previsto podemos irritarnos mucho ¿Tiene sentido realmente ese enfado? El Domingo pasado me contaron una anécdota de un país africano donde el servicio de autobuses no tenía ninguna regularidad; en un poblado simplemente sabían que el autobús pasaba “por la tarde” sin información más precisa de ello, y la gente iba a la parada y esperaba pacientemente charlando con el resto de personas que estaban allí. Les llamaba la atención la actitud de los blancos por su nerviosismo e inquietud en la espera, al verlos pasear de un lado a otro con impaciencia, y les preguntaban: ¿Crees que el autobús llegará antes porque tú estés enfadado? Pienso que no hay que negarse al progreso, y que es bueno haber conseguido un transporte público que funcione con regularidad, pero ¿Vale la pena realmente amargarse el día por unos minutos? ¿Nos están azotando con un látigo en la parada y cada minuto adicional es verdaderamente insufrible?

    Otro caso de prisa no contenida es la mensajería instantánea. Como su propio nombre indica, la queremos verdaderamente “instantánea”, y cuando mandamos un mensaje a alguien queremos que conteste de inmediato, que deje todo lo que está haciendo en ese momento para atender lo nuestro, que seamos el centro de su vida aunque sea por unos instantes. Nos cuesta comprender que tal vez tiene cosas más importantes que hacer, y que pueda tardar incluso días en respondernos, o que incluso no responda nunca porque nuestro mensaje se haya perdido mezclado con la inmensidad de mensajes con información superflua.

    En el trabajo de oficina a veces también ocurre. Alguien te solicita una información por correo electrónico y al cabo de cinco minutos te llama diciendo ¿Has leído mi correo? ¿Ya lo tienes? Es otra ocasión de posicionarse como el centro del mundo de nuestro interlocutor, dificultándole además con nuestra ansiosa interrupción que pueda cumplir con lo que nosotros le hemos pedido o con otras tareas que deba desempeñar.

    En nuestra veloz existencia la paciencia parece que ha dejado de considerarse una virtud, y “lo quiero todo y lo quiero ya”. Creo que merece la pena replantearse esta actitud ante la vida.

    Muchas veces un tiempo de espera puede ser un pequeño regalo para tener un tiempo de paz y de quietud, tiempo para sentir..., tiempo para contemplar..., tiempo para pensar... A fin de cuentas tiempo para esperar con esperanza lo que sabemos que llegará con gran probabilidad en el momento adecuado.

    Paciencia que todo llegará (o no...). Hagamos lo posible por disfrutar de las esperas que se nos presenten en lugar de utilizarlas como excusa para enfadarnos con alguien. Es un pequeño camino hacia la paz y el sosiego en la vida cotidiana.

     

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