Las calles de València vivieron ayer el primer día del luto oficial más largo de la democracia. Diez días de homenaje a las víctimas de la Covid-19 , que hasta ayer ha dejado 27.117 muertos en España, de los que 1.417 corresponden a la Comunitat Valenciana. Desde las 00.00 horas de ayer, las banderas odean a media asta y lucen un crespón en la moharra del mástil en el interior hasta el próximo 6 de junio en las sedes de los inmuebles de la Generalitat, Les Corts, el Ayuntamiento de València o la Delegación del Gobierno.

«Me parece muy bien este luto. Era obligado. Hay que guardar un duelo por todas personas que nos han dejado. Si te pones a pensarlo, es realmente triste que haya muerto tanta gente», explica Lourdes Blanco, una joven de València que paseaba ayer cabizbaja por la Plaza del Ayuntamiento. A la misma hora, a las 12 del mediodía, el alcalde de la ciudad, Joan Ribó, encabezaba el minuto de silencio del Consistorio en el Salón de Cristal. «Cuando pase la alarma se celebrará un gran acto de homenaje a todas las personas que han faltado y hemos ofrecido ayuda a representantes de diversas religiones por si quieren realizarlos».

La Policía Local, por su parte, guardó silencio a las 12.00 horas en la Central y en todas las unidades de distrito de la capital.

El presidente de la Comunitat Valenciana, Ximo Puig, guardó un minuto de silencio en el Palau de la Generalitat e hizo público un mensaje: «Un duelo incomparable. Un sentimiento de pérdida colectiva. Hubiéramos podido ser cualquiera de nosotros. Mi ánimo a las familias de los 1.417 valencianos, los 27.000 españoles y las 350.000 personas de todo el mundo que han perdido la vida por el virus. Quedarán en nuestro recuerdo».

La aflicción por las víctimas de la Covid-19 aflora ahora que todo está más reposado. Como en los días posteriores a la fase más crítica de un tornado, se puede ver con más detenimiento el paisaje desolado. El que ha dejado la Covid-19 está lleno de personas que se han curado, pero también de aquellos que se han quedado en el camino.

«Yo tengo un tío que ha muerto por este maldito virus. Es cierto que era una persona mayor, pero estaba bien de salud y podríamos haber disfrutado unos cuantos años más de él si no hubiese sido por esta enfermedad», apunta desde la Calle Lauria, bastante más frecuentada que semanas atrás, Julio Ferrer. «El luto es necesario, pero creo que no es suficiente hacerlo así. Es mejor honrar a nuestros mayores fallecidos con minutos de silencio multitudinarios en la Plaza del Ayuntamiento, por ejemplo, y ahora que es peatonal con más razón», afirma Teresa Vicent, pareja de Julio, sin saber aún que es una medida del Ayuntamiento.

«A nosotros nos pilló aquí en España, somos de Venezuela», explica José Manuel Tejada, sentado en un banco junto a su pareja. «Llevamos 9 meses aquí. Yo estoy muy a favor de que se haga el luto, porque son muchos seres humanos los que han fallecido y tenemos que hacerles un homenaje» explica. «Estoy aquí por trabajo, esperando a poder tener los papeles para seguir en España. YA me han llamado, así que lo tengo casi arreglado», añade José Manuel. A su lado, Nancy Sifontes va más allá. No le gusta la tensión política que ha visto en España. «Estoy entristecida por esta situación. Pero tenemos que tener fe porque vamos a salir adelante. El luto es una manera de rendir homenaje a todas las personas que se fueron», explica. «Pero es duro pensar que en esta situación hay gente que quiera aprovecharla para otras cosas. La prioridad es salir hacia adelante. Lo principal es el virus y hay que abocarse a resolverlo, centrarse en este problema. Son situaciones para ir todos juntos de la mano y no crear tensiones», apostilla Nanci.