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FIB 2014

En busca de chatarra tras el FIB

Decenas de personas necesitadas han acudido estos días al recinto del FIB para conseguir enseres y ropa

En busca de chatarra tras el FIB

En busca de chatarra tras el FIB

El lunes después de la celebración del Festival Internacional de Benicàssim (FIB) es sinónimo de despedida de los miles de «fibers» que se han alojado en las zonas de acampada durante esa semana. Además, es casi una tradición, desde hace años, que muchas personas ajenas al festival se congregan junto a estas zonas para poder acceder y sustraer lo que han dejado los asistentes.

A pesar de que la estampa es habitual año tras año, lo que comenzó siendo como una manera de conseguir una tienda de campaña o una nevera para poder decir a los amigos que «lo he conseguido del FIB», este acto de recoger las sobras de los «fibers» se está convirtiendo en una necesidad para muchas personas.

Tal es así que, en el momento en que la Guardia Civil y miembros de seguridad dejaron de controlar todo el perímetro de Campfest durante la tarde noche del lunes, varias personas necesitadas fueron a la zona a intentar conseguir ropa, chatarra e incluso se vio a gente buscando comida.

Esta gente se mezcló con las personas que siguen acudiendo para obtener una nevera portátil para poder llevársela a la playa o una tienda de campaña para el próximo festival que acuda. Pero, tal como informaron miembros de la Policía Local que controlaron la zona para que no hubiese ningún incidente, «ha habido gente que se ha llevado hasta comida y sillas de picnic para luego poder vender el aluminio o hierro».

El control de las zonas de acceso por parte de miembros de la seguridad privada del festival no fue ningún impedimento para que estas personas pudieran acceder al recinto y comenzar a buscar los mejores objetos para llevarse, «y aunque estemos nosotros, ellos encuentran sitios para entrar porque la zona es muy hay huecos para entrar o saltan la valla». Durante la mañana de ayer, la vigilancia siguió estando presente en los accesos porque es ahí donde los trabajadores guardan sus enseres, pero el resto de la zona siguió estando poco observada.

Por ello se podía ver a alguna persona accediendo al recinto para ver si aún quedaba algo de provecho. «Vine ayer por la tarde, pero no me dejaron entrar y ahora he vuelto para ver si encuentro alguna cosa», indicó un hombre de mediana edad que accedió al recinto sin ninguna dificultad. Añadir que, antes de que comenzara la entrada de gente ajena a la acampada, se recogieron algunos de los objetos que estaban en mejor estado para destinarlos a asociaciones caritativas.

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