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Almassora busca regular la actividad en los casales sin aumentar las multas

Casanova busca fórmulas que permitan compaginar el derecho al ocio de los usuarios con el obligado respeto al descanso de los vecinos

Almassora busca regular la actividad en los casales sin aumentar las multas

Almassora busca regular la actividad en los casales sin aumentar las multas

«Me gustaría regular las condiciones de uso de los casales». Así expresó el alcalde de Almassora, Vicente Casanova, su intención de buscar soluciones a los conflictos que enfrentan a los vecinos de la Vila con los usuarios de algunas collas. El primer edil incidió en las dificultades legales para limitar la actividad en estos recintos y descartó incrementar el coste de las multas por causar molestias a los residentes.

Tal como recordó el munícipe en ese sentido, «un casal no es una actividad a menos que venda bebidas», por tanto, sus responsables pueden acogerse al derecho de reunión sin necesidad de tener que pedir permiso a las autoridades competentes para abrir las puertas de los diferentes locales siempre que lo deseen ni estar inscritos en ningún registro.

Los límites de estos usos son los que marca la actual ordenanza municipal de convivencia ciudadana, pensada para garantizar de forma simultánea el derecho al descanso de los vecinos.

Molestias y sanciones

Las quejas y denuncias interpuestas por los agentes de la Policía Local confirman que éste se vulnera en Almassora durante las dos semanas de fiestas patronales, pero también fuera de esas fechas. «Las denuncias siempre son por molestias», ratificó el primer edil de la localidad. En su intervención se mostró comprensivo con los chavales que alquilan estos locales como forma de ocio. De hecho, descartó que el equipo de gobierno tenga previsto incrementar el coste económico de las sanciones (200 euros en caso de falta leve y 750 euros para reincidentes). «Creemos que el importe actual es suficientemente alto», consideró.

La AAVV La Vila, por el contrario, reclama un endurecimiento de las multas en busca del efecto disuasorio para los usuarios de estos locales.

No obstante, Casanova instó a los usuarios de las collas a mantener una relación sana con el vecindario, así como a mostrarse respetuosos ante las quejas y a reducir los niveles de ruido en caso de que lo soliciten los afectados, con independencia de la hora del día o la noche en que éstos se produzcan. «Lo que no se puede es molestar», añadió Casanova, y apeló al sentido común para evitar que los conflictos entre las partes se enroquen.

La problemática tiene su foco principal en la Vila, dado que el casco antiguo alberga un buen número de viviendas alquiladas o prestadas a jóvenes como centro de reunión habitual. No obstante, otros locales dispersos por el resto del municipio también están en la misma situación: la difícil regulación jurídica.

A falta de imponerse el sentido común y la responsabilidad de los usuarios, indicó el alcalde, otros municipios buscan fórmulas alternativas, soluciones que el Ayuntamiento de Almassora «podría valorar» para atender la reivindicación de los vecinos del casco antiguo. Como ejemplo, en las tres semanas posteriores a las celebraciones de octubre, la Policía Local recibió cerca de una decena de llamadas de vecinos quejándose de la actividad de los casales dentro y fuera de la Vila, tanto entre semana como sábados y domingos. Los agentes sancionaron a un total de siete collas, una de ellas en dos ocasiones. En la semana grande, seis peñas acumularon 13 denuncias en los 41 servicios que prestó la Policía Local precisamente por este motivo.

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