Frente polar

06.11.2013 | 03:06

Enrique Moltó

En los últimos años la teoría frontológica de la escuela noruega de Bergen ha perdido adeptos porque, evidentemente, no es capaz de explicarlo todo, pero resulta muy didáctica. Cuando el no entendido lea lo de frente polar se creerá equivocadamente que nos referimos a un frente de borrascas que se dirige directamente desde el polo. Su principal área de influencia son las fachadas occidentales de los continentes en los dos hemisferios en latitudes medias, con oscilaciones estacionales y ocasionales, pero que suele afectar en distinto grado a diferentes partes de la Península Ibérica, sobre todo a la mitad occidental. En pleno océano el contraste entre dos masas de aire de temperaturas distintas y, por tanto, de densidad contrastada, una cálida, llamada «tropical marítima», al sur, y una fría, llamada «polar marítima», al norte, origina un línea de inestabilidad. Las denominaciones de polar y tropical son quizás un tanto exageradas. Esta línea «horizontal», que circula siempre de oeste a este, tiende a ir curvándose cuando la masa de aire más cálida sube de latitud y se mete a modo de cuña entre la masa de aire frió, que queda en el sector anterior y posterior de esta masa cálida, Se configura así un triángulo abierto con dos frentes de inestabilidad. El delantero, frente cálido, contrasta la masa de aire cálido central con la fría anterior, y provoca lluvias débiles a moderadas persistentes. Una vez pasa está primera línea el territorio que queda en el medio experimenta una subida de temperaturas, ayudada por vientos de componente sur, e incluso, según los casos, una estabilidad transitoria. A «gran velocidad», se acerca por detrás la segunda línea de contraste de este triángulo abierto, que separa la masa cálida central de la fría posterior, el frente frío, que provoca chubascos más moderados y fuertes que el anterior pero de menor duración y una rápida bajada de temperaturas tras su paso, ayudada por vientos del norte. Todos estos contrastes térmicos y de densidad, sumados a otros factores locales, como el relieve, originan los vientos moderados a fuertes y los cambios de tiempo y temperatura que son tan característicos de estos días. Esta vieja teoría no es perfecta pero ayuda a entender que el tiempo no está tan loco ni es tan inexplicable.



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