16 de diciembre de 2015
16.12.2015
Tribuna

Miradas de cuatro años

El problema nunca ha sido la crisis, sino la forma de resolverla y, ahora hace cuatro años, la ciudadanía pensó que mejor cambiar de gestores para abordar una situación tan difícil

16.12.2015 | 00:48

Pero esos nuevos gestores, con su mayoría absoluta a cuestas, aprovecharon el vendaval económico para poner patas arriba las condiciones de vida de la gente y poner de manifiesto que la crisis no era otra cosa que el deseo de los poderosos de ganar más y más, olvidando el principio de la solidaridad.

Por eso, el nuevo poder elegido decidió resolver el problema de los desahuciados desde el punto de vista del desahuciador, el problema de la economía desde el punto de vista de los ricos, el problema del paro desde el punto de vista del contratador, el problema de los derechos desde el punto de vista del blindaje del propio poder, el problema del malestar social desde el punto de vista del orden y el inmovilismo, el problema de los refugiados desde el punto de vista del egoísmo, el problema de la corrupción, disimulando, y desde el punto de vista del corrupto.

Y ha jugado esta partida con los naipes marcados haciendo ver que la única solución es que ellos ganen y sigan ganando, eso sí, modificando el lenguaje para camuflar la realidad.

Llaman puesto de trabajo a lo que no lo es, dicen que la emigración desesperada es movilidad laboral, dicen que el asesinato de mujeres es violencia de género, dicen que mejoran la enseñanza aunque su ley está cuestionada por todos, y otras afirmaciones de ese tipo.

Manipulan las estadísticas

Luego manipulan las estadísticas, siguen aumentando sus beneficios, y eso significa para ellos, que la crisis se disipa cuando, lo cierto es que se ha quedado anclada en las entrañas de los más débiles.Lo que ocurre es que hay otros puntos de vista, siempre hay otras maneras, con solidaridad, con apoyo, con justicia, con equilibrio, con reconocimiento de cada situación, con equidad.

Hay otras formas de entender la realidad que se empeña en ser real, pero el poder no quiere, prefiere mirar para otro lado, mientras le dejemos.

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