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Paté de campaña

Psyche inversa

Sin caer en el error de hacerles propaganda gratuita, ya puede juntarse el sol y l a tierra que no pienso suscribirme nunca a esas operadoras de telefonía móvil que me fustigan a la hora de comer con profusión de regalos a cambio de mi fidelidad. No es ya el cabreo porque disponen de mi número privado sin que yo lo haya facilitado, que también, es que me molesta tanta insistencia pese a mis negativas. No es exactamente psicología inversa porque el emisor no busca esa respuesta comercial negativa las más de las veces acentuando mi molestia, pero sea como fuera han despertado en mi una inflexible reacción defensiva al sentirme coartado en mi libertad individual.

Digo yo si tantos votantes no acusarán ese mismo agobio ante los mensajes de terror que nos lanzan los partidos políticos que pretenden hacer del miedo su caladero de votos particular. Y frente a esa amenaza, una suerte de rebeldía en el receptor del mensaje acaba encumbrando a quien era objeto de esa campaña de desprestigio. Para los expertos es una reacción emocional, ajena a toda lógica, pero hayla. Tan es así que se rompen estadísticas y encuestas.

Castelló no es una excepción y todos dan por hecho la irrupción de Vox en el ayuntamiento a costa de un desnortado PP, que ha hecho de los gestos la guía de su campaña. Seguro que habrán convencidos de la relevancia de recuperar el patronímico castellano frente a informes históricos y lingüísticos irrefutables, y hasta valoraran el abandono del pleno que iba a aprobar el PGOU en vez de afear en el mismo los agravios que pudiera presentar, pero tengo para mí que esa estrategia obedece más a la necesidad de ofrecer un perfil beligerante, ultra incluso, que cierre la vía de agua por la que se escapan sus votos y se hunde el barco del PP.

Tampoco se atisba una corriente favorable para Compromís y la confluencia de Podemos, todo lo contrario que Ciudadanos, que puede sumar ridículos y querellas mientras la moda le mantenga en el escaparate electoral. De esta guisa es lógico que Amparo Marco se resista a anunciar su disposición a un pacto de gobierno, porque sólo ella podrá elegir con quién quiere cohabitar en el palacio municipal los próximos cuatro años. Mojarse antes de tiempo podría malinterpretarse hasta el extremo de provocar justo el efecto contrario.

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