16 de agosto de 2016
16.08.2016

Antibióticos en la granja

16.08.2016 | 04:15

La resistencia a los antibióticos es actualmente una amenaza seria para la salud pública. Muchas de las bacterias que originan infecciones graves en las personas son cada vez más resistentes a los antibióticos que tradicionalmente se han utilizado para su tratamiento, lo que ocasiona la muerte de más de 25.000 personas al año en Europa y un coste superior a los 1.500 millones anuales. La causa no es otra que el elevado volumen de antibióticos que se utiliza: cuanto mayor es su volumen, más probabilidad de que aparezcan poblaciones de bacterias resistente.

El excesivo e inapropiado uso de los antibióticos en humanos es la principal causa de este preocupante incremento de las resistencias antimicrobianas, pero no la única. Existe una creciente evidencia sobre la vinculación entre el uso de antibióticos en ganadería y las resistencias en humanos. Las bacterias resistentes en los animales se transmiten a los humanos por los alimentos y el medio ambiente, por lo que juegan un papel relevante para la salud humana.

En muchos de los países desarrollados la mayor cantidad de antibióticos no se prescriben en hospitales o centros de salud, sino en las granjas para el tratamiento rutinario de los animales, siendo los cerdos y los pollos las especies que reciben mayores dosis. En Estados Unidos más del 70 % de los antibióticos se consume en las granjas, y en Europa se venden más de 8.000 toneladas al año. España está a la cabeza en el uso de antibióticos en la producción ganadera europea, con un 27 % del total en 2013, destacando las ventas de tetraciclinas y penicilinas. En los países europeos, entre un

50-70 % de bacterias como Salmonella o E. Coli aisladas en cerdos o pollos son resistentes a estos antibióticos.
Los antibióticos se utilizan en la ganadería intensiva principalmente para prevenir y tratar las enfermedades de los animales, y se suministran con los piensos (cerdos) o en el agua (pollos). El uso preventivo de bajas dosis a grandes grupos de animales durante unos tiempos pautados, es difícil de distinguir, en la práctica, del uso para promover el crecimiento, que está prohibido en Europa, pero autorizado en otros países como EE UU. De hecho, desde la prohibición de los antibióticos como promotores del crecimiento en 2006, no ha disminuido su consumo al crecer el uso profiláctico.

Es obvio que el tratamiento con antibióticos de las infecciones bacterianas en animales es esencial para proteger su salud y bienestar, y para garantizar la producción de carne. No obstante, su uso podría reducirse mejorando la higiene y el manejo de las granjas. Del mismo modo debería prescindirse de aquellos que son esenciales para el tratamiento humano, y controlar su diseminación en el medio ambiente. Sin embargo, el uso rutinario de antibióticos en animales con propósitos meramente preventivos puede ser innecesario y evitable, y debería eliminarse progresivamente, siguiendo las recomendaciones de distintos organismos internacionales.

Las directrices de la OMS, de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y los programas nacionales permiten avanzar en la reducción del uso de antibióticos en las granjas. Paralelamente las asociaciones internacionales de consumidores abogan por acelerar los cambios, implicando a las grandes empresas de distribución y restauración para que utilicen su poder de compra y se comprometan a exigir a sus proveedores carnes de animales no tratados rutinariamente con antibióticos. Estos compromisos son sin duda claves para abordar con mayor eficacia y rapidez el problema global que para la salud pública representan las resistencias antimicrobianas, y serian un claro ejemplo de compromiso social de estas compañías.

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