Objetivos de desarrollo sostenible

Proteger los hábitats naturales. La ONU coloca la lupa en la creciente pérdida de la biodiversidad, con una llamada a los estados para que tomen medidas urgentes. Pero son los municipios, según el socialista Robert Raga, quienes «tienen la obligación de pasar a la acción con inteligencia». Y es la sociedad civil, tal como coincidieron en el Desayuno ODS 15 de Levante-EMV, quien ha de tomar el mando.

Conservar el territorio, atender a las especies que interactúan en él y preservarlas fue una de las principales conclusiones a las que llegaron los asistentes al último Desayuno ODS para abordar el número quince, el referido a los ecosistemas terrestres. Es la Organización de Naciones Unidas quien coloca el foco en la pérdida de biodiversidad y marca el camino a seguir para revertir la situación. Pero como indica Robert Raga,«son los ayuntamientos los que han de afrontar esta hoja de ruta con valentía».                          

«Tenemos la obligación de pasar a la acción con inteligencia, porque todo pasa en los municipios». Así de claro se mostraba el alcalde de Riba-roja de Túria en un acto organizado en la sede del periódico Levante-EMV con Facsa, la Autoridad Portuaria de València y Caixa Popular como patrocinadores de la cita, así como la colaboración especial del consistorio que preside Raga.                          

La primera autoridad municipal aprovechó para desgranar el funcionamiento de Guardian, el sistema de prevención y extinción de incendios a través de aguas residuales regeneradas para el entorno natural de la Vallesa. «Una joya de nuestro entorno», enfatizaba. Se trata de una iniciativa innovadora, que ejemplifica a la perfección la economía circular en la lucha contra la desertificación y que se encuentra ya en fase de adjudicación de los proyectos. Una apuesta por la protección ambiental como también lo es el proyecto Génesis Túria en el Parc Natural para la recuperación del bosque de ribera autóctono, incrementando con ello su biodiversidad. 

Santiago López Cánovas, responsable de medio ambiente de la Autoridad Portuaria de València (APV), abría su intervención incidiendo en la decidida apuesta por la conservación de la biodiversidad marina y de aves en el puerto. «Aunque pueda parecer un punto hostil, es un ecosistema muy particular», señalaba. Se refería López a que se trata de un enclave situado junto a la desembocadura del cauce del Túria y muy cerca de un humedal de la importancia de l’Albufera.       

«Hemos hecho diferentes acciones para el control de la calidad del agua y de los sedimentos», recordaba. También señalaba la puesta en marcha de acciones enfocadas a la prevención de la entrada de especies invasoras que viajan en los cascos de las embarcaciones. Con el peligro añadido, además, de las aguas de lastre que son captadas por los grandes buques en lugares totalmente diferentes del planeta para equilibrar las cargas y son vertidas después a miles de kilómetros. 

Desde hace diez años, según López se lleva haciendo un seguimiento de la avifauna con el departamento de Vida Silvestre de la Generalitat Valenciana, «con un control de los anidamientos y se para la actividad en esos puntos», comentaba. López también expuso el objetivo para descarbonizar el puerto y ser energéticamente neutros en 2030. 

Emilio Barba, experto en ecología terrestre y profesor del Master de Biodiversidad en la Universitat de València, ponía el dedo en la llaga al criticar que no haya una estrategia al respecto en la Comunitat Valenciana. «Hay que hacer una radiografía y plantear a dónde queremos ir, hacer un diagnóstico», aconsejaba. «Si queremos conservar un ecosistema hemos de saber las interacciones de las especies que conviven en él», razonaba Barba.

Regina Monsalve, presidenta del Colegio de Ingenieros Técnicos Agricolas de València y Castelló, colocaba sobre la mesa el importante papel de los agricultores y ganaderos en la preservación ambiental del territorio valenciano. En ese punto, recordaba que «el 20 % de la superficie es de agricultura ecológica en la Comunitat Valenciana y el 30 % que la desarrolla somos mujeres, porque somos más innovadoras». «Apostamos por la bioprotección, algo fundamental en jardines o estructuras verdes. Son espacios para los niños y es importantísimo que sean puntos sanos donde no se utilicen productos químicos», según Monsalve. 

Aprovechaba también la cita para recordar una vieja reivindicación, la de recuperar las vías pecuarias para hacer corredores verdes. «Son nuestras y permitiría que los municipios confluyeran en València ciudad», remarcaba Monsalve. En cuanto a la pandemia, toda la mesa coincidió en que había colocado el foco sobre los efectos del desarrollo insostenible. «Con la expansión de la covid-19 hemos llegado a una concienciación más grande sobre el entorno y es algo que se tiene que poner en valor», manifestaba.

