25 de agosto de 2019
25.08.2019
Memoria histórica

El día que un valenciano liberó París

Amado Granell encabezaba la unidad aliada que entró en la capital gala hace hoy 75 años

25.08.2019 | 04:15
El mural «Los surcos del azar», de Paco Roca, en el Instituto Francés de València, recrea la historia de «La Nueve».

París conmemora hoy el 75.º aniversario de su liberación de la ocupación nazi. En la tarde noche del 24 de agosto de 1944, una unidad de élite entró en la ciudad. La dotación, sin embargo, no estaba integrada por soldados franceses, como se creía en el país vecino hasta hace poco, sino por republicanos españoles. Era 'La Nueve' y al frente de ella iba el castellonense Amado Granell.

Una fotografía en un ajado recorte de periódico fue la clave para desmontar la interesada versión oficial. Ilustraba la portada del diario Libération del 25 de agosto de 1944 bajo el elocuente «¡Ya han llegado!» del titular. Se contaba que un soldado americano había sido el primero en llegar al Ayuntamiento de París y parecía ser el uniformado que aparece con Georges Bidault y Henry Rol-Tanguy, jefes de la Resistencia. Pero, en realidad, era de Borriana y se llamaba Amado Granell.

Nacido en 1898, siempre conservó aquel trozo de papel. «Sin aquella foto en la portada, Granell no habría existido y 'La Nueve' no habría entrado la primera», sentencia Evelyn Mesquida, autora de La Nueve, los españoles que liberaron París, que está convencida de que hay otros documentos retenidos en los archivos oficiales franceses que habrían permitido reparar antes el olvido.

Durante seis décadas, la historia del país vecino lo único que había admitido era que uno de sus compatriotas, Raymond Dronne (que podría ser el Bronne que se nombra en la portada), había sido el primero en entrar en París al frente de una unidad avanzada.

Pero no era una unidad cualquiera. Era la Novena Compañía de la II División Blindada del ejército de la Francia Libre, es decir de la División Leclerc (por el general que la comandaba). Fue conocida siempre como La Nueve, pues estaba integrada casi exclusivamente por exiliados republicanos españoles, aunque al frente estaba el capitán Dronne.

Era la unidad que siempre iba delante en las batallas y gozaba de la total confianza de Leclerc. «Esos hombres dan miedo a todo el mundo, pero son buenos soldados. Usted se las apañará», le dijo a Dronne cuando le puso al frente en el verano de 1943 aún en el norte de África.
Aquel 24 de agosto de 1944, el general, ignorando el mandato estadounidense de esperar, le dio la orden a Granell, y La Nueve entró en París con dos columnas diferentes, una con Dronne al frente y otra con el valenciano. La ciudad no estaba liberada y, aunque jaleada, su entrada no fue un paseo. «Una columna de acero rodeaba París, había combates en las cercanías de la ciudad y dentro había 20.000 soldados alemanes armados. La Resistencia pretendía liberar París, pero con los hombres que tenían podían haber sido eliminados en una hora. Nunca fue una casualidad que ellos fueran los primeros. Leclerc envía a 'La Nueve' porque saben luchar en modo guerrilla como ninguno», apunta Mesquida. En las siguientes horas, lo confirmarían.

Con la ayuda de una Guía Michelín y de un civil francés, Granell fue el primero en llegar al Ayuntamiento con blindados con elocuentes nombres como Guadalajara o Teruel. Poco antes envió un telegrama a Leclerc pidiendo refuerzos que fue ignorado. Allí les esperaban los jefes de una Resistencia que había empezado a plantar cara abiertamente al ejército nazi días atrás. Solo se conoce una entrevista a Granell, la que le hizo Vicente Talón para Pueblo en 1970, y en la que repasaba sus vivencias y habló de aquel encuentro.

