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Lienzos de doble cara

Traficantes de óleos con denominación de origen

El grupo de Patrimonio de la Policía de la Generalitat se ha incautado en 2015 de 89 cuadros, la mayoría imitaciones de obras de artistas de renombre

Traficantes de óleos con denominación de origen

Traficantes de óleos con denominación de origen

Igual que un buen vino añejo, «la calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo», dijo en su día Pablo Picasso. Así para apreciar el valor de una obra de arte, tarea en ocasiones complicada para aquellas personas que no son duchas en la materia y adquieren un cuadro como elemento de inversión o de distinción social, la antigüedad de la cosecha pero ante todo la denominación de origen -firma del autor- marcan sin duda la decisión de compra. Es ahí cuando entran en juego los falsificadores, quienes aprovechan para dar gato por liebre o una burda copia por Picasso.

Para combatir este tipo de delincuencia, que maneja enormes cantidades de dinero y se mueve entre galerías, notarías e incluso casas de subastas, se creó en enero de 2014 el grupo de Patrimonio Histórico de la Policía de la Generalitat. En su segundo año de trabajo estos guardianes del patrimonio valenciano se han incautado ya de 598 obras, de las cuales 89 son óleos sobre lienzo o grabados, casi todos ellos falsificaciones de autores de renombre. Desde Goya a Benjamín Palencia, del cubismo de Picasso al movimiento cinético del alicantino Eusebio Sempere, los falsificadores no hacen excepción entre autores y estilos, como así lo demuestran los cuadros intervenidos por la Policía de la Generalitat.

El último golpe contra este tipo de mafias ha permitido a los agentes del grupo de Patrimonio de la unidad adscrita intervenir cinco lienzos falsos de Pablo Ruiz Picasso en Benidorm y Granada, los cuales iban a ser vendidos por 160 millones de euros. Esta operación -en realidad se trata de dos distintas cuyo nexo común es el autor- se suma a otras dos importantes investigaciones realizadas por este mismo grupo en 2015. La primera de ellas, a principios de año, se saldó con 27 obras de arte incautadas, entre las que figuran imitaciones de Goya, Benlliure o Cecilio Plá, y que podrían haber alcanzado en el mercado un valor de 1,2 millones de euros. Asimismo, en julio, en la llamada «Operación Gouache», se requisaron 35 cuadros atribuidos falsamente al pintor Eusebio Sempere, cuyo valor aproximado ascendía a 250.000 euros.

En total los agentes de la Generalitat han arrestado por estos hechos a seis personas e imputado a otras 34 en lo que va de año. Así, la cifra por la que iban a ser comercializadas dichas obras, la mayoría completamente falsas y otras que no se correspondían con la época de la que decían ser, superaba los 162 millones de euros. Aunque, de tratarse de los auténticos el valor sería de incalculable, según indican fuentes policiales.

Las víctimas no suelen denunciar

Sin embargo, pese a los buenos resultados obtenidos, el trabajo de investigación para destapar estos fraudes suele ser complicado, ya que «no se trabaja sobre denuncia», destaca el jefe del grupo de Patrimonio, el subinspector Antonio López, quien asegura que «el mundo del arte es como una cámara acorazada, en la que es muy difícil sacar información».

Al contrario de lo que ocurre en otro tipo de delitos, los supuestos estafados, principalmente inversores extranjeros, no suelen denunciar y el inicio de las investigaciones parte de «la labor de calle» de los propios agentes, «con visitas a anticuarios, cuchicheos y la revisión de anuncios sospechosos a través de internet».

«En muchas ocasiones los compradores son inversores que pretenden sacarle tres veces el valor por el que adquieren el cuadro o incluso gente que los compra para blanquear dinero», explicaba López argumentando la ausencia de denuncias con la que tienen que lidiar.

Aunque el grupo de Patrimonio cuenta con un policía licenciado en Historia, el subinspector considera que a la hora de detectar la autenticidad o no de una obra «siempre nos apoyamos en especialistas. Es cierto que a base de ver la obra te vas familiarizando y hay algunas que es sencillo detectar que son falsas, pero la última palabra la tiene la fundación y los herederos del autor», concluye.

Respecto al perfil del falsificador o intermediario con el que se encuentran en su trabajo diario, López señala que suele ser gente con un nivel educativo bajo, algunos incluso no saben ni escribir, pero «auténticos fenómenos en el arte».

Además de este reducido grupo de falsificadores, algunos de ellos verdaderos artistas, hay otro grupo de personas, éstas con mayor nivel de estudios y con buena presencia y labia, que entran en juego en la compraventa de las obras para dotar de credibilidad a la estafa. Así, recuerda un caso de un supuesto cuadro del siglo XVIII, que en realidad se trataba de una simple lámina pegada, que trataron de vender por 18.000 euros utilizando como gancho a la novia del intermediario, quien adquirió el 50 por ciento del valor del cuadro en una notaría para dar confianza a los compradores, pero cuyo ingreso bancario fue anulado inmediatamente.

Certificados a 60 €

A la hora de vender una pieza de una determinada antigüedad o autor, los intermediarios deben acreditar su autenticidad con un certificado. «Muchas veces la documentación que acompaña la obra suele proceder de países extranjeros, son informes viciados o su procedencia son personas ya fallecidas», explica el responsable del grupo de Patrimonio. Aunque hay casos en los que usan peritos judiciales de renombre o incluso pintores de reconocido prestigio venidos a menos, quienes certifican la fiabilidad del origen del lienzo a cambio de una suma de dinero.

Dadas las cantidades de dinero que se manejan, y teniendo en cuenta que un intermediario puede llevarse en torno a un 10 por ciento de la venta del cuadro, los recursos económicos con los que se cuentan para comprar informes y documentos son muy amplios. Sin embargo, los delincuentes con menos poder adquisitivo tienen también empresas de peritos judiciales que se anuncian en internet y que por apenas 60 euros te remiten un informe de autenticidad enviando unas simples fotos y las características del cuadro en cuestión. «Para eludir posibles responsabilidades penales ponen en letra pequeña algo así como que no se hacen cargo si la obra finalmente es falsa», aclara el subinspector.

Las obras intervenidas por el grupo de Patrimonio de la Generalitat permanecen tanto en dependencias policiales como en el museo San Pío V, como pruebas, hasta el día del juicio. Una vez juzgados los hechos, y si no se pronuncia el heredero del autor plagiado, caben dos opciones, o bien se procede a su destrucción o se marca la obra como «copia», para que no pueda ser comercializada, y se le devuelve a su legítimo propietario, quien pagó por ella creyendo que se trataba de una obra de arte a precio de ganga. La policía recomienda que en caso de tener dudas sobre la autenticidad de una obra se acuda a la fundación de ese determinado autor o se pongan en contacto con el grupo de Patrimonio. Así que ya saben, miren a su pared, no vaya a ser que el cuadro que tienen allí colgado esconda gato enmarcado.

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