Una de las mayores recomendaciones para prevenir los contagios de covid-19 es incidir en la ventilación de los espacios cerrados y aprovechar al máximo el aire libre, además del uso habitual de la mascarilla y del lavado de manos con regularidad. Por eso, y cumpliendo con las instrucciones de la Conselleria de Educación para 2020-21, los centros educativos dan clase con las ventanas y puertas abiertas, medida que se suma a la distancia interpersonal que guarda el alumnado que no está en un grupo «burbuja» (generalmente, a partir de 2º de Primaria).

No obstante, esta medida que no supondría ningún problema en verano, empieza a generar preocupación conforme avanza el otoño. Se trata de un asunto que los niños y niñas comentan en casa y que algunos consistorios, como el de Paiporta, ya han empezado a tratar con sus comunidades educativas, como ha publicado Levante-EMV esta semana. Asimismo, desde la federación de ampa Gonzalo Anaya, constatan que se trata de una «preocupación que han trasladado diferentes asociaciones de madres y padres», que temen que «vendrán los resfriados»; mientras que sindicatos como CSIF avisan de que «los centros no están preparados para el frío».

En algunos casos, los escolares se abrigan en clase y van «con varias capas de ropa», como recomienda un centro de València. En otros, como en un colegio de la Safor, el ampa vende chaquetas polares del centro, para que el alumnado las utilice en clase.

Hay que tener en cuenta que en la Comunitat Valenciana ya hay municipios que han bajado de los 10 grados a primera hora de la mañana. Sin ir más lejos, el jueves pasado las temperaturas mínimas de todo el territorio se registraron en Ademuz (9,9 grados) y Utiel (10,8 grados) y en ambos municipios justo a la hora de ir al colegio (8:40 y 9:00 horas, respectivamente). Además, en el caso de los institutos, el alumnado inicia las clases prácticamente de noche, sin tiempo de que el sol haya caldeado las aulas.

No obstante, ventilar es fundamental: permite disminuir la emisión y la exposición de los escolares a las partículas en suspensión, también llamadas aerosoles, susceptibles de contener virus, y que se acumulan en el aire.

Así ha sido la vuelta al cole en València

"Una problemática evidente"

Rubén Pacheco, presidente de Fampa-València, asegura que hay una «problemática evidente» por «dos factores imposibles de cuadrar: la ventilación para frenar el virus y el frío»; y adelanta que habrá un momento en el que sea «inviable mantener las ventanas abiertas», por lo que es «de absoluta necesidad» encontrar una solución satisfactoria.

En concreto, el plan de contingencia para la nueva normalidad en los centros educativos (de 31 de agosto), detalla que «se deben realizar tareas de ventilación de manera más frecuente en las aulas, y por espacios de al menos durante 10-15 minutos al inicio de la jornada, al finalizar, durante el recreo, y siempre que sea posible entre clases». Eso sí, apunta que «siempre que las condiciones meteorológicas y el edificio lo permitan» habría que «mantener las ventanas abiertas el mayor tiempo posible intentando no crear fuertes corrientes de aire».

A este texto, se suma la reciente Guía para ventilación en las aulas —publicada esta semana y realizada por el CSIC y la Asociación Mesura, de ámbito estatal y con la colaboración de la conselleria—, que dicta que aunque «el riesgo cero no existe, cuanto mejor sea la ventilación, menor será el riesgo de contagio».

El documento recomienda la ventilación natural (en concreto, la «cruzada», abriendo puertas y ventanas de lados opuestos ya que, de lo contrario, «en muy pocas ocasiones se consigue la ventilación suficiente»).

Si la ventilación natural no basta, el texto propone utilizar «equipos extractores o impulsores individuales con un caudal de aire adecuado»; o purificar el aire con equipos con filtros HEPA. «La solución final puede ser una combinación de opciones: por ejemplo, se puede combinar ventilación natural y purificación», se detalla, aunque aclara que no se recomiendan ni los ionizadores ni los aparatos de producción de ozono.

Así, ante las nuevas evidencias científicas, desde las ampas piden, por un lado, que se revisen y se adapten las instrucciones ya existentes (como la de agosto) y que la guía nueva no sea una recomendación, sino «un manual de uso obligatorio» para todos los centros por igual —«sin crear desigualdades ni un marco ambiguo»—, por lo que deben ponerse «los recursos para poder aplicarla al 100 %».

En este sentido, piden que el Gobierno haga una nueva «aportación extraordinaria a los gobiernos autonómicos, finalista, para implantar los mecanismos necesarios en las aulas» y garantizar así la ventilación, cuando no sea posible tener ventanas abiertas por las bajas temperaturas.

Por su parte, desde el sindicato CSIF también consideran necesario actualizar los protocolos y piden a la conselleria «que instale purificadores de aire y filtros de partículas de alta eficiencia en los centros».

La conselleria estudia casos puntuales



La Conselleria de Educación estudia «soluciones posibles a casos puntuales que presenten alguna carencia de ventilación natural». Hasta este momento, y con toda la prudencia, las fuentes de la conselleria aseguran que los protocolos «están funcionando y las comunidades educativas están aplicándolos de manera impecable», y recuerdan que, en todos los casos, se siguen «las indicaciones científicas y sanitarias». «Es por eso que, con la voluntad de adelantarnos y encontrar respuestas a hipotéticos escenarios, hemos colaborado con el CSIC en la realización del informe», en el que se pone «especial énfasis en la ventilación natural como elemento más eficaz». Según el departamento de Campanar, y como se puede leer en la guía, los dispositivos de renovación de aire se recomiendan «exclusivamente para los casos puntuales en los que pueda existir dificultad de ventilación», no de forma generalizada.