03 de abril de 2016
03.04.2016
ALGO SE MUEVE

Una «kopita» de vino para llevar

Un joven emprendedor de Castelló ha patentado las copas de vino precintadas. Su producto es idóneo para eventos y emplazamientos donde está restringido el uso del vidrio o resulta incómodo llevar una botella de cristal. Bares y comercios de Castelló ya han empezado a comercializarlo y el reto ahora es que también se pueda servir en aviones, hoteles y festivales.

03.04.2016 | 12:40
El creador de Kopita, Alfonso del Río, en uno de los locales que comercializan su producto.

El vino es el mejor de los caldos para regar comidas y animar tertulias. El problema es que el formato habitual en el que se vende -una botella de vidrio de 0,75 litros- limita su consumo a determinadas situaciones y lugares. En casa, no siempre compensa descorcharlo si sólo se van a servir un par de copas y luego queda olvidado en un rincón de la cocina para, con suerte, terminar siendo aprovechado en algún guiso. Tampoco es una bebida cómoda de transportar para tomar en una salida campestre -a no ser que se use una bota- o, en general, en eventos al aire libre.

Lo sabe bien Alfonso del Río, un joven castellonense que ha trabajado en ediciones anteriores del Mesón del Vino, en las fiestas de la Magdalena. Conoce de primera mano los problemas que supone el vidrio en situaciones de gran aglomeración de gente: los cascos se rompen, con el peligro consiguiente para los comensales y la suciedad que genera. Tras darle muchas vueltas al asunto, la casualidad quiso que un día en Marbella Alfonso encontrara en un establecimiento vasos de plástico con vino precintados. Los vio y enseguida pensó que podían ser un buen producto para hostelería. Sin embargo, aunque el formato era práctico no invitaba a consumirlo. «La forma del vaso hacía que no identificaras qué tipo de bebida contenía», señala el empresario. Por ello, decidió mejorarla y diseñó las copas de vino precintadas.

El producto, al que ha bautizado como Kopita, acaba de salir al mercado y aunque la idea es sencilla a nadie en España se le había ocurrido antes. La copa en cuestión es de plástico PET -más transparente, seguro para productos alimentarios y reciclable-, se desmonta el pie para que ocupe menos espacio si se almacena o se transporta y lleva una tapa similar a la de los yogures que ayuda a conservar el vino en perfectas condiciones hasta que se desprecinta.

«Algunos puristas son reticentes porque creen que el vino se estropea al envasarlo en copa de plástico, pero lo cierto es que está hecho de manera que no se oxida ni evoluciona», señala el emprendedor, que no sólo ha cuidado los detalles del continente sino también del contenido. Se trata de un vino joven: un tinto de las variedades bobal y tempranillo y un blanco de uvas macabeo y moscatel. Procede de una bodega valenciana aunque la intención de Alfonso es trabajar también con productores de Castelló e, incluso, de otras comunidades. «Ya me han llamado de Andalucía para ver si podemos hacer lo mismo con el fino y venderlo en ferias», apunta orgulloso.

De momento, ya ha logrado colocar el producto en verbenas de las Fallas de Valencia, en establecimientos hosteleros de Benicàssim, Orpesa y Castelló -entre los que destacan las Tascas-, en el mercado central de la ciudad y en comercios locales. Su objetivo ahora es comercializarlo en empresas de catering, festivales, aerolíneas y hoteles, donde la «kopita» puede tener buena salida.

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