01 de noviembre de 2019
01.11.2019
Presupuestos Generalitat Valenciana

El Consell cierra "in extremis" los presupuestos más tensos de la izquierda

El destino de los fondos de Innovación pone al límite la negociación política - Los presupuestos crecen un 1,6 % y personal se lleva el mayor bocado

01.11.2019 | 00:25
El Consell cierra "in extremis" los presupuestos más tensos de la izquierda
El Consell cierra "in extremis" los presupuestos más tensos de la izquierda

Habrá presupuestos de la Generalitat de 2020, pero a costa de un acusado desgaste en la relación entre Compromís y PSPV con consecuencias difíciles de calibrar. Los socios de Gobierno (Unides Podem ha sido poco más que un espectador) cerraron ayer in extremis unas cuentas públicas, las quintas del Botànic y las primeras de la legislatura, que pasarán a la historia como las más complicadas e incluso improvisadas que se recuerdan. Resultado, al fin, de una negociación tensa y que se prologó hasta casi la extenuación.

Tras una noche en blanco y de creciente tensión, pasadas las 13 horas de la tarde y tras cuatro horas de pleno del Consell, los socios cerraron unos presupuestos que crecen un 1,6 % y en los que Compromís (con la vicepresidenta Mónica Oltra como principal negociadora) logra esquivar la congelación del gasto previsto inicialmente por Presidencia y plasmar en el apartado de ingresos el 50 % de los fondos de la dependencia que el Gobierno central debería inyectar a las comunidades. Ambas exigencias quedaron satisfechas la tarde noche del jueves, pero otro asunto, en apariencia menor, los fondos para Innovación, acabaron torciendo la negociación hasta llevarla al límite.

Tal como publicó ayer este diario, Hacienda cerró por la tarde con la nueva conselleria que dirige Carolina Pascual el traspaso de varias líneas de subvención desde el Ivace (organimo dependiente de Economía) a la Agencia Valenciana de Innovación (AVI) adscrita al departamento de Pascual. Según fuentes conocedoras de la negociación, cuando el acuerdo en torno al crecimiento discreto de las cuentas estaba cerrado, Oltra exigió que el Ivace no perdiera estos fondos por valor de 50 millones de euros. La petición encalló el acuerdo hasta la mañana de ayer y generó un monumental cabreo entre los socialistas, que acabaron cediendo. La conclusión, al margen del retraso en la aprobación el documento y la rocambolesca plasmación de los cambios en tiempo de descuento, es que el Botànic II acuerda sus presupuestos, mientras ensancha sus fisuras. Desde este punto de vista, en el pulso todos pierden. Con las cifras en la mano, la victoria es para Oltra, aunque con matices ya que su reclamación inicial de más gasto sobrepasaba los 400 millones.

El incremento del 1,6 % en las operaciones no financieras (16.970 millones) se concreta en 260 millones más, pero su destino está muy condicionado al capítulo de personal, que aumenta 256 millones, un 4,11% más, básicamente por la subida salarial de los funcionarios que marca el Estado y el complemento de carrera a los interinos. Fuentes de la vicepresidencia y Conselleria de Igualdad mantuvieron ayer que la negociación política cerrada la noche del jueves consistió en que las conselleries sociales (dependencia, sanidad y educación) dispusieran de más gasto al margen del crecimiento del personal, en concreto 180 millones. Sin embargo, en el detalle del presupuesto, las cifras no están tan claras. A Oltra sí le salen los números (disfrutará de unos 70 millones más para programas al margen de personal), pero no ocurre lo mismo en Sanidad y Educación, cuyo presupuesto crece, pero el grueso del dinero se va a personal, lo que permitirá, eso sí, reforzar las plantillas.

Y es que los presupuestos de 2020 son en realidad habas contadas. Las restricciones se ven claramente en el resto de capítulos. Por primera vez en muchos años, los gastos de funcionamiento (es decir, lo que cuesta echar a andar la maquinaria de la Generalitat) bajan: 53 millones menos (un 1,6 %), como también lo hacen las inversiones (tanto las directas como las indirectas): 33 millones menos para obras respecto a 2019. También bajan los gastos financieros en 26 millones. El único crecimiento real, además de personal, se produce en las transferencias corrientes, con 120 millones más para subvenciones.

La otra cara de la moneda son los ingresos, que, como este año, tienen pies de barro. La partida de los 1.325 millones de la infrafinanicación (ficticia, según el PP; reivindicativa, según el Consell) sigue pintada en las cuentas, a pesar de que desde que se incluyó al inicio del Botànic, nunca ha llegado. Para el Consell, sin embargo, es irrenunciable al ser la única manera de sostener un gasto en servicios sociales que está lejos de la media estatal.

El conseller de Hacienda, Vicent Soler, insistió ayer en que se había hecho un ejercicio de realismo, aunque menor del previsto en su momento. La presión de Oltra para incluir la demanda del 50 % de la dependencia permite incluir 400 millones, pero su cobro es irreal ya que el Gobierno hasta ahora sólo ha satisfecho el 12 %.

Cae, eso sí, la partida relativa a la actualización del IVA (Soler confió ayer en que un nuevo Gobierno en España permita en algún momento incorporar estos recursos) y se reduce de manera significativa la cantidad prevista por la liquidación de las concesiones sanitarias, que pasa de los 255 millones a 83. Hacienda también ha rebajado el ingreso por el gasto sanitario de los desplazados.

El mayo ejercicio de realismo se plasma en la previsión de recaudación por los tributos ligados al cemento. Así, el impuesto de transmisiones patrimoniales y actos jurídicos baja de 1.625 en 2019 a 1.480. Es reflejo de un ciclo con nubarrones. No en vano, la previsión de crecimiento es del 1,8 %, dos décimas menos que España.

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