15 de febrero de 2018
15.02.2018

El txakolí de viento Sur

15.02.2018 | 04:15
El txakolí de viento Sur

En Euskadi se ha mantenido desde antiguo la tradición de elaborar vinos en los caseríos en lugares que ofrecían microclimas en los que, aunque las horas de sol eran limitadas, se conseguían unos vinos de marcada personalidad. Hasta hace poco los txacolís tradicionales eran vinos blancos muy ligeros, de poca graduación, marcadamente ácidos, que en algunos casos conservaban un ligero contenido de gas carbónico natural, aunque también se elabora una pequeña cantidad de vinos tintos. Los efectos del Cambio Climático Global les están ayudando un poco, cada vez tienen más horas de insolación y con una adecuada viticultura las uvas maduran bien. Mientras a principios del otoño en el Mediterráneo hay riesgo de que se produzca la devastadora «gota fría» en el País Vasco suele soplar viento de Sur, lo que últimamente está permitiendo que el momento de vendimia tenga lugar en pleno mes de octubre.

El caserío Aretxabala, propiedad de la familia Abando Moyua, alberga la bodega Astobiza, con 10 hectáreas de viñedo en producción integrada a su alrededor, en el extremo Norte de Álava, muy cerca de la costa que imprime el carácter del Cantábrico a los vinos. Allí hacen un txakolí blanco, el Astobiza, un rosado hecho a partes iguales con Ondarrabi Zuri (blanca) y Ondarrabi Beltza (tinta), y se atreven hasta con un Vendimia Tardía de la varietal Gros Manseng, que tiene la piel gruesa y resistente, pero no deja de tener mérito aguantar los racimos en la cepa hasta que las vendimian en noviembre.

El vino más especial que elaboran es el Malkoa, hecho con uvas bien maduras de Ondarrabi Zuri procedentes de una única parcela. La etiqueta del vino la firman los enólogos Ana Martín y José Hidalgo, del que han hecho 6.516 botellas. Este de 2015, a diferencia de los de añadas anteriores, sale con 2 años de crianza con sus lías finas en depósito de hormigón de forma ovoide. La acción de la termodinámica y la ausencia de cargas electroestáticas de este material hacen que las manoproteínas de las paredes celulares de las levaduras que lo han fermentado se mantengan en un constante y lento movimiento. Su efecto es beneficioso para el vino ya que tienen acción antioxidante, dan volumen en el paladar, sensación untuosa y aportan matices de sabor. En este tiempo su importante acidez que le da longevidad también se pule y se hace más agradable al paladar. Los aromas que evoca el paisaje de su entorno parecen concentrarse en este vino de color amarillo pajizo, con recuerdos a plantas aromáticas frescas, balsámicos, cítricos (pomelo). En boca se muestra intenso, muy fresco, sabroso, cítrico, con un final largo, amargoso, con notas minerales. Nuevos txakolís que alcanzan cotas de calidad sorprendentes.

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