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Análisis

Una mirada perversa sobre el país plural

Creer en criterios asépticos sería lo suyo en un lugar serio ahora y hace cinco años

Una mirada perversa sobre el país plural

Una mirada perversa sobre el país plural

Isabel Díaz Ayuso está encendida. Que Madrid no sea la gran beneficiada en un reparto de fondos entre autonomías no es novedad. Ya ha pasado. Cualquiera entiende que tiene más ventajas y posibilidades de crecimiento que otras donde no está el corazón administrativo y económico del estado. Que suceda con unos huéspedes en Moncloa que no son del PP es la razón principal para que la presidenta madrileña (y otras comunidades del PP) presente carta de batalla al Ejecutivo. La situación evidencia que en estas disputas entre territorios prima el enfoque de partido. La represalia política es un agarradero resultón y fácil.

El esquema habitual es que si una comunidad sale bien parada es porque han triunfado los criterios técnicos. Si no, es la venganza del partido enemigo. Puede que en algún caso suceda, pero es perversa esa forma de mirar el Estado plural (segmentado y compartido) que se va fraguando en la medida que el espacio institucional de los territorios va creciendo.

En el caso valenciano, después de años de infrafinanciación (y lágrimas y reivindicaciones), la distribución del fondo europeo React señala la consolidación de un cambio de tendencia, que se inició con el reparto del fondo covid del Gobierno y con el proyecto de presupuestos del Estado de 2021, que por primera vez sitúa las inversiones en la Comunitat Valenciana casi al nivel de su peso poblacional (10 %). Debería ser para felicitarse porque las cosas van cambiando, sin mirar si gobiernan unos u otros. La gota malaya parece que empieza a dar resultados.

A la C. Valenciana le ha valido ahora, aseguran los responsables autonómicos, ser de las que más gasto covid ha certificado. Es la segunda después de Castilla-La Mancha en impacto del gasto socio-sanitario en relación a su PIB. Le ha valido eso, su peso poblacional y haber ajustado inversiones a los criterios que definió la UE. Los otros valores tenidos en cuenta han sido el impacto en la riqueza y el desempleo juvenil. Creer que unas variables asépticas y frías han funcionado sería lo suyo en un país serio y un tiempo normal, no como el actual, acorralado por la bronca y el populismo de consumo rápido. Debería ser lo suyo ahora, hace cinco años, cuando mandaba Mariano Rajoy, y dentro de cinco.

Una pregunta final: ¿cuánto hubiera tardado el PP valenciano en salir a poner el grito en el cielo si la C. Valenciana hubiera salido mal parada en el reparto? Lo mismo que tardaba la izquierda cuando en Moncloa estaba el PP, dirán algunos. Entonces, el reparto era casi siempre negativo. Ahora, no.

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