No es lo mismo predicar que dar trigo

18.11.2013 | 00:51

Emili Villaescusa

El pasado 25 de septiembre, las Corts aprobaron por unanimidad instar al Consell de la Generalitat a elaborar un Plan de Impulso y Extensión del Cooperativismo, con dotación presupuestaria suficiente para el ejercicio 2014. Asegura en su acuerdo la institución cameral que la promoción del cooperativismo es oportuna "dados los resultados positivos que la fórmula cooperativa ha tenido en esta crisis en comparación con otras fórmulas societarias".

Esta noticia fue celebrada por las cooperativas como un reconocimiento de los grupos parlamentarios de que se necesita otra forma de hacer empresa; como un compromiso explícito, más allá de colores políticos, con un modelo que funciona, que genera empleo de forma sostenida; y, lo más importante, como una prueba de que estamos consiguiendo que se asocie el cooperativismo con un estilo de organización que, con paso firme, sabe y puede llegar muy lejos.

Este plan podría constituir un punto de inflexión, un salto desde el terreno de los gestos al de los hechos, cuyo éxito dependerá tanto de sus contenidos como de su perdurabilidad. Desde luego, cualquier hoja de ruta seria de promoción del cooperativismo debe incorporar herramientas efectivas que contribuyan al desarrollo de las cooperativas y al equilibrio de la cadena de valor. La Confederación se ha ofrecido como interlocutora para trabajar junto al Consell con el objetivo de que el cooperativismo aparezca como una apuesta clara en las políticas de emprendimiento, que participe abiertamente en el diálogo social, y que sea un aliado en la prestación de servicios a la ciudadanía por medio de colaboraciones público-privadas en materia de educación, sanidad o servicios sociales.

En este sentido, esperamos un plan comprometido, que incorpore políticas pensadas y gestionadas desde la proximidad, transversales, así como estilos de gobierno y gestión participativos como los que imperan en las cooperativas. Por eso, su planteamiento no debe limitarse sólo a las tradicionales líneas de apoyo al cooperativismo, sino que ha de contemplarse como una "actitud" del gobierno, interiorizada, que alcance todas las áreas y actuaciones del Consell. Y, por supuesto, establecer mecanismos de coordinación con otros agentes y actores socioeconómicos para asumir juntos la responsabilidad de recuperar la senda del progreso y del bienestar social.

Pero todo este esfuerzo en la formulación del plan no tendrá ningún sentido si no se hace una apuesta política económica a largo plazo, que comprometa más allá del partido en el Gobierno, para garantizar el asentamiento de este modelo de crecimiento futuro. El Consell tiene ante sí una excelente oportunidad para recoger el testigo que le acaban de brindar las Corts, máxime en un momento en que se está abriendo paso una nueva cultura empresarial en la que prima un cambio en la forma de entender las relaciones económicas y laborales.

Efectivamente, para que el anunciado plan no se quede en papel mojado, se necesita un respaldo presupuestario, como la propia resolución de las Corts señala. Sin embargo, conocido ya el anteproyecto de presupuestos para 2014, nos encontramos con que la dotación económica de la Generalitat para apoyar el fomento del cooperativismo ha experimentado un recorte superior al 25% respecto a la de 2013, continuando con una tónica de "ajustes" que ha hecho que el presupuesto para este fin se reduzca más de un 65% desde 2007. Francamente, parece complicado. Aun así, como siempre, las cooperativas estaremos al lado de quien muestre voluntad de desplegar iniciativas orientadas a fortalecer este modelo empresarial cuyos objetivos prioritarios no son otros que generar empleo estable, cohesionar el territorio y promover la responsabilidad social. Algo que, sin duda, constituye un interés general para la Comunitat Valenciana.

Presidente de la Confederación de Cooperativas de la Comunitat Valenciana



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