19 de mayo de 2017
19.05.2017
Opinión

¿Qué sentido tiene aplicar la ley de Memoria si no hay una reparación de las víctimas de la dictadura?

19.05.2017 | 14:34

En estos últimos días ha aparecido en la prensa, en grandes titulares, que el Ayuntamiento de València procederá a cambiar 51 calles con denominaciones franquistas en cumplimiento de la Ley de Memoria, de las cuales el 50% llevarán nombres de mujer.

A priori parece un acto digno, una deuda pendiente que la ciudad de València mantenía con la defensa de libertad y la democracia pero, ¿cómo se van a ser esos cambios?

De estas 51 calles sólo algunas hacen referencia a personas más o menos relevantes que destacaron durante la Segunda República Española o la dictadura en distintos campos, tales como la literatura, la política o la enseñanza, como por ejemplo Federica Montseny que fue ministra de Sanidad y Asistencia Social del gobierno de Largo Caballero. También es cierto que se contempla una Plaza para las 13 Rosas, en recuerdo a un grupo de jóvenes, en su mayoría miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), fusiladas por el régimen franquista en Madrid, el 5 de agosto de 1939, poco después de finalizar la Guerra Española. Sus edades estaban comprendidas entre los 18 y los 29 años.

Además se prevé resignificar otras, las cuales mantendrán su nombre pero en los expedientes de designación se eliminarán las referencias franquistas.

Dicho todo esto, no me queda más que mostrar malestar. Cuando se adoptan medidas en cumplimiento de una ley, en este caso de Memoria, no debe quedar duda que ésta se aplica de manera rotunda y eficaz, donde no quede resquicio alguno que pueda contradecir a la ley o que genere confusión. Además en este caso concreto que nos abarca, ¿Qué sentido tiene aplicar la ley de Memoria si no hay una reparación de las víctimas de la dictadura? Según el Real Decreto 1791/2008, de 3 de noviembre, sobre la declaración de reparación y reconocimiento personal a quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la Dictadura: (€) "la democracia española honrará a aquellos ciudadanos que padecieron directamente la injusticia y los agravios derivados de la Guerra Civil y de la Dictadura franquista (€). Por su parte, la disposición final primera de la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, habilita al Gobierno y a sus miembros, en el ámbito de sus respectivas competencias, para dictar cuantas disposiciones sean necesarias para el desarrollo y aplicación de lo establecido en la Ley."

Evidentemente no se está haciendo un acto de reparación íntegro en este intento de agradar a "todas las partes" por parte del Ayuntamiento de València. Se pretende con esta remembranza matar varios pájaros de un tiro. Por un lado rebautizarán algunas de estas vías con nombres tales como: Marie Curie (científica de la primera mitad del S.XX), Olympe de Gouges (filósofa del S. XVIII) o la gran y desconocida impresora valenciana del siglo XVI Jerónima Galés haciendo un guiño al feminismo. Por otro lado, algunas personas destacadas en la cultura valenciana como: el escultor Andreu Alfaro (1929-2012), el escritor Joan Fuster (1922 - 1992) o el pintor gótico del S.XV Joan Reixach. Por último se inscribirán en los callejeros nombres genéricos como calle de La Ilustración, de La Poesía, de La Fotografía o del Cine. Todo una miscelánea de nombres con los que se pretende no cumplir con el objetivo de la ley de memoria, es decir, una voluntad clara de reparación a los perseguidos, asesinados, represaliados, depurados, exiliados,... por una dictadura que duró casi 40 años y que aún se sigue legitimando de manera directa o indirecta.

Si bien es cierto que en la Orden de 6/11/2008 por el que se publica el Acuerdo del Consejo de Ministros, por el que se dictan instrucciones para la retirada de símbolos franquistas en los bienes de la Administración General del Estado y sus organismos públicos dependientes, sólo hace alusión a que tipo símbolos y calles afectaría la ley, sin hacer referencia alguna a si deben ser sustituidos por otros concretamente, dejando tales decisiones a tenor de los organismos competentes creo que es obvio que deben ser remplazados (en el caso que nos ocupa las calles) por nombres de mujeres, hombres, lugares o hechos, que sin atisbo de duda se identifiquen con la democracia secuestrada y aniquilada por un férreo régimen autoritario cuyos pilares fueron el nacionalismo español excluyente, el catolicismo y el anticomunismo, que sirvieron de apoyo a una dictadura militar autoritaria que se autoproclamó como «democracia orgánica» en oposición a la democracia parlamentaria.

Toda esta indefinición del consistorio valenciano, no es más que un claro síntoma de padecer síndrome de franquismo sociológico, donde se evidencia la pervivencia de rasgos sociales propios del franquismo y al que se le sigue temiendo.

Se podrían haber evitado las críticas de los sectores más recalcitrantes de la sociedad valenciana, si en lugar de anunciar que cambian las calles aplicando la Ley de Memoria, simplemente las hubieran cambiado por cuestiones de buen gusto.

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