10 de marzo de 2018
10.03.2018

Triunfó el toreo que pedía el público

El Juli y Talavante desorejan en una tarde en la plaza de Pérez Galdós de Castelló sin demasiado fondo que rozó el lleno

09.03.2018 | 22:59

La segunda del cuarteto de corridas que cerraba la feria de la Magdalena en Castelló coincidía con el primer cartel repleto de figurones del toreo. Acartelados tres toreros que el año pasado demostraron compromiso en nuestra plaza. Se masticaba tarde importante en los aledaños, las ganas del respetable por saludar y tocar a los protagonistas provocaban una entrada lenta y accidentada al tendido.

Pasó el que abría plaza por delante del caballo que guardaba puerta lo que sirvió para que El Juli cambiara el tercio. El caballo titular se fue de gratis al patio de cuadrillas, el suplente casi. Quitó el madrileño con gusto por chicuelinas, él sabe. Tenía que ser el torero quien pusiese fin a las tandas puesto que el toro no se cansaba de seguir la muleta. Enclasado, noble y celoso el primero a los derechazos templados del Juli, no necesitaba alargar el muletazo ya que lo hacía el burel de forma innata. Se pegaba a la panza de la muleta también por la zurda. Menos vistoso. Sin fin el primero de El Juli, el toro iba donde quería el experimentado torero. Luquesinas con la muleta invertida para cerrar al toro y llenar los tendidos de aplausos. Mató de estocada caída, como siempre poco ortodoxa, que llevó al toro a morir donde le pedía su poca bravura, a toriles. Dos orejas que sonaban a demasiado.

En su segundo, el cuarto de la tarde, sorprendió Julián a la plaza al recibirlo de larga cambiada con las rodillas en el albero. Llegó también el toro al caballo antes de que este último llegara a su sitio. Echó mano Juli a la esclavina para quitarlo por zapopinas y tres medias larguísimas que pusieron al público a los pies del torero. Volvió a ponerse genuflexo, y a mi ojiplático, entre las dos rayas para torear y dejar al toro al centro de la plaza. Faena poco lucida que guindó con tres pases de pecho de pitón a rabo. Trabajó al toro de cara a la galería dejando la pierna de salida detrás de la entrada. No todos lo ven. Media estocada en el hoyo de las agujas que fulminó al cuatreño. Otra oreja. Salió barbeando tablas el segundo. Mal presentado. Se despistaba el toro para no ver al caballo, puyazo protocolario sin oficio ni beneficio. Recelaba la muleta el burel sin llegar a los tendidos, desarmó a Manzanares y se dejaba, sin llegar por la izquierda. Mató de estocada trasera que llevó al toro a doblar también en toriles, manso. El quinto de la tarde era alto de cruz, fino de pecho y abrochadito de cuernos. Cargaba la suerte José Marías Manzanares en la entrada del toro en la muleta, nada más, el resto pierna de salida atrás tanto por un pitón como por el otro. Estocada bastante caída que le valió la oreja que antes le denegaron, ¿antes no y ahora sí? No sé; o sí o no.

Talavante dice siempre la verdad. Si hay, hay. Y si no hay, no hay. Levantó pronto los olés en su primero sin hacer demasiado (la gente lo quiere). Toreó con la franela adelantando la cadera y llevando los vuelos de la muleta arriba para mantener en pié al de Garcigrande. Dos pinchazos hondos y una estocada tumbaron al tercero que acabó cuándo el público ya masticaba la merienda. Bien armado aunque cómodo hizo su aparición el que cerraba plaza. Saludó con aires mexicanos el torero extremeño rematando con la vista en los tendidos. Justificó este último el cheque a la cuadra de Navarro, los cinco anteriores no necesitaban puya. Aplaudieron los asistentes al picador, no fue excelente la puya, pero recordó al público que no era una novillada sin picadores lo que había en los corrales. No tuvo demasiado orden la lidia aunque permitió a Trujillo desmonterarse tras dos pares normalitos para un banderillero de ese nivelón. Mezcló Talavante con gusto en la salida muletera, derechazos con arruzinas (otra vez el México que gusta), acoplando un pase de las flores que venía al querer. Toreó a su gusto el extremeño, y cuando un torero lo hace a su gusta, gusta a todos. Naturales cálidos y temperados rematando por faroles, pases de pecho y desdenes mirando a un público que se entregaba. Por el diestro embistió el toro, bueno para torearlo y noble aunque sin bravura, uno de Domingo Hernández como tantos otros que afortunadamente hemos visto. Cerró al toro Talavante sin querer, se lo pidió el toro. Mató de puñetazo trasero que le valieron las dos orejas. El respetable aplaudió al toro en su arrastre.

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