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Los temporales extremos complican la futura regeneración de la zona quemada en Bejís

Las primeras lluvias del otoño arrastran cenizas y semillas dejando el suelo sin nutrientes según el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo

Acumulación de sedimentos y cenizas en la superficie de bancales en la zona calcinada. CEAM

Las intensas precipitaciones caídas la semana pasada en la zona calcinada de Bejís complican la futura regeneración del monte. El episodio de lluvias, con más de 30 mm en pocos minutos, ha supuesto una importante movilización de las cenizas, con la consecuente pérdida de sus aportes en nutrientes. La redistribución de piñones reduce la cantidad de semillas disponibles y si los episodios extremos se repiten en un corto período de tiempo puede verse comprometida la recuperación forestal.

Poner en marcha las actuaciones necesarias para evitar la erosión del suelo “es una de las medidas más urgentes”, como señala José Antonio Alloza, coordinador del área de investigación forestal del CEAM. Aunque las consecuencias para la recuperación del pinar son difíciles de evaluar según el documento, a nadie se le escapa la recurrencia de incendios en el mismo enclave (dos en 1993 y un tercero en 2012). Desde 1953 la superficie repoblada dentro del perímetro pasto de las llamas asciende a 8.896 hectáreas, que supone un 12,6 % del total.

Cenizas arrastradas por la tromba de agua caída la semana pasada. CEAM

La tromba del día 22 de septiembre obligó a realizar, dos días después, una prospección de urgencia por los puntos más vulnerables del término municipal de Torás, especialmente por el entorno del Cerro de Agua Mala. El trabajo de campo del CEAM constata el “intenso y generalizado lavado de cenizas, con circulación de escorrentías por toda la red de drenaje y su vertido fuera del perímetro del incendio”. Situación favorecida por la escasa permeabilidad de los suelos del paraje, junto a la ausencia de vegetación, la elevada pendiente y la escasa presencia de bancales.

Los ecosistemas ya presentaban una degradación previa al incendio

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Otro de los peligros añadidos es la inestabilidad de muchos márgenes de las pistas forestales, donde el importante tamaño de algunos árboles puede incrementar el riesgo de caídas. Los temporales, inciden desde el CEAM, pueden favorecer los procesos de desmoronamiento en los taludes. La radiografía llevada a cabo por el equipo que dirige Alloza incide en “la perturbación” que ha supuesto el desastre originado por un rayo sobre ecosistemas que ya presentaban una degradación previa. De ahí la necesidad de seleccionar las intervenciones, remarca el doctor en ingeniería agrónoma por la Universitat Politècnica de València.

Entre las recomendaciones se destaca la estabilización del suelo y la mitigación de los daños aguas abajo. Como máxima prioridad señala una superficie de unas 40 hectáreas próximas a vías de comunicación donde intervenir ya para evitar daños personales y en infraestructuras. Para evitar la laminación de avenidas ahora en otoño se aconseja analizar la construcción de albarradas o hidrotecnias en la confluencia de los barrancos, también en el entorno de La Cueva Negra, en Viver, donde se concentran la mayor parte de los caudales. Unas 14.000 hectáreas quemadas vierten en este punto.


Seis microrreservas afectadas por las llamas

De las 19.150 hectáreas pasto de las llamas, 9.314 corresponden a Lugares de Importancia Comunitaria-Red Natura 2000 y seis microreservas. Entre los hábitats presenes, destacan los bosques de Quercus Ilex, los endémicos de Juniperus spp, los pinares negros, los brezales alpinos y boreales, los brezales oromediterráneos con aliaga, los robledales ibéricos o los bosques de tejo. El estado de conservación de alguno de ellos ya era antes del incendio, desfavorable-inadecuado. Dentro del perímetro quemado se han visto afectadas 846 hectáreas de Parajes Municipales.

En cuanto a la propiedad del suelo, el incendio ha afectado a 9.476 hectáreas gestionadas por la administración, lo que representa el 54 % de la superficie forestal según la Dirección General de Prevención de Incendios. Se trata de una zona con una alta probabilidad de ignición por rayos. Del total de los 55 fuegos registrados dentro del actual perímetro, la mayoría considerados conatos, el 42 % también han sido originados por relámpagos.

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