Nos toman por cucarachas

19.11.2013 | 05:30

Juan José Millás

Los animales que más asco nos dan son aquellos a los que más partido sacamos. Fíjense en la rata, el animal preferido de los investigadores. Un laboratorio sin rata es como una cocina sin perejil. Qué digo como una cocina sin perejil; como unas judías con bogavante sin bogavante. La idea de laboratorio lleva incluida la de rata. Y la de rata, la de laboratorio. Personalmente, hace años que no puedo imaginar una rata sin la permanente. Llamo permanente a esos electrodos que les ponen en la cabeza y que sirven a los científicos para saber en qué piensan (en qué piensan las ratas, no ellos). Tuve de pequeño, en mi añorado y temido suburbio, una familiaridad con estos roedores que los investigadores han logrado hacer añicos. ¿Y por qué la rata es carne de experimentación? Porque se parecen mucho a nosotros. No digo físicamente, excepto por el peinado (mi tía Filomena también llevaba rulos), sino psíquicamente. Lo leí en un ensayo: forman familias muy parecidas a las nuestras, con cuñados y con abuelos y con primos. Además, también son caníbales. La diferencia es que una rata solo se come a otra cuando está muerta. Nosotros nos devoramos vivos. Bajarle el sueldo a alguien un 40 % porque sí, de hoy para mañana, es como extraerle el hígado y darle un bocado.
Lo de las ratas viene a cuento de las cucarachas, valga el rodeo. Las combatimos (a las cucarachas) con toda clase de armas, incluidas las químicas. Los insecticidas son puro napalm, puro gas mostaza. Afectan a la respiración. Las cucarachas respiran dentro de esa especie de ataúd que tienen por endoesqueleto. No pueden escapar de él. Se asfixian en su interior si poder siquiera convulsionarse, pese a lo que alivia una buena convulsión. Mucho asco, vale, pero de ellas hemos deducido el chip. El chip es lo más parecido a un grillo, otro animal de la misma familia. Ahora acaban de inventar las cucarachas a control remoto. Les colocan sobre la espalda una especie de mochila pequeña, repleta de circuitos, y las dirigen con un mando a distancia. Solo que en lugar de hacerlas cambiar de canal, las hacen cambiar de idea. Están buscando el modo de hacernos cambiar de idea. Nos toman por cucarachas.



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