Paul Bowles, cien años al margen

27.10.2010 | 07:30

R. Ventura Melià

El primer centenario del compositor y escritor norteamericano Paul Bowles (30-10-1910) puede pasar sin pena ni gloria con Palau de les Arts, Palau de la Música, Institut Valencià de la Música, tres conservatorios y tres universidades. Ninguno ha previsto ni un solo acto por uno de los más personales compositores norteamericanos de la vanguardia del siglo XX, uno de los pocos que conoció España, se inspiró en su música y hasta creó dos óperas basadas en textos de autor español. Sevilla dedicó un ciclo de cine en 2009, Málaga, un congreso en 2010; Lisboa ha celebrado unos encuentros internacionales, en Boston se ha puesto en escena este mes la ópera Yerma y en Tánger hay una exposición y otros actos desde hoy mismo.
Pero esas ciudades son diferentes, en sus escaparates están las reediciones de todos sus libros. Se reeditan sus grabaciones. ¿Dónde las ven ustedes? No hay sitio aquí para la música de Paul Bowles, da lo mismo si era el músico preferido de Orson Welles, Tennessee Williams, Oliver Smith, Joseph Losey, Elia Kazan… da lo mismo para los gerentes, programadores y directores de los teatros líricos. Están en manos de las agencias. Vendidos o comprados. Ignoran que compuso The wind remains (Así que pasen cinco años), en 1943, basándose en ritmos de la zarzuela española, y en la obra de García Lorca, y que luego compuso Yerma (1958), del mismo dramaturgo de Granada, y si fue el primero del mundo en adaptar sus obras a la ópera, o que había utilizado música española, o mexicana, y había conocido a Revueltas. No importa si tiene conciertos para piano magníficos. ¿Que ha hecho la música de más de 32 obras famosas? Será de minorías… No sé si pueden ignorar que ha escrito novelas, memorias, cuentos. ¿Saben que está traducido al español desde 1954? Quieren pasar por cultos…
Pueden pasar y pasan. ¿Es moda? No. Bowles había estudiado con Nadia Boulanger en París, también con Aaron Copland, y trabajó con Virgil Thomson, fueron compañeros de conciertos históricos (como el que sale en la película Cradle wild rock de Tim Robbins). Si éste es el primer centenario, podemos esperar al segundo para que la música de vanguardia norteamericana del siglo XX llegue. Nos hemos quedado con Gershwin, gracias al cine supongo, y nada más. Lo de West side story sí que llega, y hasta tres veces. ¡Y Hello Dolly! Es la cultura de masas, pero aquí con subvención.
El pasado 16 se reponía Yerma en la ópera de Boston —el estreno absoluto de 1958 fue en Denver, el de The wind remains tuvo lugar en 1943, en el Moma. ¿Y aquí? Inéditas. No ha lugar. Podemos esperar al 150 aniversario. Los 100 de Mahler, en España, no se celebraron. Ahora son mahlerianos. Hay un virus. ¿Música contemporánea? ¿Del siglo XX? ¿En Valencia? No, gracias. Tenemos el orgullo de ser ignorantes hasta la médula y locales hasta las cachas. Si nos va bien así, nos moriremos siéndolo. ¿Y qué? Si comen del pesebre veinte años. Están satisfechos.

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