03 de diciembre de 2019
03.12.2019

Perfil | Ignacio Gil Lázaro: el valenciano ex del PP que mece la cuna de Vox en el Congreso

El histórico popular, amigo de Camps y Barberá, se convierte en vicepresidente de la Mesa

03.12.2019 | 13:24
Ignacio Gil Lázaro, en un mitin de Vox.

Ignacio Gil Lázaro rompió el carné del PP un 6 de mayo de 2018. En realidad, llevaba mascando su baja del partido desde hacía meses. Según su propio relato, empezó a sentirse incómodo cuando estalló el caso Faisán y no encontró entre los suyos la contundencia que él deseaba. Se sintió sólo, reflexionó un día a Levante-EMV. Sin embargo, no está claro quién dejó a quién primero.

El PPCV de Isabel Bonig, cansado de las críticas que recibía de este veterano ubicado en la vieja guardia, presionó a Génova para que lo relegara en las listas al Congreso de los Diputados en las elecciones de junio de 2016.

Al caer de los primeros puestos, Ignacio Gil Lázaro se apeó del cargo electo. Llevaba en el sillón desde 1982, la friolera de 33 años, la mitad de su vida y casi todo el tiempo que llevaba militando en el PP (38 años) los mismos que tiene el partido de la gaviota.

Licenciado en Derecho, él más que nadie conoció el tránsito de la derecha más conservadora a una derecha que aspiraba a la modernidad y, según épocas, al centro, ya que fue el último presidente de Alianza Popular en la provincia de València y el primero del Partido Popular. El portazo al PP, no exento de ácida crítica, llevó a pensar a la mayoría de sus antiguos colegas que el adiós no era a la política, pero erraron respecto a su nuevo destino. Se elucubró con que acabaría en brazos de Ciudadanos, un partido que en aquel 2018 estaba encima de la ola. Pero fallaron los vaticinios. El viaje de Gil Lázaro no era hacia la izquierda, sino de vuelta a los orígenes.

Vox lo fichó como cabeza de lista para el Congreso en las listas del 28 de abril y lo devolvió de nuevo a la Cámara baja, un lugar que conoce como la palma de su mano y donde el expopular tiene acceso directo a quienes de verdad mandan en el partido: el propio presidente Santiago Abascal y el secretario general, Javier Ortega Smith. Ahora aún más al haber logrado la elección como vicepresidente de la Mesa gracias a la falta de acuerdo entre el PSOE y Podemos con el PP para vetar a la formación ultra.

Gil Lázaro, aplaudido por el grupo parlamentario de Vox tras ser elegido. Foto: EFE/Ballesteros

Es en ese nivel de la política donde Gil Lázaro se mueve con más soltura. El de los conciliábulos de mesa y mantel. Quienes han trabajado cerca de él saben que nunca fue un fontanero político. La vida orgánica nunca le sedujo. Tampoco ir de palmero a los actos. No fue de pisar sedes, de recorrer pueblos, de almuerzos.

Su carrera política se fraguó en la capital (además de diputado y senador raso, fue portavoz adjunto y miembro de la mesa) y es en el mundo de las relaciones donde mejor se mueve. Con Francisco Camps, ex presidente de la Generalitat, y la alcaldesa de València Rita Barberá su relación fue excelente.

Su perfil lo descarta como la persona llamada a crear la estructura que Vox algún día necesitará en España y, en particular, en la Comunitat Valenciana, pero sí lo convierte en un hombre clave para influir y servir de cauce entre la capital del Túria y la cúpula de Vox.

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