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Un campus semivacío, alumnos enfadados y música de fiesta desde el balcón

Los universitarios lamentan el cierre de todas las instalaciones de la Politècnica con los primeros exámenes del curso en las próximas semanas

Pruebas PCR masivas en la UPV y confinamiento en el Colegio Mayor Galileo Galilei Arturo Iranzo

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Pruebas PCR masivas en la UPV y confinamiento en el Colegio Mayor Galileo Galilei diego aitor san josé. valència

«Riickiiii, riiiiiickiiiii». El llamamiento de un balcón a otro del Galileo Galilei rompe el silencio de pasos calmados en el campus y parece que rebote por las paredes de las pistas de pádel en las que la actividad está suspendida. Las instalaciones de la Universitat Politècnica de València en la avenida Tarongers se quitaron ayer el traje otoñal de curso presencial para lucir modelo de finales de julio cuando administrativos, docentes e investigadores acuden a sus puestos de trabajo con la ausencia de estudiantes.

El domingo por la noche la UPV anunció que las clases pasaban a online por el descontrol del brote en el Galileo Galilei por lo que en la mañana del lunes la mayoría de los alumnos estaba en casa viendo desde la distancia el aula que hace apenas unas semanas habían reconquistado. Peor fue para los que acudieron que se vieron obligados a retomar sus pasos porque no había nada que justificase su viaje.

Ni devolución de libros, ni compulsar tarjetas, ni actividades deportivas. Nada, ni siquiera tutorías, como la que María C., de último año de Diseño Industrial, intentaba tener con el responsable de guiar su trabajo de fin de grado: «Al despertarme vi en Instagram que no había clase, el tutor me dijo que fuera igualmente para reunirnos, pero al llegar al edificio donde tiene el despacho no me han dejado pasar. Y ya llevo seis meses sin poder reunirme con él».

Tampoco el estudio en un espacio en silencio servía de excusa. «Hemos venido porque en la comunicación de anoche (en referencia al domingo) no decía nada de que se cerrase la biblioteca, pero cuando hemos llegado nos han dicho que no podíamos, ¿dónde estudiamos ahora?», expresaban indignadas Victoria Higueras y Rocío Delgado de segundo de Industriales. «Y tenemos los exámenes en breve», completaba su compañero Pablo D. Al comparar la realidad de cada una de las aceras de la avenida Tarongers su indignación crecía. «Allí (en la Universitat de Valencia) tienen todo abierto y también hay alumnos del Galileo».

A su protesta se le sumó que las cafeterías del campus se mantuvieran abiertas. En una de ellas Virginia Espinosa sirve un café y pasea la mano por el aire de un local prácticamente desierto. «Ni la mitad que de normal», admite. A unos metros, en otra de las terrazas que se acopla a la estructura donde se alza el Galileo el vacío de las sillas permite ver su color ocupado habitualmente. «Claro que lo notamos y encima hay gente que no viene por miedo porque estamos al lado de la residencia», dice la dueña. Dentro del campus, la concurrencia tiene mejor cara con una media de edad que sube considerablemente respecto a las semanas previas.

Mientras tanto, desde casa, alumnas como Ruth Barranco ven cómo profesores como Juan Ángel Sans imparten materia. «Estábamos preparados para esto, pero ha sido muy de sopetón», expresa él. «Necesito las clases presenciales porque sin las prácticas no se aprende nada», se queja. Antes de despedir la mañana, una música que podría sonar en cualquier discoteca salta desde los balcones de quienes tendrán que ver la realidad exterior a distancia en los próximos días, seguridad y control en la puerta del recinto inclusive. «Quiero saliiiir», se oye cuando la melodía cesa. Su petición, sin embargo, rebota en el silencio del campus.

Preocupación por si el cierre se amplía a la UV

Aunque Tarongers es la avenida que se entromete entre las dos universidades, el campus que lleva este nombre es el de la Universitat de València. Carreras como Derecho o ADE son algunas de las que ayer aportaban más cantidad de jóvenes entre el espacio vallado que corresponde a la UV, una imagen que no tenía nada que ver con la que se veía en la acera de enfrente.

Sin embargo, la preocupación es más contagiosa que un virus porque puede propagarse incluso con distancia de seguridad y mascarilla. «Acabamos de empezar y ya estamos así», expresaba un estudiante de Derecho que se mostraba preocupado por si las medidas de la Politècnica se extrapolaban a su facultad. «Estamos en primero y necesitamos venir a clase», añade su compañero.

El Galileo Galilei se ve desde algunas de las clases y hasta 170 alumnos de esta residencia están matriculados en ella además de la contactos en eventos exteriores como las mencionadas fiestas, por eso, la posibilidad de un cierre dependerá de que la incidencia de positivos y si estos se han propagado por otras aulas.

«Lo único que nos han dicho es que se van a reunir y que irán decidiendo si se suspenden las clases presenciales o no, pero de momento venimos», manifiesta un estudiante de segundo de ADE y Derecho.

Un compañero se muestra mucho más contunden: «Estamos indignados, por culpa de las fiestas de unos nos podemos quedar sin prácticas y estudiar Derecho desde casa, todavía, pero cosas como contabilidad es necesario que nos las expliquen bien y que hagamos prácticas y hacerlas on-line es difícil».

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