Desayunos Levante-EMV | Objetivo ODS: Vida de ecosistemas terrestres

María Vicente, coordinadora de Ecologistes en Acció en la Comunitat Valenciana, aprovechaba su intervención para defender el papel de los colectivos ambientalistas. «Ha llegado el momento de ser escuchados», lanzaba . Acto seguido espetaba: «Si realmente queremos que sea útil hay que renunciar y saber perder». En el terreno más concreto de los daños a la biodiversidad, Vicente hacía mucho hincapié en la necesidad de acabar con los fitosanitarios tóxicos en la agricultura. «Eso es básico, algunas especies de insectos están desapareciendo», advertía. Ponía énfasis en que renunciar a los agrotóxicos «no puede ser una opción, sino una obligación». «El Júcar está contaminado», reiteraba.

Vicente aprovechó la cita para recordar a Santiago López, representante de la Autoridad Portuaria, que el puerto «no es un enclave estanco». «Está situado al lado del Parc Natural de l’Albufera y está erosionando la restinga, que acabará desapareciendo a medio plazo», desgranaba. «Si las empresas no internalizan lo que ocurre en su territorio no podemos avanzar», argumentaba dirigiéndose a López. «No podemos desligar nuestras acciones de lo que pasa en el territorio, porque su custodia es fundamental», remarcaba.

Custodia del territorio

Tema este del que Enrique Montoliu, presidente de Fundem, sabe mucho. Creada en 1996, esta entidad privada sin ánimo de lucro, está dedicada a la preservación de la fauna y flora mediterránea con una gestión responsable del territorio. Se dedica a la compra de terrenos de alto interés ecológico para su conservación integral, con unas mil hectáreas repartidas por la Comunitat Valenciana, País Vasco, Castilla-La Mancha y dentro de nada en Galicia. A través de grupos ambientalistas locales se dedican a la gestión responsable del monte. Para Montoliu «es la sociedad la que debe dar un paso al frente». «Necesitamos que la sociedad civil reaccione, que tome el mando, debe ser actuante porque es decisiva para la salvación del medio ambiente», reflexionaba Montoliu. 

El objetivo de Fundem es aumentar la biodiversidad y captar C02 «y la manera más efectiva de proteger el territorio es comprarlo». Una muestra de las acciones que se pueden llevar a cabo en esos espacios es convertirlos en bancos de prueba con especies más resilientes y adaptadas. «Hay que devolver espacios naturales a la naturaleza», según Montoliu.

La presencia de Pinus halepensis en los bosques mediterráneos y su papel en los grandes incendios también suscitó un debate recurrente sobre el carácter autóctono o no de la especie, y la consiguiente discusión sobre su idoneidad en las replantaciones post-fuego. La encina o carrasca y el alcornoque son alternativas más aconsejables, convergían los expertos.  

ODS 15: Vida de ecosistemas terrestres

La lucha contra los incendios se convirtió en uno de los temas centrales, por el daño que provocan las llamas en la flora y fauna. Monsalve criticaba que no se recurra más a los técnicos agrarios. «Tenemos herramientas fáciles para gestionar el monte valenciano, como que paste el ganado por determinadas zonas, pero las ayudas para la selvicultura no llegan por unas cosas u otras», denunciaba. Por su parte, Emilio Barba señalaba como uno de los problemas a resolver «la falta de liderazgo, que es el que crea sinergías».

El Ayuntamiento de Riba-roja, de Túria por ejemplo, trabaja en la retirada de la caña invasora (Arundo donax) junto al lecho del río, un peligroso combustible para la Vallesa. Otra iniciativa es la recuperación de tierras de cultivo abandonadas a través de un proyecto de dinamización agraria del Parc Natural que pretende poner en valor el trabajo agrícola y los productos de proximidad. Ideas que Robert Raga defiende con pasión. «Soy positivo, creo en el ser humano y en el papel de la política para cambiar las cosas y mejorar».

El periodista Julio Monreal planteó otra cuestión, no menor, sobre el auge de los huertos urbanos. Y hubo coincidencia sobre lo necesarios que resultan en entornos urbanos. «Son un elemento esencial porque suelen ser ecológicos y los que vivimos en la ciudad tenemos carencia de naturaleza», según María Vicente. «Se ve lo que cuesta que crezca un tomate y es algo que además te identifica con tu territorio», concluía Monsalve.

La ONU alerta de la pérdida de la biodiversidad

Cada año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques, mientras que la degradación persistente de las tierras secas ha llevado a la desertificación de 3.600 millones de hectáreas, afectando sobre todo a las comunidades pobres. Aunque el 15 % de la tierra está protegida, la biodiversidad todavía está en riesgo. Cerca de 7.000 especies de animales y plantas han sido objeto del comercio ilegal. El tráfico de vida silvestre no solo erosiona la biodiversidad, sino que crea inseguridad, alimenta el conflicto y alimenta la corrupción. La ONU advierte que se deben tomar medidas urgentes para reducir la pérdida de hábitats naturales y biodiversidad y apoyar la seguridad alimentaria y del agua, la mitigación y adaptación al cambio climático, y la paz y la seguridad.