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Antonio Ruiz Cano

Ex-Directivo de Empresas Públicas. Licenciado en Derecho y Graduado Social. Procuro ser objetivo en mis apreciaciones y fundamentar mis afirmaciones,con datos preexistentes, a ser posible contrastados.

Sobre este blog de Nacional

Reflexionar desde otra perspectiva y quizás diferente visión sobre los acontecimientos que nos afectan a los valencianos en todos los aspectos.


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  • 11
    Marzo
    2014

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    QUIN DESFICACI!! - ¡QUÉ SINSENTIDO!

    M'agradaria dir-los i a més en valencià tots els disbarats que es produïxen durant les festes falleres, però sóc conscient que esta qüestió no seria llegida pels ciutadans que viuen esta festivitat en major intensitat, els fallers, la major part dels quals no són d'ací, per eixe motiu continuaré en castellà perquè no vull escriure-ho només pels valencians que volen i respecten la nostra llengua.

    La verdad es que son tan numerosos y vergonzantes los desatinos y excesos de los asuntos relacionados con estas fiestas por las que los valencianos en general cada vez nos sentimos menos identificados y más avergonzados. Por este motivo sería posible y recomendable preparar un gran volumen por fascículos, ya que desde “la forma y contenido” en las que se fundamentan las ayudas municipales(http://www.fallasvalencia.es/fallas/noticia/ayuntamiento-abona-dos-partes-las-subvenciones-las-comisiones-falleras), hasta los “privilegios” que se otorgan a las comisiones en la utilización del dominio público o espacios comunes, pasando por la total arbitrariedad para consentir que “ninots clonados” aparezcan en cientos de “monumentos” de escasa o nula propuesta, argumentación, relevancia y valía a los que no les haría falta su “llibret” y que podríamos denominar de “corta y pega desechables”, hay material más que suficiente para hacer una auténtica falla con crítica, en una “sección muy especial”, a nuestras autoridades municipales.

    Exponer todas las trivialidades y triquiñuelas por las que se justifican las dádivas o prebendas que rodean el mundo de las fallas requeriría como he anticipado redactar un voluminoso libro que, por supuesto, no desmitificaría casi nada la parafernalia y vacuidad sin sentido con que se llenan gran número de sus actos, pero aclararía como tan alegremente y con qué requisitos tan escasos se consiguen ayudas y ocupación de calles y plazas de nuestras ciudades, por cualquier fiesta o motivo, incluso no relacionado con las Fallas, así pues he decidido, en esta ocasión, ceñirme a un sólo aspecto de esta fiesta que no consigo comprender, los insólitos barracones de fallas.

    Cuando empecé a ver esta invasión-ocupación de nuestras calles, pensé que existía una razón que justificaba las molestias a los vecinos, el riesgo de bloqueos a ambulancias y emergencias, los trastornos a servicios públicos de viajeros, conductores en general e incluso viandantes y, más aún, cuando las llamadas carpas no sólo se están perpetuando en estas fiestas, sino que incluso están ampliando año tras año su tiempo de permanencia en las vías públicas, pero la sorpresa, para mí, que jamás he estado vinculado a ese micromundo de los “casalets” ha sido mayúsculo por las razones que expongo a continuación.

    En principio creí que las carpas tenían como objetivo la realización de actos de interés general o cultural, como promocionar nuestras costumbres, lengua o fomentar el interés por las artes escénicas o interpretativas, tan arraigadas en la cultura valenciana o quizá para discutir o deliberar sobre los contenidos de crítica que debería plasmar la falla y así rescatar las esencias de esta fiesta en sus orígenes, pero no es así, el único proyecto que se exige, obviamente también importante, es el que se corresponde con la parte técnica y de seguridad del montaje de esta estructura temporal y, sus actividades son las que decide cada Comisión internamente para ellos mismos, es decir actos lúdicos de autocomplacencia y el buen yantar y más beber e interiorizar una fiesta, en principio popular, para hacerla de exclusivo disfrute de sus propias comisiones falleras.

    Me extrañaba que este uso abusivo de nuestras calles no hubiera sido contestado por Partidos Políticos, AAVV. u otras organizaciones culturales o de consumidores, pero he podido constatar que la federación de AAVV de Valencia ya hace algún tiempo que solicitó a nuestro Ayuntamiento limitar la utilización de estas estructuras, para armonizarlo con los derechos de los ciudadanos y el uso racional de nuestros viales urbanos sin que circular en nuestra ciudad suponga una carrera de obstáculos y en algunos supuestos riesgo para la vida de los ciudadanos (página 14 del periódico Levante del 10-03-2014).

    Lo más hiriente de cuanto he reflejado ha sido conocer que el gasto que ocasionan estos chiringuitos, cada vez por más tiempo, la costean todos los ciudadanos, es decir los mismos sobre los que se infringe las molestias y riesgos, ya que la corriente eléctrica utilizada para sus cámaras frigoríficas, equipos de música, megafonía, luces, etc., procede del alumbrado público. La prolongación del tiempo de permanencia de las carpas es, si cabe más incomprensible y dolorosa en esta época de crisis, en la que debe de procurarse lo contrario, es decir no efectuar un gastos sin sentido ya que no aportan nada a la fiesta y anima a mantenerse a algunas fallas que aparte de producir trabajo por la construcción del “monument” generan mucha más contaminación que “arte” (página 18 del periódico Levante del 04-03-2014).

    Por último, considero que moralmente es una atrocidad que nuestro Ayuntamiento soporte el gasto de este consumo eléctrico y las ayudas a tantas cuantas comisiones aparezcan, sin condicionar calidades de los monumentos, cuando centenares de valencianos tienen que comer en la Casa de Caridad o sus ingresos familiares y/o ayudas del Estado o la Generalitat no les permiten vivir dignamente ni encender ningún calefactor para que no tengan frio sus hijos ni personas mayores a su cargo, máxime cuando todo este sacrificio económico al que someten contra su voluntad a miles de valencianos sólo sirve a un fin electoral, como es mantener los votos cautivos de un puñado de falleros “panxacontents”.

     

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