«Bidault se empeñó en saber las fuerzas con que contaba y yo lo oculté para evitar que cundiera el pánico. Éramos tan solo 120 hombres y 22 vehículos. Con aquella fuerza no teníamos ni para tapar las bocas de metro que nos rodeaban», recordaba. Fueron también soldados españoles a su mando los que capturaron al Estado Mayor alemán, con el general Dietrich von Choltitz a la cabeza.

Tanta era la confianza en ellos, que La Nueve se convirtió en la guardia del general Charles de Gaulle, líder de la Francia libre, a su llegada a París. Tanto era el respeto que les tenían, que fueron ellos los que el 26 de agosto abrieron como escoltas del futuro presidente el Desfile de la Victoria. Lo hicieron, como siempre, con banderas republicanas españolas en sus blindados. Incluso entonces tuvieron que repeler escaramuzas alemanas.

Que fuera el teniente burrianense quien encabezara la marcha tampoco fue casualidad. Su papel, de enlace entre Dronne y la tropa, era clave. «Era una figura de consenso, allí había anarquistas, comunistas, socialistas€ Antes que él hubo otros y los quitaron porque no les obedecían. A él lo respetaban profundamente. Solo obedecían cuando comprendían lo que se quería de ellos, pero una vez ahí eran imbatibles», señala la escritora.

Sereno y reservado, el respeto, cuenta, se lo había ganado. «Siempre iba en cabeza y eso lo respetaban mucho. En la batalla era valiente y firme, con un coraje extraordinario. De ahí que cuando Leclerc le dio la Legión de Honor le dijera que como esa medalla había sido creada para los valientes, nadie como él para tenerla. Era justo y sabía unir al grupo», apunta.

Son varios los miembros de La Nueve que relataron cómo, camino de Normandía, llegaron antes de tiempo al escenario de una batalla y los aviones americanos les empezaron a bombardear confundiéndoles con el enemigo. «Granell salió corriendo para colocar las señales de aviso. Sus hombres lo vivieron con el horror de pensar que lo iban a matar y con la idea de que les salvó la vida», rememora. Cuando dejó la compañía, Dronne aseguró que se iba parte del alma de La Nueve.

Pero pese a su privilegiada posición en aquel desfile, De Gaulle ya había puesto en marcha la operación que durante décadas los borraría de la historia para evitar una guerra civil francesa. Fue la noche del 25, con su histórico: «¡París ultrajada! ¡París destrozada! ¡París martirizada! pero París liberada por ella misma, liberada por su pueblo, con la colaboración de los ejércitos de Francia, con el apoyo y la colaboración de toda Francia». Tras algún discreto reconocimiento anterior, no fue hasta el año 2014 cuando el presidente francés François Hollande admitió públicamente que los primeros soldados en entrar fueron los españoles.

Una vida de película

De sólidos ideales republicanos, Granell, que había participado en la Guerra del Riff, se unió al Ejército de la República tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y tras combatir toda la contienda dejó España en el Stanbrook, el último barco que salió de Alicante. En Orán, pasó por campos de trabajo antes de integrarse primero en las filas anglo-americanas y luego en las francesas impulsadas por De Gaulle.

Tras la liberación de París, siguió unos meses al frente de La Nueve y llegó a lavarse las manos en el Rhin, como se había prometido al arrancar la guerra, pero dejó la compañía antes de que esta completara su leyenda en la toma del nido del águila de Hitler.

Como el resto de republicanos, vivió con decepción que los aliados no tratasen de liberar España. Durante unos años se quedó en París y se cree que hizo de intermediario entre los dirigentes republicanos exiliados y Juan de Borbón. Pese a la falta de éxito de esos planes para apartar a Franco, se da por seguro que el conde de Barcelona fue su salvoconducto para volver a España.

Lo hizo en 1952 y acabó regentando una tienda de electrodomésticos en Alicante con su nueva pareja. De allí salió hacia València el 12 de mayo de 1972 para tratar de solucionar en el consulado francés problemas con su paga, pero un accidente de tráfico acabó con su vida. Una vida de película. Pero es que, como dice Mesquida, «cada miembro de 'La Nueve' merece una».

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